El pueblo saharaui sigue esperando

Este fin de semana ha tenido lugar en Madrid la Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad al Pueblo Saharaui (EUCOCO). En ella se han celebrado charlas y talleres sobre la situación del pueblo saharaui y han participado autoridades políticas y sociales vinculadas al Sáhara Occidental, entre ellas el secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Mohamed Abdelaziz. Además, el domingo se celebró la manifestación estatal que todos los años recorre las calles de Madrid para pedir que se reconozcan los derechos del pueblo saharaui.


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Historia de una injusticia

Sidahmed Ragueb Salama*

La Independencia es la cualidad o condición de “ser independiente, autónomo, que no depende de otro”.

Un estado que por interés, torpeza o complicidad España no quiso ver ni entender. A través de los Acuerdos Tripartitos firmados con Marruecos y Mauritania (acuerdo de genocidio), hizo caso omiso de la exigencia de miles de saharauis pidiendo su independencia. Con la firma de ese acuerdo, España hizo entrega del Sáhara Occidental a los dos países firmantes, abandonando así al pueblo saharaui, que era colonia española desde hacía más de un siglo.

España hizo caso omiso de que el pueblo saharaui exigía un referéndum de autodeterminación, que el Sáhara tenía un dueño: los mismos saharauis con su brazo político, el Frente Polisario.

Ahí no acabó todo. Marruecos, junto con sus aliados Arabia Saudí, Francia y EEUU, hicieron el juego más cómplice e injusto: la Marcha Verde. A través de ella Marruecos invadió el Sáhara Occidental. Un acto que no sólo afectó a nuestra historia y a la tranquilidad en la que vivíamos. Hassan II, rey de Marruecos, escupió todo su veneno contra la población ocupada. Su actuación contra el pueblo saharaui fue un verdadero genocidio. No solamente provocó muertes, prisiones, separaciones familiares, torturas y robos, sino que también hizo del Sáhara Occidental el país más minado del mundo con más de 10 millones de minas antipersona y de racimo a lo largo del muro, que levantó de norte a sur del Sáhara. El muro más largo del mundo, con 2700 kilómetros de longitud, vigilado por las fuerzas del ejército marroquí. El muro de la vergüenza.

A esto se suma la intranquilidad del día a día del pueblo saharaui, tanto en los territorios ocupados como en los campamentos de refugiados en Argelia. El expolio constante de nuestras riquezas y la violación de los derechos humanos. Europa sigue mirando hacia otro lado y sigue firmando acuerdos ilegales con Marruecos frente al silencio de las Naciones Unidas.

Pese a todas estas condiciones, el pueblo saharaui sigue luchando para algún día poder ejercer su derecho a la libertad y a su independencia. El Sáhara Occidental es el único país africano pendiente de descolonizar, está por lo tanto todavía bajo el protectorado de España.

* Sidagmed Ragueb Salama estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y Electrónica en Cuba y trabajó para el proyecto de bibliotecas y bibliobuses para los campamentos de refugiados saharauis Bubisher.

El colonialismo es pecado

Miguel Ángel Malavia

No soy teólogo (me quedo en creyente de caminar errático aunque con buena voluntad), pero sí me atrevo a sentenciar esto: el colonialismo es pecado. Si Dios nos hizo libres e iguales, ¿qué perniciosa ideología se permite partir de la propia superioridad y, tras someter a un pueblo extraño, hacerse con las riendas de su destino? Dejemos la religión a un lado y centrémonos en la diosa economía. El eje sustentador del colonialismo es la rapiña: hacerse, en ámbitos marcados por la debilidad, con materias primas y canales de producción que engordan en exclusiva la barriga de la metrópoli.

En la católica España, donde el sol no se ponía jamás, hemos pagado la culpa de ese pecado. Aunque no totalmente. América se perdió con sangre y fuego en el albor del XIX, culminando tal proceso, al final de esa centuria, en el Desastre del 98: en plena crisis interna, la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas confirmaba la gran depresión; no solo éramos ya una potencia de segunda fila, cediendo ante los emergentes Estados Unidos, sino que la piel de toro se veía arrasada, una vez más, por nuestra atávica división. “Los hunos contra los otros”, que diría Unamuno. Ya sabemos cómo terminó…

Paradojas de la Historia, con Franco se sepultó la España aún imperial en África, siendo Guinea Ecuatorial y el Sáhara los dos grandes fortines. Eran tiempos de Guerra Fría, deseando el régimen perpetuarse contando con el favor de Estados Unidos. Por la influencia del nuevo César, de Guinea nos fuimos en 1968. Lo hicimos amparando un proceso constitucional que, obviamente, culminó en dictadura. Hoy el sátrapa es Obiang, pero no nos interesa. Del Sáhara nos marchamos aún peor: en 1975, en plena agonía del dictador, se obvió la Marcha Verde y Marruecos quedó como amo y señor de un pueblo que es nación y que, pese a contar con el “apoyo” de ese ente llamado “comunidad internacional”, continúa en una tienda de campaña, en pleno desierto.

Todos nuestros presidentes dicen apoyar la causa saharaui (como la democracia en Guinea), pero al final impera el negocio y permitimos el latrocinio. ¿Cuántos siglos tendrán que pasar para que actuemos en consecuencia y dejemos de ser, no ya metrópolis, sino los perros guardianes de los príncipes de las colonias?

El Sáhara como metáfora de la política española

Javier Moya G.

La manera en que los diferentes gobiernos españoles han afrontado la cuestión del Sáhara desde 1975 es muy ilustrativa de cómo ha funcionado la política nacional en los últimos 40 años. Un juego de intereses, grupos de presión y veletismo en los que el patriotismo es reemplazado por el amor a un solo color: el verde de los billetes. Empezando por la vergonzosa entrega a Marruecos y Mauritania de una provincia española en los Acuerdos de Madrid. Acuerdos, por cierto, negociados y bendecidos por Juan Carlos I, uno de los principales responsables de la traición de España al pueblo saharaui.

Pero ya sabemos que una de las condiciones que venían en el pack de la Constitución de 1978 era que de la Corona no se sacaban trapos sucios. ¿A quién le importaba entonces que el “hermano” del rey de España, Hassán II, fuera un asesino y que los derechos humanos en el Sáhara se pisaran sistemáticamente? Con lo guapos que quedaban en el Hola cada vez que había una visita oficial.

Y desde entonces, los gobierno españoles como el que oye llover. Felipe González lo sabe muy bien y lo ha aprovechado. De aquel ”el pueblo saharaui va a vencer no sólo porque tiene la razón, sino porque tiene la voluntad de luchar por su libertad” al “el país con mayor espacio de libertades que conozco del mundo árabe se llama Marruecos… incluidas las autoridades del Sahara Occidental” sólo pasaron 33 años, una puerta giratoria de Moncloa a Gas Natural y un contrato para el tramo marroquí del gasoducto Magreb-Europa.

Ahora dice Margallo que el referéndum saharaui (que, total, sólo está reconocido por la resolución 3458b de las Naciones Unidas) no es asunto de España. Ole, ole y ole. Con dos cojones. Perdón, me he dejado llevar. Puesto que el proceso de descolonización no se ha completado, España sigue siendo potencia administradora del territorio y, por lo tanto, quien debería poner los medios para que ese referéndum se celebrase. Claro que igual no nos hemos enterado y hay que preguntarle al primer ministro turco-chipriota a ver si va con él la cosa.

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6 pensamientos en “El pueblo saharaui sigue esperando

  1. Pueda que este de acuerdo con lo que ha dicho tu profesor, Lo que les olvido que en la unión hay fuerza y ¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!.
    Si algún día me dicen que hay que morir por ser libre le daré la bienvenida a la muerte en vez de vivir de rodias…..

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  2. Desgraciadamente, Abel, tienes mucha razón. Al final la realpolitik está por encima de la ley o más bien ésta se convierte en un chicle que se estira y se encoge en función de los actores que salten al escenario.

    En cuanto a lo que comenta Borja, no es tan fácil. A estas alturas del partido los apoyos internacionales del Polisario son escasos: Gadaffi out, Argelia a otra cosa y aquellos que muestran simpatía hacia su causa, no llegarían tan lejos de apoyarles en caso de conflicto armado. En cuanto a sus enemigos Marruecos-EEUU-Francia-Arabia Saudí son hoy más fuertes que en los 70. Y es cierto que son cada vez más los saharauis, especialmente jóvenes, que piden abiertamente volver a la lucha armada. Pero no es tan fácil.

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    • Sí, lo que sucede es que “algo” habrá que hacer: la vía diplomática está muerta, el Derecho Internacional es una entelequia ineficaz, nos da reparo armarlos, etc., el resultado son 40 años de ignominia y abandono. Si arman un poco de gresca igual alguien les empieza a prestar atención, y el Estado Español-España debería estar ahí, apoyándoles.

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      • ¿De verdad, Borja, el camino es armar al Frente Polisario? ¿Más madera, que es la guerra? Tachadme de utópico, pero la solución jamás estará en la violencia. Incluso aunque se consiga un objetivo, las heridas sociales quedan ahí para siempre. Y esto se trata de convivir…

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  3. Un profesor nos eneseñó una vez que la autodeterminación es válida cuando resuelve un problema. El caso que tratáis esta semana es de esos supuestos que no admiten gran duda.Pero la política internacional se basa en la fuerza. Ahora estoy recordando que otro profesor nos enseñó que quizá el derecho internacional no era tan derecho, no era tan obligatorio dependiendo de quien fuera el infractor o los intereses.

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