Fútbol: deporte, negocio y poder

El pasado 27 de octubre la LFP entregó sus premios a los mejores de la temporada 2013-2014. Unos premios dominados por jugadores de Real Madrid, tercero en la clasificación. El Atlético de Madrid, campeón, se tuvo que conformar con un solo premio y su afición ha puesto el grito en el cielo. Algo similar ocurrió en el Mundial de Brasil cuando Leo Messi fue galardonado como mejor jugador del torneo, pese a que su nivel fue bastante discreto. Una polémica que se unía a la designación de Qatar como sede de la Copa del Mundo en 2022 con acusaciones de sobornos y vulneración de Derechos Humanos de por medio. Hoy nos subimos a la lona para intercambiar golpes sobre cómo los intereses deportivos quedan relegados por los intereses económicos.

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Odio eterno al fútbol moderno

Javier Moya G.

Aviso: la primera parte de este artículo la he escrito con la bufanda del Atleti puesta. Para la segunda, me la quité.

¿Qué se puede esperar de un país que nos ha enseñado desde pequeñitos a elegir entre dos opciones? Cola-cao o Nesquik. Empiezas a tomar café con azúcar o con sacarina. Y cumples los 18 y te toca decidir: PSOE o PP. En el fútbol para qué hablar. Dos multinacionales de la venta de camisetas y el resto comparsas. Y a quien no se conforme con su papel de comparsa, ya se le recordará que ni sueñe con hacer sombra a los dos transatlánticos. Por eso, quien entienda algo de fútbol sabe que lo que hizo la temporada pasada el Atleti del Cholo fue una gesta. Y nada más.

Pero claro, una cosa es que un tercero ose ganar una liga de dos y otra que le reconozcan el mérito. Esto es España, por Dios. Por eso, el paripé de los premio de la LFP no fue más que otra muestra de desprecio a 18 aficiones, especialmente sangrante a la del campeón. Un desprecio oficial; sobre el mediático no hay más que sintonizar cualquier programa de “deportes” donde el peinado de unos merece más tiempo que las victorias de otros.

Seguro que otros equipos tendrán más razones para quejarse, como también es seguro que el capitalismo llegó hace algunos años al fútbol para ponerlo patas arriba. Ya no importa quien es el mejor, sí quien tiene los mejores contratos publicitarios. El espectáculo se sacrifica en nombre del negocio y el juego en nombre de la rentabilidad. Y así, el entretenimiento por antonomasia de la clase obrera ha acabado convertido en el circo del “tanto vendes, tanto vales”. Ya no nos sorprende ver que los tres principales clubes de España son financiados por las dictaduras de Azerbaiyán, Qatar y Abu Dhabi. Ni que los poderes públicos saquen a los clubes de apuros económicos que serían la puntilla para cualquier otra empresa. ¡Viva el mal, viva el capital!

Las bondades del dinero en el deporte

Juan Son Ceballos

“Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Es el lema que más repetimos los que superamos los 30 años y, al ser algo subjetivo y de difícil comparación, el que lo dice, gana. Todo era mejor: la televisión, los juegos, la infancia… Y el deporte. Algunos sostienen que se ha perdido la esencia y que ahora es tan solo un espectáculo marketiniano movido por el dinero. Pero hoy en día, sin el marketing, el deporte no existiría. Y no lo haría porque el dinero sirve para que un deportista pueda acudir a los eventos o para que un equipo fiche a un jugador. Y este dinero, que permite llenar las arcas de federaciones o clubes, proviene, de manera directa o indirecta, de la publicidad.

Los anuncios, patrocinadores, canales de televisión y demás se mueven, como el mercado, según la ley de la oferta y la demanda. Cuando un deporte tenga mucha demanda, habrá más patrocinadores que quieran poner su parte (para comer del pastel, obviamente) y, a su vez, para que exista esta demanda, se necesita realizar acciones que permitan que la gente lo conozca; esto, de nuevo, se consigue mediante el dinero.

En un mundo globalizado, en el que sabemos lo que ocurre en las antípodas un segundo después de que suceda, no podemos pretender que el deporte se mantenga en blanco y negro. Por mucho que nos atraiga el romanticismo del “tiempo pasado”, hoy en día los deportistas no lograrían subsistir sin avanzar y adaptarse a los tiempos. No tiene que ver que estemos a favor o en contra de que el capital mueva el mundo. Consiste en entender que, si el deporte no se adapta al presente, se queda obsoleto, pierde poder de atracción, pierde patrocinadores, pierde dinero y, por último, desaparece.

Sobre el fútbol en esencia

Mauro Picatoste

La hora de la comida, terminando el segundo plato; comienza la tertulia. Me espetan: “Es que los jugadores de fútbol cobran mucho”. “Claro, porque lo generan”, contesto. Así suele alargarse el postre, con las frases de “por dar patadas a un balón” o “nos saturan, todo el día fútbol”. Pues sí, amigos, eso pasa cuando un negocio produce miles de millones de euros, que te lo meten en vena para que consumas más.

El dinero genera poder, y el poder es el alimento preferido de los desalmados. Porque poder es tener, como bien saben nuestros políticos. Así, la misma política (entiéndase con un significado peyorativo) se abre hueco donde las masas caen, porque desde ahí puede manipular. Los próximos mundiales, en Rusia y Qatar, esconden debajo de las alfombras sospechas de compra de votos, movimientos económicos fraudulentos y negocios oscuros. Igual que la propia UEFA o la FIFA, caldo de cultivo de gente que no aprecia el deporte, sino los beneficios económicos que se obtienen a través de él.

El fútbol, desprovisto de las botas Nike, de la camiseta Adidas, de los vómitos de Messi o de las abdominales de Cristiano, seguiría teniendo la fuerza que tiene. Sin inyectarse en vena, despertaría las mismas pasiones. Así creció desde finales del XIX cuando se formó la Football Association (germen de las Federaciones europea y mundial). Viajó en barco a lo largo del imperio británico, “infectó” a marineros, comerciantes e indígenas y se extendió como la pólvora.

Hoy, como lo conocemos, el fútbol es un negocio con lados oscuros y con demasiados intereses político-económicos. Pero no se engañen, sólo son 22 tíos pegándole patadas a un balón. Y eso es demasiado importante como para desvirtuarlo.

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7 pensamientos en “Fútbol: deporte, negocio y poder

  1. “No todo se compra, no todo se vende, hay otras cuestiones cuando uno tiene convicciones y principios. Con la ética, los sentimientos y el amor no hay dinero que valga”. Así se ha despachado Lammen, presidente de San Lorenzo de Almagro, actual campeón de Argentina y de la Libertadores, al rechazar la idea de que Azerbaiyán patrocine su camiseta… Casualidad o no, San Lorenzo es el equipo del Papa Francisco. Y lo es porque lo fundó un salesiano que acogía a los niños de la calle para que hicieran comunidad en torno a un balón de fútbol. Casualidad o no, Azerbaiyán es el patrocinador que mancha la camiseta del Atleti, el campeón de la Liga en España (¿el equipo del pueblo?) y el subcampeón de Europa, que solo sucumbió ante mi equipo, aquel que mancha su camiseta con los Emiratos Árabes… El Barça de Qatar no gana nada, pero sigue siendo el Barça de Qatar. Insisto, parece imposible, pero hay alternativas. No todo el fútbol moderno es una puta. Y se puede seguir ganando. Solo hay que tener más pasión que el resto. Y suerte, claro.

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    • Cierto. Vergonzosa publicidad y gran campaña de Reporteros Sin Fronteras para denunciar la falta de libertad de prensa en Azerbaiyán usando la camiseta del “equipo del pueblo”. Porque una cosa no quita a la otra. Y creo que el Atleti se lo ha ganado a pulso a través del esfuerzo y el saber que nadie le va a regalar nada. Si quiere estar ahí, tiene que levantarse a las 7 de la mañana y dejarse el espinazo.

      En otro orden de cosas, coincido con Mauro en que por mucha mierda que haya, la grandeza del fútbol no se puede tapar. A ver si no en qué otro espectáculo te arriesgas a pagar tu entrada a riesgo de salir cabreado como una mona porque tu equipo he perdido… y sin embargo, lo haces encantado. Y coincido con Alberto: este deporte no tiene la culpa.

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  2. Siendo el típico cantamañanas que protesta por todo lo relacionado con el tema futbolero, tildando al forofo de energúmeno, al futbolista de paleto y al club y su puta madre de mafiosos y bandarras, diré que me perturba sobremanera que no se explote más el tirón filogay con maravillas como Dieux Du Stade pero adaptada al paquetismo nacional, y me refiero a todo el paquetismo nacional al completo, y que se dejen de fraudes fiscales subvencionados y otras mariconadas (usando términos propios de la desvergonzante rae et al.).
    Por favor, menos pelotas y más cojones!!!

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  3. Es saludable pensar que el talento precede al éxito profesional y a la fortuna que pueda acarrear. Realizarías tu trabajo mejor por 1.000.000 en vez de por 100; cantaría peor Mariah Carey si no cobrara, competiría mejor nuestro medallista de oro olímpico en Taekondo si lo hiciera…

    Si chicos, se puede ser el Balón de Oro de una disciplina y no llegar ni a fin de mes. El fútbol es un espectáculo de negocio inmenso, mueve miles de millones, y cualquier espectáculo hay que alimentarlo con cromos. Los más deseados son más caros, los menos más baratos. Si no se fabricara la vida de un futbolista de élite para ser envidiada en masa no generaría tanto interés ni, por supuesto, tanto dinero. Este deporte en sí no tiene la culpa.

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  4. Esta semana mi voto va para la introducción. Creo que todo puesto así seguido es una muestra de cómo el dinero se impone al mérito. Justo lo contrario que debiera ser el deporte y la competición.

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  5. Mi voto es para el camarada Mauro: el deporte siguiría siendo el mismo más allá de la corteza del multimillonario negocio con la que lo hemos recubierto. Cristiano Ronaldo seguiría teniendo la misma pasión por meter goles aunque cobrara cien veces menos y el Bernabéu se llenaría igual aunque el Marca no nos hablara todos los días de los abdominales de Cristiano.

    Pero admitámoslo: aunque funcionaría igual si no fuera así, el fútbol de primer nivel, salvo maravillosas excepciones, está prostituido. Eso sí, Javi, el Atleti no escapa de ello: como bien dices, la dictadura de Azerbaiyán mancha vuestra camiseta tanto como las de ciertos regímenes liberticidas árabes lo hacen con las de Madrid y Barça. Es maravillosa la ilustración de este debate, con ese revolucionario puño en alto con la camiseta del Atleti, pero no es real: aunque un escalón por debajo de los dos grandes colosos, el Atleti es otro gigante entregado al Capital. Ganáis partido a partido, aunque con más pasta que Sevilla y Valencia, que tienen más mérito que vosotros… Y muchísima más que el resto, que son los verdaderos héroes según tienen menos medios.

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