El fenómeno Excalibur protagoniza la crisis del ébola

Excalibur, el perro de la auxiliar de enfermería contagiada por ébola Teresa Romero, se ha convertido en inesperado protagonista de la semana en España. Desde que el lunes por la noche se anunció que sería sacrificado porque podía representar un riesgo sanitario, las redes sociales se incendiaron haciendo de #SalvemosaExcalibur TT mundial durante dos días. Incluso, un grupo de personas se congregó frente al domicilio de Romero en Alcorcón para proteger a la mascota. Finalmente, el miércoles Excalibur fue sacrificado entre gritos de “asesinos” contra los miembros del laboratorio de Seguridad Biológica de la Complutense, los encargados de dar muerte al animal. Esta semana nos ponemos los guantes para intentar explicar qué puede hacer que un perro se convierta en protagonista de una crisis como la del ébola.

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Como a un hijo

Guillermo Llona

El catedrático de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid y creador del primer laboratorio de alta seguridad biológica en nuestro país, José Manuel Sánchez Vizcaíno, aclaró mis dudas: era necesario sacrificar a Excalibur. “Lo ideal habría sido trasladarlo en condiciones de bioseguridad, ponerlo en observación y esperar 21 días, pero no tenemos instalaciones apropiadas en España”, sentenció. En cualquier caso, el ébola no es lo que más deberíamos temer. Esta crisis sanitaria ha desvelado otra enfermedad mucho más grave, un peligro bien representado por los energúmenos que intentaron impedir el traslado del perro y llamaron “asesinos” a quienes tuvieron que darle muerte.

Hay quienes se han puesto estupendos en las redes sociales y han clamado, indignadísimos, contra quienes denunciamos que les pongan más los cánidos que las personas. Aunque me gustan los animales en libertad o en mi plato, y no como mascotas de nadie, entiendo que cada uno remiende carencias como quiera, pero cuando oigo frases como “mi perro es uno más en mi familia” o “lo quiero como a un hijo”, echo a temblar. Oiga, pues espero que no tenga hijos y que de usted no dependa la vida de ninguno ajeno.

Son minoría, pero sus ideas son peligrosas. Conozco alguna esperanzadora excepción, pero en muchos casos no me consta que, ni en las redes sociales ni en ningún otro contexto, soliesen dar muestras de preocupación por ningún asunto verdaderamente importante. Nada, sólo Excalibur ha logrado revolucionarlos. De hecho, temo que ni siquiera sepan situar Liberia o Sierra Leona en un mapamundi. Y ahí está la madre del cordero: hemos creado una sociedad de idiotas que viven posando y a los que sólo les mueve lo que triunfa en Internet o en la telebasura.

Con todo, el toque de fino y afilado humor vino de la mano de Arturo Pérez-Reverte. “Propongo poner el perro en observación y sacrificar a la ministra Mato”, tuiteó. A mí me hizo reír, pero ojo don Arturo, que hay coeficientes intelectuales de lechuga que no cogen las ironías.

Una reacción exagerada

Javier Moya G.

La que ha liado el pobre Excalibur sin saberlo. Y la que le han liado a él, esa ha sido mucho peor. Ha pasado casi una semana desde que fue sacrificado y yo todavía no sé si su muerte fue en vano o no; si se perdió una oportunidad de oro para investigar el ébola o no; si era un verdadero riesgo sanitario o no. Eso y nada más (nada menos) es lo que, a mi parecer, establecía la necesidad o no de sacrificarle. A Excalibur, el pobre, ya poco le importará, pero en los cursos de comunicación política esta crisis debería de ser el ejemplo de cómo un gobierno no debe gestionar la información en estos casos. Pero otro día hablaremos del gobierno.

Hemos visto reacciones desmesuradas en el caso del pobre Excalibur. Exageradas incluso para España. Las escenas enfrente del domicilio de Teresa Romero y la temperatura que este asunto ha tomado en las redes sociales habrían sorprendido al mismo Luis Berlanga. Tratar de comprender esas muestras espontáneas de cabreo y malestar me parece misión imposible. Los sociólogos admiten que si por algo se caracteriza la masa es por su irracionalidad y su contagio emocional. Esto último creo que ha jugado un papel vital en la campaña para salvar la vida del pobre Excalibur.

Contagio emocional y una certeza. Quienes toman las decisiones en este país llevan demasiado tiempo culpando al más débil de todo lo que pasa y en este caso, el más débil fue el pobre Excalibur. Por eso, creo que quienes participaron en la campaña para salvar su vida, lo hicieron convencidos de que estaban luchando contra una gran injusticia. Yo no lo entiendo así, pero es la única explicación que se me ocurre. Tampoco entiendo ese argumento simplón de que si pones el grito en el cielo por el sacrificio de un perro es porque no te interesa la vida de las personas. Como si expresar tu indignación delante de un teclado salvara vidas de animales o acabara con las guerras. Pobre Excalibur y pobre África.

El perro como síntoma

Miguel Ángel Malavia

En Monrovia, capital de Liberia, los muertos por ébola se cuentan por centenares. Los heridos, en muchos casos, están tirados por el suelo. Incluso hay un centro salesiano en donde se protege a varias decenas de niños acusados de ser “brujos”. Muchos vecinos los quieren linchar. ¿Su pecado? Vivir en hogares en los que, muertos todos sus familiares, ellos han sido los únicos en sobrevivir.

Pese a este brutal panorama, Roberto Lorenzo, coordinador de Proyectos de Juan Ciudad ONGD, institución ligada a la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, lleva desde finales de agosto en Monrovia tratando de reabrir el hospital de la congregación que, desbordado por el ébola, fue clausurado (como el resto) por el Gobierno. Se está jugando la vida, pero, acompañado por otros dos misioneros, no ceja en el empeño. Y son conscientes del peligro: de los quince miembros del personal del centro que resultaron contagiados, murieron nueve. Entre ellos, Miguel Pajares, el religioso español que, tras décadas en África, acabó siendo repatriado para morir en Madrid.

Días atrás, aquí fue cuando estalló realmente la alarma por el ébola. Todos nos solidarizamos con la enfermera Teresa Romero, la primera infectada registrada fuera de Europa. Pero muchos también lo hicieron con su perro, sacrificado ante el temor de que portara el virus. Y lo hicieron desbordando todos los límites imaginables: se recaudaron 250.000 firmas en apenas unas horas para salvarlo y hubo una manifestación que se encaró con la policía, al grito de “asesinos”. En el tumulto, un chico se abrió una brecha en la cabeza. Mientras los dispositivos de limpieza lavaban la acera, alguien gritó: “No toquéis la sangre del pueblo”.

Casi vomité. Lo siento, pero los más de 4.000 muertos y 8.000 infectados que el ébola ha causado desde enero en África Occidental y las situaciones que allí se dan me estremecen más que un perro. Este me da pena, de verdad; pero el horror que su sacrificio ha causado en tantos, que no han iniciado ninguna campaña por lo que se vive en África, me hace chocar con un síntoma: estamos enfermos.

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10 pensamientos en “El fenómeno Excalibur protagoniza la crisis del ébola

  1. ¿Por qué cada vez que se comete un acto de barbarie contra los animales se busca la excusa en los niños pobres de África con la cara llena de moscas?

    Además, en muchos casos en África es tan sencillo como devolver las tierras a comunidades que son sus legítimas propietarias desde tiempos ancestrales, y en otros casos una simple ley de sucesiones que obligue a pagar como impuestos una parte pequeña de esas tierras ayudaría también mucho, puesto que evitaría la acumulación de la riqueza en pocas manos. Pero cuando la gente vota a partidos que defienden cosas así, saltan con que si eres populista, chavista, comunista y “alpinista”.

    Pues nada, da la sensación de que quieren que en África sigan siendo pobres para así tener la excusa para que no protestemos, salvo por África, que ahí si se puede protestar, pero no actuar votando a partidos que fomenten un reparto más justo de la tierra.

    Yo por mi parte votaré para que en África dejen de ser pobres y para que Visavet y todo ese entramado de instituciones de dudosa utilidad desaparezca.

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  2. Aunque no puedo, creo que esta vez mi voto se lo daré, por afinidad , a Yaiza.
    Me proclamo abiertamente una de esas indignadas por Excalibur, sí. Me encantan los animales. Si por mi fuera, tendría 30, de todo tipo. Pero me conformo con dos. No son COMO mi familia. Son mi familia. A ellxs les tengo más consideración que a muchas personas y lxs priorizo por delante incluso de mí misma, en muchas ocasiones. ¿Suena inmoral? Puede ser. El caso es que es mi opinión y mi acción. Y como vivimos en un mundo democrático, pues eso. Así que, a estas alturas, podéis entender que el pellejo del dueño de Excalibur me queda como un guante. No me preocupa (en exceso) el pobre Excalibur, que no tenía ni voz ni voto en todo esto porque sólo era un perrete sin sentimientos (nótese la correcta comprensión y manejo de la ironía, a pesar de ser una exaltada pro-Excalibur). Me preocupa la desolación y la impotencia de un dueño que ve cómo pasan las cosas ante su mirada sin poder hacer nada. Me da una tremenda rabia porque siento ese dolor y esa impotencia. Y puedo entender que muchas de las personas que han manifestado su indignación públicamente también lo sientan. Puede que porque tengan animales a los que adoren. Puede que por dejarse llevar por la corriente. Puede tantas cosas… pero lo cierto es que, personalmente no me veo erigiendo el mazo del enjuiciamiento por el que encasillo a todas las personas que se mueven por perrete como estúpidas. ¿Y si les hace saltar que les han quitado de la parrilla Gran Hermano, qué? ¿Quién soy yo para decirle a alguien por qué es digno que se mueva o no? ¿Por lo que deben inquietarse?¿Acaso sé yo algo de esas personas? ¿de su situación actual? ¿de sus miedos? Mientras se muevan… Lo importante es que se muevan.
    No necesito ser vegana para defender los derechos de los animales, al igual que no soy prostituta para defender sus derechos, ni negra, ni en fin, cualquier cosa que se os ocurra. A veces la vida tiene esas dulces contradicciones: animalista carnívorx, anticapitalista consumidorx compulsivx de cualquier cadena, homosexual del PP, cura pedófilo…
    Ojo, y me considero igual una persona que se preocupa por los pobres niñxs en áfrica (hasta sé dónde se encuentra Sierra Leona o Liberia… qué maravilla…). Incluso, si me apuras, hasta a veces visito esos lugares de esa pobrecita gente aunque sólo sea por pena. Luego, aquí, de vez en cuando también me manifiesto, de todo un poco, para no aburrirme (hasta por el Toro de la Vega o las corridas de toros en general). Es cierto que a las manis en pro de los derechos de los animales no suele haber mucha gente. Es que ese sigue siendo un tema tabú, de creencias arraigadas y que queman muchas conciencias.
    Como ya he dicho al principio , me siento más afín a lo que Yaiza escribe, así que no voy a repetir sus argumentos. No es que la gente se manifieste por nimiedades (que a mi no me lo parece, repito) como la ejecución de un animal. Lo preocupante es que haya personas que no permitan que la gente se indigne, sea con lo que sea, como si el hecho de indignarse por una causa, elimine o invalide automáticamente el resto de indignaciones para esa persona. Pues no queridxs. Podemos indignarnos por hasta más de 2 cosas a la vez. Qué complejamente maravillosa es la humanidad.

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  3. Creo que la labor de un periodista (y de los ciudadanos en general) debería ser mezclar asuntos, entrelazarlos, para llegar a conocer los máximos detalles posibles y evitar documentar evidencias o construir parches en torno a una situación. Nos guste o no, no existe la objetividad ni la realidad es solo una.

    La situación que se ha producido en España con el tema de Excalibur me parece preocupante por muchas razones y, tal y como yo lo veo, la primera no es el hecho de que lo hayan sacrificado sino todo lo que se produjo hasta el día en que se tomó esa decisión. Y todo lo que se sigue produciendo: personal médico que se siente desamparado, dirigentes políticos que toman decisiones irresponsables, la ausencia de recursos para hacer frente al Ébola en África, la marginación de cientos de personas por miedo a que puedan estar infectadas…

    También me preocupa que muchas plataformas de medios de comunicación se hayan acabado convirtiendo en plazas donde se condena a las personas sin preguntarse nada antes. Y me pregunto qué pasaría si las utilizásemos para analizar en profundidad las situaciones y para buscar formas efectivas de evitar que las injusticias (véase también la ambigüedad de lo que es justo y lo que no lo es) se vuelvan a cometer, se cometan donde vivamos o en cualquier otro lugar. Si nuestros comentarios pasaran el límite del impulso, del arrastre casi inevitable que produce la masa (aunque a veces es verdad que sea inevitable sentir la necesidad de moverse rápido), quizás se responsabilizaría a los que realmente son los causantes de las injusticias que nos revuelven por dentro.

    En mi opinión la cuestión no es que la gente haya manifestado su indignación ante el asesinato del perro, sino que la lucha se quede en la superficie y que nos sigan aturdiendo hasta que volvamos a olvidarnos de todo y de todos los que no tengan que ver con nosotros.

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  4. Si las protestas las haceis con la misma falta de tolerancia que el comentario y con descalificaciones, ni entiendo vuestra postura ni me voy a molestar en entenderla nunca

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  5. Parto de una base: sé que los que se manifestaron con tanta energía por el perro lo hicieron de buena fe. Pero que se entienda esto: si 400.000 personas firmaron en solo un par de días para que no se sacrificara el perro, mientras que, en meses, no ha habido una campaña similar para forzar a nuestros Gobiernos a que combatan con todos los medios el ébola en África… Esto refleja un despelote propio de una sociedad egoísta. Y más cuando ya van 4.000 muertos y 8.000 contagiados. ¿Dónde? Pues en África, dónde va a ser. Lo siento, el síntoma es clarísimo: nos mueve ante todo lo que está aquí… Y lo demás, a una mayoría abrumadora, le es indiferente. Pues bien, yo reivindico que somos humanos y que me importan un huevo las fronteras cuando hablamos de cuestiones así.

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  6. MIERDA!, esa es mi opinión. MIERDA de ministra, una funcionaria de partido que está en Sanidad, lo mismo que podría estar en Interior, Trabajo, dirigiendo la Guardia Civil o asignada con rango de Directora General a controlar y gestionar el tracto intestinal y las deposiciones del Presidente del Gobierno. MIERDA para los animalistas que en su infinita estulticia salen a la calle disfrazando a sus pobres perros con camisetas en las que se puede leer “todos somos Excalibur”. MIERDA para el Consejero de Sanidad de Madrid que trata de criminalizar a la enfermera para que creamos que lo tiene merecido porque algo habrá hecho. MIERDA para los manifestantes que consideran un asesinato el triste final del perro de la enfermera. MIERDA de sociedad enferma y decadente que hemos construido entre todos.

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  7. “Tratar de comprender esas muestras espontáneas de cabreo y malestar me parece misión imposible.”
    Pues porque no lo comprendes, imbécil, precisamente porque no lo comprendes es por lo que protestamos.

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