El referéndum escocés y sus consecuencias en España

Finalmente Escocia decidió permanecer en el Reino Unido tras la victoria del No en el referéndum por la independencia celebrado el pasado 18 de septiembre. Un 55,3 % de los electores optaron por la permanencia mientras que el 44,7 % votó a favor de la separación, en una jornada sin incidentes y con una participación que superó el 84 %. En este combate se debatirá sobre el referéndum escocés y sus posibles repercusiones en otros territorios.

Tras el referéndum por la independencia de Escocia otros territorios esperan su turno

Tras el referéndum por la independencia de Escocia otros territorios esperan su turno


El nacionalismo no construye sociedad

Miguel Ángel Malavia

Confieso que soy víctima del casticismo español. “Me duele España” y no quiero verla cercenada. Pero aclaro: no soy un patriotero. Mi concepto superior a todos es el de construir sociedad. En mi España entran todos los que lo quieran, estando la fraternidad por encima de cualquier frontera. Así, si critico a Europa por el colonialismo que ayer y hoy ha arrasado África, ¿cómo no voy a criticar el nacionalismo?

Este, de por sí egoísta, nos empequeñece e impide mirar más allá con afán de aprender. De eso sabemos mucho aquí, con los aldeanos nacionalismos periféricos y el ciego nacionalismo centralizador. Porque España, por mucho que nos empeñemos, no es sino un proyecto inconcluso. Siempre iracundos y cainitas, carlistones contra progresaurios. “Los hunos y los hotros”, que diría Unamuno.

¿Por qué me preocupan los procesos independentistas que bullen en Euskadi y Cataluña? Porque dividirán mucho más a la sociedad que habita en estas tierras, en todas. ¿Qué pasaría al día siguiente de esa independencia? ¿Seríamos buenos vecinos o imperaría un odio sordo? Ojo, la dictadura de la geografía será eterna; podremos separarnos, pero siempre estaremos unidos.

Escocia nos ha dado una lección con su referéndum. No solo, como dicen los nacionalistas periféricos, “porque al menos han votado”. ¿Por qué no analizamos las causas del “no”, cuando se trata de una nación con muchas más razones históricas y presentes para haber emprendido su camino en solitario? Escocia fue independiente durante siglos y mantuvo una relación marcada por la guerra con Inglaterra. Nada de eso (olviden las fábulas) ha ocurrido jamás con Euskadi ni Cataluña. Y, si hablamos del presente, ¿por qué no recalcar que Escocia cuenta con menos competencias transferidas que ambas?

Esa es la clave: ¿nos vamos a dejar llevar, como siempre ocurre en los momentos de crisis (echen un vistazo a la Historia), por los brujos politicastros que ofrecen soluciones mágicas basadas en el victimismo más ramplón? ¿Nos vamos a meter en un proceso de división que nos va a resquebrajar, no ya a nivel de fronteras, sino en lo social? Perdonen mis reservas: juntos tendremos más oportunidades de vivir mejor. Apostemos por construir sociedad.

España irrespirable

Tomás J. López

El principal problema territorial que tiene el Estado español no se llama Cataluña, ni Euskadi, ni es que ninguno de los pueblos que lo conforman decidan algún día cambiar su estatus político. El principal problema territorial español se llama españolismo. ¿A cuántos soberanistas canarios les hiere que los catalanes hablen preferentemente en la escuela su idioma autóctono? ¿Cuántos vascos se jalaron de los pelos porque el pueblo catalán votase mayoritariamente que se le reconociera como “nación” en el último Estatut, al que luego dejaron en nada? Y a la inversas, ¿cuántos soberanistas catalanes creen que corresponde a ellos decidir si deben o no hacerse prospecciones en las costas canarias, por ejemplo?

No, el problema no somos nosotros. El principal problema territorial del Estado español son quienes creen que su ámbito lo ocupa todo, a pesar de la diversidad. Que su opinión es vinculante del Ferrol a Gibraltar, para luego pegar un salto de 1.000 kilómetros hasta llegar a estas islas norteafricanas desde donde escribo. Hace poco más de un siglo, creían que su opinión debía prevalecer en La Habana, y hace dos, en Lima. La esencia de ese españolismo es imperialista.

Ahí está la diferencia fundamental con lo sucedido en el Reino Unido, que se reconoce como una unidad de naciones que conviven. España es también una unidad de naciones, pero una niega al resto, y lo hace en nombre de España.

Cuando se convive hay que dejar puertas abiertas. Para salir cuando democráticamente se elija. Pero también porque abriendo puertas se oxigena. Es muy probable que, con aire, los pueblos opten por no aventurarse y quedarse dentro, como hizo Escocia, o antes Quebec. Pero cuando la imposición es la norma de convivencia, cuando votar es ilegal, le dan a uno ganas de escapar por la ventana. Es esa esencia asfixiante del españolismo, y no otra cosa, lo que dará al traste con su proyecto territorial.

Cambiar la bandera para que nada cambie

Javier Moya G.

Hubo un referéndum por la independencia en Escocia y ganó el No. Al día siguiente volvió a salir el sol, los grandes ejecutivos del Royal Bank of Scotland regresaron a sus despachos y en las oficinas del paro de Glasgow los afectados por la crisis hacían cola otra vez. Intuyo que si el resultado del referéndum hubiese sido favorable al Sí, el astro rey, los yupis de Edimburgo y quienes pagan los excesos del capitalismo habrían hecho exactamente lo mismo que en días anteriores.

Porque dentro o fuera del Reino Unido en Escocia habrían seguido mandando las mismas élites y los mismos poderes financieros que tutelan la política europea. Esos a los que no sé si por pudor o por aquello de que es de mala educación señalar con el dedo llamamos “los mercados”. Aunque personalmente soy muy escéptico y creo que hace falta mucho más que un cambio de bandera para conseguir un país mejor, gran parte del voto independentista se debió precisamente a un hartazgo con la vieja oligarquía británica del Eton College.

No es casual que todos los sondeos pronosticaran una victoria amplia del Sí en la franja de edad entre los 25 y los 34. Ni tampoco que los independentistas hayan ganado en Glasgow, la ciudad que más sufrió las políticas neoliberales de Thatcher. Me consta que una gran parte del voto independentista en Cataluña tiene mucho de oposición al modelo neoliberal y a la corrupción auspiciada por el tándem CiU-PSOE-PP. Pero creer que Alex Salmond o Artur Mas están por un reparto equitativo de la riqueza me parece una ingenuidad.

Me pareció bastante correcto el comportamiento de Cameron permitiendo el referéndum con toda naturalidad y sin chuscas amenazas ni fanfarronadas. Ha hablado claro: la independencia tiene unas consecuencias; el voto por lo tanto conlleva una responsabilidad. La jugada política le salió bien aunque por lo visto creó inquietud en la UE, muy acostumbrada últimamente a ponerse nerviosa cuando se expresa la soberanía popular en su territorio. Lógico.

La fiesta

Guillermo Llona

No recuerdas cuándo llegaste. De hecho, tienes la sensación de que llevas allí desde siempre. Tu vecino del tercero A ha invitado a toda la escalera. Tipos y tipas de lo más variopinto, ataviados con ridículos gorros en forma de cucurucho, bailan Aire de fiesta, de Karina. Puede que te lo hayas pasado bien, pero ahora te aburres un poco y tienes ganas de dormir, así que anuncias que vas a hacer mutis por el foro.

Entonces, cambian las caras. Todos dejan de bailar, e inmóviles, callados, te escrutan con sus miradas. La música prosigue: “¡Los chicos y chicas, radiantes de felicidad!”. El anfitrión se acerca, y te explica que todos se lo estaban pasando muy bien hasta que decidiste irte y que, dado que tu marcha les pondrá muy tristes, sólo se te permitirá partir con el consentimiento del resto del personal. Karina insiste: “¡Con alegría, cogidos del brazo!”. Hasta que uno de los inquisidores apaga de un manotazo la minicadena, crea el silencio absoluto y, bajito pero de forma perfectamente audible, advierte: “De aquí no sale ni Dios”. Y una gota de sudor frío desciende tu nuca.

En algo así se está transformando España. Un proyecto que acaso mereció la pena, pero al que cada vez le encuentro más parecido con una cárcel. La España del “consenso”, la España “plural” de la que sólo se puede salir a lo bonzo.

En Escocia todos han ganado, porque todos han podido elegir su futuro. Pero aquello es otra cosa, y donde no hay mata no hay patata. Aquí en seguida te dejan claro que no vas a abandonar la fiesta si no lo vota toda la escalera. Lo dice la Constitución. Y nunca falta el experto en política ficción que, con guasa, te pregunta si crees que los vecinos de Villanueva del Pardillo tienen derecho a decidir si quieren ser un Estado. Podrías contestar que ni han expresado nunca su deseo de ser consultados al respecto ni forman un pueblo con una cultura diferente de la que les rodea. Pero estás cansado, así que miras de reojo a la ventana del concurrido salón y decides que es la mejor opción. Es un tercero y, con un poco de suerte, sólo te partirás las piernas.

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10 pensamientos en “El referéndum escocés y sus consecuencias en España

  1. Para ir cerrando mi aportación, solo dejaré tres breves reflexiones, muy esenciales y sencillas sobre lo que pienso:

    – Me preocupan los debates territoriales, pero ya no como antes. De las fronteras, ahora y ante todo, me importa cómo pueden perjudicar a los ciudadanos más excluidos: personas más empobrecidas y de regiones menos desarrolladas, que notarían en su bolsillo un cambio de estructuras; inmigrantes sin derechos…

    – Cada vez me importan menos estos conceptos: nación, patria, derechos históricos. Y mucho, muchísimo más, estos: fraternidad, igualdad, derechos ciudadanos extendidos. Para todos.

    – Lo tengo claro, por lo que pasa aquí y en otros lados, ayer y hoy. El mayor enemigo para la extensión de la fraternidad en una sociedad son los egoístas nacionalismos. Todos, los periféricos y los centralistas.

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  2. Camarada Javi, las banderas pueden unir o desunir, pero a buen seguro pueden dejar los bolsillos vacíos. Tengamos clara una cosa evidente: si queremos que los pueblos que viven en lo que conocemos como Estado español sean más prósperos y tengan más opciones reales de tener una mayor justicia social, necesitamos a Cataluña y País Vasco. Hemos invertido en ellos un caudal inmenso durante siglos: humanamente, ideológicamente, económicamente, en infraestructuras… ¿Que pesó más en su día, fomentar la metalurgia en Euskadi y la industria textil en Cataluña o cualquier otra actividad en cualquier otro territorio? Fue un buen trabajo en equipo, como reivindico: invertimos más (todos, desde el Estado) donde más rédito se podía extraer. Si nos dejan ahora catalanes y vascos, no reclamo ya tanto que ajustemos la factura y analicemos quién salió ganando; pero sí, al menos, obtener un mínimo reconocimiento de esta realidad. Que pongamos la cama, pero que al menos nos den cariño…

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    • Te respondo aquí a tus dos últimos comentarios, compañero. Me gusta mucho comparar el tema Cataluña-España con un matrimonio. Son cosas que pasan: el amor se acaba, el entendimiento se enfría y las cosas se terminan. En ese caso ¿forzamos una convivencia que sólo envenena el día a día de las dos partes? Habrá que sentarse y saber qué quiere cada uno y si se decide dividir los caminos, adiós, que te vaya bien y quizá eso sea lo mejor para las dos partes.

      Respecto a lo segundo, estoy muy harto de patriotas de pacotilla que llevan polos con su bandera y luego saquean sin pudor o venden “su” patria a bancos y fondos extranjeros. O yéndonos un poco más lejos, de patriotas que desangran a su país e implantan un régimen de terror “por su bien”. Yo no he invertido nada en nadie, me imagino que en esos territorios habrán contribuido con sus impuestos como lo hemos hecho todos. Si me hablas de bolsillos llenos y vacíos igual hay que dejar de lado temas nacionales. Porque que yo sepa, esa ejemplar industria textil catalana se desarrolló en buena parte empleando a niños por salarios miserables en las fábricas y dejando la esperanza de vida de un obrero catalán en 19 años. Tres cuartos de lo mismo con la industria vasca y los obreros castellanos que en ella se dejaban la vida. La burguesía catalana (como la española, la vasca, la canaria y la bielorrusa) sólo tiene una patria: el dinero. Durán i Lleida no critica a los jornaleros andaluces que cobran el PER porque sea nacionalista; lo hace porque es un señorito.

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  3. Por cierto, os propongo otra historia. Es una casa compartida por una familia, no una fiesta en una comunidad de vecinos. De hecho, a lo largo de muchos años de convivencia, han sido más las penas que las alegrías. Ha habido que trabajar mucho y superar muchos baches. También rencillas. Se han sorteado con la ayuda de todos, padres y hermanos. De pronto, un hermano se quiere ir por las bravas, dejando un agujero económico al resto y justo cuando el banco aprieta las tuercas. Piede que se le dé “lo suyo” y avisa de que le han hecho vivir en una “cárcel”. Y es cierto que lo suyo es mucho, pues es de los más listos y sus padres han invertido mucho más en él que en los otros. Lo que en su día era un “buen equipo”, ahora se tiene que romper por la fuerza. “Si esa es tu voluntad, al final así será”, le dicen los padres. A la vez que añaden, doloridos: “Pero al menos no quieras que nos deje indiferente tu marcha. Te echaremos de menos… y nos dejas en pelotas. Tampoco es que queramos que nos devuelvas el dinero, los sentimientos ni las energías depositadas en ti. Pero al menos danos las gracias y reconoce que todos nos sacrificamos. Tú llegaste a mucho, en gran parte, por nosotros. Nosotros sí te estamos agradecidos. Hasta siempre, hijo”.

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  4. Camarada Llona, hablaba en primer lugar de que el Cupo tiene “hondas raíces históricas”. Y, por supuesto, en el pacto constitucional, se ratificó y se incluyó dentro de nuestro ordenamiento jurídico… Igualmente que se podía no haber hecho así, por cierto. Pero se negoció y entre todos los representantes políticos se vio como una buena solución. ¿Cómo? Cediendo todos una parte. Yo reivindico esa actitud para hoy: solidaridad, igualdad y fraternidad frente al egoísmo. Esto se ve muy claro en el caso catalán. ¿Cuándo ha rebrotado con fuerza el independentismo? En tiempos de crisis, como toda ideología de ruptura. ¿Cómo? Azuzado por élites que dejan el discurso facilón de que “España nos roba”… Y no se les cae la cara de vergüenza, pues la CiU de Artur Mas es la CiU de Jordi Pujol, un partido identificado con un “régimen” por su dominio electoral casi incuestionable. Como en Andalucía, Valencia o Galicia, un mismo partido en el poder durante décadas solo genera, al final, caciquismo. Pues bien, esos caciques huyen hoy hacia delante y buscan un chivo expiatorio que exculpe sus pecados… Que se acabarán conociendo, y no solo al 3 o al 5%…

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  5. Vaya por delante que este tema me interesa más bien poco, los mismos perros envueltos en distintas banderas, de todos modos, desde la distancia resulta más que incomprensible la cerrazón del Gobierno central a afrontar de cara el problema y dejar que la gente vote y opine. La nación es algo que sirve para bien poco, me da igual que nación, cada uno tiene una prefe: la vasca, la española, la catalana, todas igual de inútiles. En todo caso ese no es el punto: si en un territorio, nación o región se ha enquistado un problema evidente con el 80% de la población tendrás que dejar a un lado formalismos jurídicos y dejar que la gente vote. La CE 1978 no son los 10 mandamientos.

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    • Veo que Borja va más o menos en mi línea.Yo no quitaría importancia al factor nacional como actor transformador de la historia y ahí le voy a dar la razón a Malavia: cuando un pueblo quiere una cosa lo acaba consiguiendo. Pero es cierto que las banderas han servido durante demasiado tiempo para esconder otras cosas que para mí son mucho más importantes.

      Yendo a los casos concretos de dentro de España (o Estado español) tampoco puedo comprender el pánico generalizado a que estos pueblos se expresen libremente. El debate debe ser profundo pero la única manera de saber cuál es su voluntad es dejando que se exprese en las urnas. No es síntoma de salud democrática llevar 36 años con la misma constitución sin tocar una coma, salvo para garantizar el pago de la deuda por encima del pago de las pensiones, la sanidad o la educación. Para esas cosas no es tan sagrada.

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  6. Bueno, señores, más allá de nuestros artículos, habrá que concretar el combate, ¿no? Levanto mis puños y pregunto al camarada Llona: si la Constitución está caducada y el régimen del 78 amortizado, ¿qué hacemos con el Cupo Vasco? Porque, ¿qué asegura la vigencia del Cupo sino el pacto constitucional, más allá de que este tenga hondas raíces históricas? Y eso por citar un ejemplo: en una fiesta es uno el que decide al menos si quiere quedarse o irse… Le dejen o no. Pero, ¿qué hacemos cuando hablamos de millones de ciudadanos, en Euskadi y en el resto de España? Admitamos que, como mínimo, el debate debería ser profundo e implicar a toda la sociedad, aunque luego lo votaran solo los vascos. Y es que, si somos realistas, sabemos que, a la larga, si la gran mayoría de un pueblo quiere una cosa, lo acaba consiguiendo.

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    • Malavia, no engañes. La disposición adicional primera de la Constitución del 78 «ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales». Derechos de guipuzcoanos, vizcaínos, alaveses y navarros que, por lo tanto, son previos a la Carta Magna. No nacieron con ella ni de ella. De hecho, el Concierto Económico vasco tiene su origen en el siglo XIX. Con el “cupo” los vascos pagamos las competencias que España sigue gestionando en nuestra comunidad (Defensa, Justicia, instituciones penitenciarias, representación en el Exterior, puertos y aeropuertos…), pero te aseguro que preferiríamos no tener que pagarlo. Si a los súbditos del Rey les molesta oír hablar del “cupo”, que traspasen esas competencias a Euskadi y polémica solucionada.

      En efecto, Malavia, tienes razón, la Historia demuestra que el que la sigue la consigue. Y con las fuerzas que nos está dando esa mayoría de españoles -muy bien representada por PP, PSOE y UPyD- a la que le importa un pimiento la voluntad de la inmensa mayoría de catalanes y vascos, los soberanistas conseguiremos dentro de muy poco que se nos escuche. Y se nos respete.

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      • Y sí, “el debate debería ser profundo e implicar a toda la sociedad, aunque luego lo votaran solo los vascos”. Nada que objetar. Primero hablan todos: murcianos, extremeños, el vecino del Tercero A… Y luego, sobre el futuro de nuestra tierra votamos los vascos.

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