¿Ha caducado la Constitución del 78?

A pocos días del 36º aniversario de la aprobación de la Constitución Española, el debate sobre la necesidad o no de reformarla está sobre la mesa. La crisis económica, la corrupción o el debate territorial están poniendo a prueba el vigor del texto constitucional. Un texto que para algunos es un marco todavía válido y capaz de amoldarse a la España del siglo XXI, pero para otros no deja de ser el origen de algunos de los problemas de hoy en día. Esta semana tres pesos pesados se ponen los guantes y lanzan sus ganchos para debatir qué hacemos con la Constitución de 1978: la dejamos como está, la reformamos o directamente hacemos una nueva.


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El proceso constituyente ha comenzado ya

María Eugenia Rodríguez Palop *

Que la Constitución del 78 necesita una reforma en toda regla es, a estas alturas, tan evidente que ni siquiera el PSOE ha sido capaz de resistirse al cambio. Ayer mismo, Pedro Sánchez anunciaba un giro de 180º respecto de la reforma del artículo 135 CE que él mismo y su partido apoyaron con nocturnidad y alevosía, y que, como muchos sabíamos ya entonces, suponía abrir la puerta a la ortodoxia de la depredadora austeridad, al desmantelamiento de nuestro ya debilitado Estado social, y las ansias recentralizadoras del PP. Esto se une a la apuesta que el PSOE hizo ya en su momento por el Estado federal, visto su estrepitoso fracaso en Catalunya, y el modo en que ha enraizado allí el discurso soberanista. Evidentemente, a esto el PSOE llega tarde, pero bienvenido sea. Las exigencias de IU en este sentido no sólo son más antiguas, sino que tienen mayor calado, y con IU han viajado de la mano no pocos partidos políticos y movimientos sociales.

Pues bien, además de asumir estas propuestas (más Estado social y más descentralización), yo diría que nuestra Constitución tiene que democratizarse en profundidad. Esto se traduce, por dar algunas pistas, en a) flexibilizar el proceso de reforma previsto en los artículos 166-168; b) eliminar el blindaje del que disfruta la monarquía y el ejército (art. 8) que imposibilita la existencia de un gobierno republicano y laico; c) reequilibrar la relación entre los poderes legislativo y ejecutivo, evitando que este último sólo pueda ser cuestionado a través de una moción de censura constructiva (art. 113); d) vincular a las Cortes Generales al mandato imperativo, que desactiva el art. 67.2.; y, e) articular formas de participación ciudadana que vayan más allá del referéndum no vinculante (art. 92) y una limitada iniciativa legislativa popular (art. 87.3). Todo ello trufado, por supuesto, con mecanismos de democratización interna, de control y autocontrol, en partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación y empresas. Desarrollar el art. 129.2 para facilitar el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción podría ser, por ejemplo, un buen paso para ir de un sistema económico de gestión piramidal a uno basado en la cogestión. Y, desde luego, apostar por medidas de conflicto colectivo que vayan más allá del ejercicio del derecho a la huelga podría ayudar también a democratizar la economía.

No es que quiera con esto presentar un diseño acabado, pero me parece que estas iniciativas pueden iluminar el camino en dirección al cambio en el que esta sociedad está ya inmersa.

* María Eugenia Rodríguez Palop es profesora de Filosofía Política en la Universidad Carlos III de Madrid.

El ejemplo Gerardo Iglesias

Miguel Ángel Malavia

Gerardo Iglesias sucedió en 1982 a Santiago Carrillo como secretario general del Partido Comunista. En 1989, ya como coordinador general de Izquierda Unida, dejó la política (había sido diputado esa legislatura) y volvió a casa. A Asturias. A la mina… Porque era minero. Volvía con la frente alta y los bolsillos vacíos. Días atrás, el genial Jordi Évole lo entrevistó en Salvados y el impacto fue tal que fue tendencia en Twitter durante 24 horas.

Era unánime el clamor: “Gerardo Iglesias retrata a la casta”, “muestra que la política es un servicio social”, “evidencia la falsedad del régimen del 78”… Estas tres afirmaciones me interesan muchísimo. Aunque la última es falsa. Es al revés. Preguntémonos: ¿acaso Luis Bárcenas y Gerardo Iglesias no han desarrollado modos de hacer política opuestos en un mismo modelo? ¿Acaso, bajo la misma Constitución, no ha habido adolfos, felipes, aznares, zapateros y marianos? ¿Que “todos son iguales” y hacen “la misma política”? Discrepo, pero lo compro. Aunque, aún más importante, ¿acaso no podría ser Pablo Iglesias presidente dentro de un año? Sí, sí, bajo este mismo “sistema”.

¿Y qué debería hacer para llevar a cabo su cacareada “nueva política”? ¿Abolir el “candado” de la Constitución y construir desde la “tabla rasa”? Doy por hecho que todos queremos libertad (de prensa, expresión, reunión y asociación), la aconfesionalidad del Estado (y la libertad religiosa), el derecho a una sanidad pública, el sufragio universal, la no exclusión de ningún partido político, la separación de poderes… Todo eso junto lo gozamos por un “pacto social” amplio garantizado en la Constitución de 1978, la única de nuestra Historia que ha podido aunar esta base. Aunque solo sea por populismo, ¿por qué ese empeño en hablar de ruptura y de otra Constitución? ¿No nos ha demostrado el pasado y el presente que toda acción política puede tener cabida en este gran contenedor salido del consenso?

No nos engañemos. Lo que queremos son partidos y políticos decentes. Basta con votar a los que existen (el contenido) y mejorar lo mejorable de la Constitución (el continente).

Matar a los siete enanitos

Guillermo Llona

La asistenta que trabajaba en la casa de un buen amigo mío solía sugerirle, con serena insistencia, que dejase de fumar. Y cuando mi colega, entonces un chaval, le reclamaba una razón para hacerlo, la chica, una joven marroquí que había emigrado a San Sebastián para buscarse la vida, no le hablaba de terribles enfermedades, el aliento de hiena o de la prohibitiva cajetilla. Siempre le respondía con las mismas dos palabras: “Es mejor”. Un gran consejo. Echa mano de tu libertad, suelta lastre y opta siempre por lo que sea mejor. Sobre todo cuando te estés jugando mucho.

Y ahora nos estamos jugando mucho. Urge reformar a fondo la Constitución porque de los polvos con los que se redactó vienen los lodos que acaparan hoy los titulares. Porque se puede tener una mejor, escrita sin café para todos ni términos ambiguos como “nacionalidades”. Una que fije un sistema electoral verdaderamente proporcional con circunscripción única estatal para las elecciones generales, que garantice la independencia del Poder Judicial, que facilite la celebración de referéndums vinculantes y promueva la participación política ciudadana. Una Carta Magna que no permita que un diputado sea además alcalde y neurocirujano-pizzero, ni que caliente escaño en el Congreso desde los 18 hasta su retiro dorado en el Senado “Ciudad de Vacaciones”, esa cámara inútil que ralentiza el proceso legislativo y que de representación territorial no tiene nada.

De hecho, a la del 78 ya le han metido mano antes. La última vez, de extranjis. Ahora Pedro Sánchez sonríe y pide a la cámara -la de televisión- nuevas reformas, que no concreta. Gracias a Dios, el presidente del Gobierno parece tenerlo más claro: se va a fumar un puro mientras ve arder Roma.

Dicen que para madurar es necesario matar al padre. Pues bien, o nos liberamos de los ídolos de la Transición y dejamos de adorar a los santos Carrillo, Tarancón y Suárez y a los siete enanitos que parieron la Constitución, o nos vamos al garete. ¿Pudo redactarse entonces mejor? Quizás no. ¿Puede redactarse hoy mejor? ¿Sí? Pues hágase, y pronto, que esto se viene abajo. No hará falta aquella magia conciliadora, sólo sentido común y voluntad.

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15 pensamientos en “¿Ha caducado la Constitución del 78?

  1. Y dale con los ejemplos. Estados Unidos, Alemania, México… Luis, como dije en mi anterior comentario, es necesario adecuar el modelo a la realidad y necesidades de España. Es bueno tener referentes, pero no sería nada recomendable que acabásemos siendo una mera fotocopia de uno de ellos.

    Lo que yo proponía es que la Constitución reparta con claridad las competencias de gobierno entre el Estado y las regiones, no dejando nada pendiente de negociación. Y me gustaría que sólo se pudiese alterar esa distribución mediante la reforma de la Carta Magna, es decir, que en ningún caso el Gobierno español pudiese suspender una autonomía y sustituir a un ejecutivo autonómico. Hablo de límites bien fijados. Y para esto, sí, hace falta reformar la Constitución. Llámese al sistema resultante federal, confederal o electrolatino.

    ¿Qué competencias me gustaría que tuviese quién? Creo que el grado de autonomía debería ser el mínimo para los territorios habitados por los pueblos castellano -hoy repartido en siete Comunidades Autónomas que deberían ser sólo una- aragonés, asturiano y andaluz, estos tres últimos asimilados ya a una única cultura castellana. El grado de autonomía de los territorios habitados por el pueblo gallego, el vasco -País Vasco y Navarra- y el catalán -Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares-, debería ser el máximo. Máximo que bien podría recoger la representación exterior compartida y todas las competencias salvo Defensa y la armonización de criterios económicos comunes (moneda y demás). Ponerme ahora y aquí a concretar más este punto sería inútil. Y muy aburrido. Confieso que nunca me he puesto a fijar en negro sobre blanco una lista exhaustiva de competencias para unos y otros. Con todo, creo que se entiende bien la idea.

    De todas maneras, la madre del cordero seguiría siendo el reconocimiento del derecho de las naciones que forman parte de este Estado a decidir qué quieren ser, y al respecto ya opiné bastante en los debates y comentarios sobre los referéndums escocés y catalán y sobre las prospecciones petrolíferas en Canarias, archipiélago sobre el que, evidentemente, dejé allí mi punto de vista.

    Por cierto, Luis, lo que hace que los distintos pueblos que habitan España se parezcan en tantas cosas no es su pertenencia al mismo Reino, sino su condición de europeos. ¿En serio crees que un ‘baserritarra’ del Goyerri guipuzcoano se parece más a un campesino andaluz que a otro ‘baserritarra’ de Sola, País Vasco francés?

    Desde hace mucho el nacionalismo español ha intentado asimilar a los vascos a la cultura castellana, sin conseguirlo. Hoy, el euskera sigue vivo, y aunque sólo el 20 % de los habitantes del País Vasco lo tiene como lengua materna y principal a la hora de comunicarse, te recuerdo que la inmensa mayoría de niños de este territorio estudian en el conocido como modelo D, circunstancia que asegura la pervivencia de la lengua vasca y que en un futuro próximo la inmensa mayoría de la población de la Comunidad Autónoma la domine y la utilice normalmente junto con el español.

    Y volvemos a lo que hace el vecino… ¿Qué importa que haya o no otras constituciones que reconozcan a los pueblos el derecho a decidir qué quieren ser? Yo quiero que se reconozca ese derecho a las naciones que hoy pertenecen al Reino de España.

    Por otra parte, lo de que mi forma de entender la nación, el romanticismo, Nietzsche y fantasear con las valkirias de Wagner llevan al nazismo no tiene un pase. Y por lo tanto no voy a dedicar ningún esfuerzo a rebatirlo.

    En relación con el asunto del sistema electoral, te lanzo una pregunta: ¿crees que la Cámara de los Comunes representa suficientemente la opinión política de los británicos, o con que “funcione” mejor que otras cámaras te vale? ¿No crees que un Congreso de los Diputados al que se pudiese entrar con el 1% de los votos en una circunscripción única para todo el país representaría mejor a los ciudadanos españoles que el actual? Seguramente muchos partidos tendrían que presentarse en coalición, pero eso, en sí mismo, no es un problema. Claro que, es cierto, nuestra clase política no está preparada para dejar de acaparar el poder y compartir responsabilidades en gobiernos integrados por dos, tres o más partidos.

    En fin, lo que defiendo es que se repiense el modelo, sobre todo si se puede instaurar uno mejor.

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  2. Estimado Borja, no creo que haya un universo ideológico que nos separa. Seguro que hay muchos más puntos de encuentro que de discrepancia. Se trata de contrastar y ya habrá tiempo para eso.

    Estimado Guillermo, las prisas no son buenas sobre todo cuando sopla el viento, y no sabemos de dónde viene, para enderezar el velamen. Los anemoi andan sueltos y habrá que esperar a los dioses para que los amaine y poder así controlar la nave. Estamos como en la “Belle Epoque” que tan bien retrató Fellini en su “E la nave va”. Te la recomiendo. Es una joya del cine.

    Claro que sigo creyendo que la idea de un estado federal asimétrico que plantean PSOE e IU es etérea. La mantengo. Lo que no entiendo, porque no lo tengo tan claro como tú, es que eso de un “reparto claro” de competencias entre el Estado y los territorios impediría líos y duplicidades. A ver, pon ejemplos de reparto claro de competencias. A lo mejor nos entendemos. Y para eso, quizás, no sea necesario reformar la Constitución.

    Y a continuación dices: “Y en el que las nacionalidades tendrían más competencias que el resto de las regiones”. ¿Cuáles competencias y por qué? No digo que no, ojo, digo cuáles y por qué. A lo mejor tampoco sería necesario reformar la Constitución. Pero, eso sí, tendrían que explicárselo bien al resto de españoles que no vivan en Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía.

    Los dos modelos federales que razonablemente mejor han funcionado y funcionan son el estadounidense y el alemán. El mexicano, no. Dime otra alternativa federal. De acuerdo, el Estado de las Autonomías es una cosa híbrida pero se acerca más al alemán que al estadounidense o mexicano. Es un invento genuinamente español y por eso debe adaptarse a la realidad de España y de sus necesidades. No me opongo a la reforma si sirve para mejorar y para que nos entendamos, todos, y recalco todos, mejor. Lo que me opongo es al cachondeo en donde se mezcla un totum revolutum que no hay quien lo entienda porque no hay una base sólida, donde no existe ni el menor consenso, para cambiar. Lo de la autodeterminación vamos a dejarlo aparte porque eso está muy bien para las colonias. No es el caso español. Dime qué constitución del mundo recoge el derecho a la autodeterminación.

    Yo no he puesto como ejemplo a Francia de nada. Lo que he hecho es recordar, simplemente, que para hacer más eficiente el Estado, los alemanes y los franceses no tienen empacho en recortar competencias –y dar otras- si con ello creen que la administración territorial va a mejorar. Pero por ello no debemos rasgarnos las vestiduras. Por qué esto –la reforma de la administración territorial- tiene que escandalizarnos cuando otros países la hacen y no pasa nada. Hay que tocar este tema y estudiarlo con profundidad, por supuesto. Pero en la doble dirección: do ut des (doy para que des). No en una sola dirección y además chantajeando: si no me das rompo la baraja. Eso no me vale porque no es política. A eso se le llama en roman paladino coacción, timo o amenaza. Alemania es un país descentralizado –España también- y Francia es un país centralista. Son modelos distintos y los dos afrontan la cuestión sin que la sangre llegue al río. Me parece loable, nada más.

    El siguiente razonamiento me parece respetable, aunque no lo comparto en absoluto. Mencionas el romanticismo germánico frente al idealismo francés. Jugar a las cartas con Mefistófeles es peligroso y no muy recomendable. Te recuerdo que el romanticismo germánico es conservador y una reacción contra el despotismo ilustrado. Y es nacionalista por cuanto defendía la diferenciación con el otro, por eso acabó en el pangermanismo prusiano…y este en la I GM y esta en la II GM. Por ser étnico –no hay más que leer a Nietszche- es muy peligroso y ahí tenemos en que derivó: el nazismo. Citas la nación como una comunidad humana con una cultura diferente. A quién te refieres ¿a Cataluña, a País Vasco, a Galicia o a Andalucía? ¿Qué quieres decir? ¿Qué los canarios no tienen cultura propia diferente, o los extremeños, o castellanos, valencianos o asturianos? ¿Acaso ellos no son también singulares? Muy bien, sus tradiciones, su gastronomía, sus fiestas ancestrales con sus ritos, sus gentes ¿no son diferentes entre estas regiones y entre las denominadas nacionalidades? Todas las regiones y hasta los pueblos y aldeas de España tiene cultura propia y muy rica, por cierto. Sin embargo, todos los pueblos que configuran España sí tienen una historia, de muchos siglos, en común, todos tienen una lengua en común –aunque las nacionalidades tengan su propia lengua y en eso son más afortunados, salvo Andalucía- y hasta tienen una liga de fútbol o de baloncesto en común por no mencionar la tortilla de patatas, el ajoarriero o el bacalao al pil-pil. Hay más diferencia en cómo se hace el cocido en cada región que entre las gentes de España.

    Cuando he citado a Durán y Lérida me estaba refiriendo, “of course”, a Josep Antoni Duran i Lleida, nacido en Huesca, o sea oscense; esto es, de origen aragonés, y de soltero José Antonio Durán y Lérida. Para más recochineo este diputado preside nada menos que la Comisión de Exteriores del Congreso. Es decir, que cuando viaja fuera de las españas nos representa a todos y a todas. Y cuando está aquí nos suelta ese doble discurso mitad catalanista, mitad confederal pero muy pocas veces español. Lo dicho, más falso que una carabina de feria. Todavía estoy esperando a que dimita como prometió tras conocerse el caso Pallerols. Este sí que saltó como una rata, unos días antes de la autoinculpación de Pujol, de la barca de Creonte en que se ha convertido CiU.

    Me alegro que defiendas lo del sistema electoral de circunscripción única proporcional, como en Alemania. En España, la circunscripción única proporcional solo se ejerce en las elecciones europeas. Para las elecciones legislativas, como sabes, el sistema es provincial. Lo del 5% lo decía porque, precisamente, ese es el límite de votos que se impone a los partidos alemanes para obtener representación en el Bundestag. Con ese límite, en Alemania solo hay cuatro partidos en la Cámara Baja. Aquí, con nuestro sistema, tenemos trece. No sé si sabrás que el límite de votos electorales se sitúa en nuestro sistema electoral en el 3%. Esto nunca ha sido un problema, salvo para las circunscripciones de Madrid y Barcelona. Es una cuestión de restos con el sistema D´Hont. A partir de 24 diputados podría darse esa circunstancia. Y se dio en una ocasión cuando el CDS obtuvo en Madrid el 2,99% de votos. En el resto de provincias es prácticamente imposible. El límite del 5% lo tienen también otros países europeos cuando se trata de elegir sus parlamentos o cuando las elecciones son europeas. En Alemania y en España no es necesario el 5% cuando se celebran europeas. ¡Ah!, se me olvidaba me gusta el sistema británico, que no es precisamente de circunscripción única sino nominal mayoritario por circunscripciones. Dicho de otra manera: el que llega primero a la meta es el ganador, aunque sea solo por un voto. Pero entiendo que en España eso es difícil de aplicar porque los partidos le han cogido gusto a las listas cerradas y al control omnímodo sobre los candidatos. Tendríamos que cambiar mucho para parecernos a los británicos. Las reformas que se podrían hacer – y tampoco está tan claro que se hagan en el medio plazo, salvo que PP y PSOE se den un tiro en el pie- van entre el modelo alemán y el francés de doble vuelta.

    Citas también el colorido de la Knéset. Pues mira por dónde, en las próximas elecciones, que se celebrarán presumiblemente en marzo de 2015, algunos colores no van a estar en el arco iris parlamentario. Te recuerdo que los israelíes han aumentado el voto electoral, también de circunscripción única, del 2% al 3,25% para sentarse en la Knéset, lo que obliga a las alianzas preelectorales. Y eso que los israelíes tampoco tienen constitución, como los británicos, sino 11 leyes básicas.

    Cuando he mencionado el nihilismo no lo estaba personalizando en nadie. Es una impresión personal que flota en nuestra sociedad y si me apuras en toda Europa: relativismo y nihilismo. También la mantengo. A mí lo que me preocupa de todo esto no es estar dependiendo de un texto sino de los riesgos que nos puede producir estar bajo las arbitrariedades, extravagancias, manías y hasta desvaríos de unos señores que en su mayoría padecen desequilibrios nerviosos y neuróticos.

    Te cedo la palabra.

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  3. A pesar del universo ideológico que nos separa, en este caso estoy más bien con L.G.

    Para empezar, eso del federalismo, que de entrada parece algo divertido, en la práctica nadie sabe muy bien qué es. Tenemos federalismo simétrico, asimétrico, confederal, entero, desnatado y vetustamorlero. Nuestro Estado de las Autonomías en la práctica es una posible variante de federalismo y no ha servido para saciar la voracidad nacionalista. Estoy seguro de que se le pone a Pedro el Guapo una hoja en blanco delante para que haga una redacción nivel EGB sobre su idea de federalismo y casi no sabe ni escribir su propio nombre.

    Por otro lado, está la propia naturaleza del nacionalismo, todo lo que no sea un Estado propio no lo van a considerar la solución final. Esto es un poco como nos pasaba a algunos de peques con los bocatas de nocilla que nos zampábamos al salir del cole: nunca había suficiente pringue.

    En mi opinión no cabe otra que organizar referéndums de autodeterminación para conocer la opinión de la gente. A partir de ahí, unos seguirán juntos y otros se mudarán a un vecindario distinto, pues bueno, que les vaya bonito.

    Para concluir, expresar mi tristeza por la derrota ideológica que supone estar debatiendo sobre estas cuestiones que nos ha impuesto la agenda pequeñoburguesa de los nacionalismos periféricos. Ojo señor David Fernández, mire lo que era el PSUC en 1977 y compruebe en qué ha degenerado por su adaptación acrítica al pujolismo.

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    • LLegados a este punto yo también creo que hay que votar, vamos que Catalunya vote… Pero no es indiferente qué organización territorial, y ojo que mecanismos e instituciones arbitrales, se ofrezca para el resultado de esa votación. Pretender instalar el jacobinismo fracés en relación con Catalunya y Euzkadi, por más que votasen a favor de permanenecer en España, solo tendría como efecto un nuevo movimiento secesionista.Si lo que se pretnede es un estado centralista con decesentarliazación administrativa o incluso de café para todos (que acaba derivando en lo mismo), casi lo mejor es que Castilla-España vote en referendum secesionarse de Catalunya y Euzkadi.

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  4. Luis, hay cautelas que matan. A este país se le están gangrenando varios miembros, y si no aplicamos cirugía mayor pronto el barco se hundirá con todos dentro. Incluidos aquellos que cada vez tenemos menos ganas de formar parte de la tripulación. Pides sentido común, y precisamente por sentido común pido la reforma a fondo de la Constitución.

    Te diriges a la profesora Rodríguez Palop -que sea sra. o srta. me importa un carajo-, pero me tomo la licencia de adelantarme a su respuesta. Seguro que no le molesta.

    Pienso que debemos echar mano del bisturí porque, sin ser un experto constitucionalista, creo saber “de qué va la cosa”. Va de mantener un chiringuito que les viene bien a las, por ahora, dos principales fuerzas políticas del país. Va de estirar un chicle que, tarde o temprano, terminaría rompiéndose a nuestro pesar.

    ¿En serio crees que la idea de un sistema federal asimétrico es “etérea”? Puede que la forma en que la proponen lo sea, pero el modelo me parece bastante concreto. De hecho, es algo muy parecido a lo que ya hay en España, pero con un reparto claro de competencias entre el Estado y los territorios que impediría líos y duplicidades, y en el que las “nacionalidades” tendrían más competencias que el resto de regiones.

    Y, por cierto, ¿por qué narices iba a estar pensando quien defiende un sistema federal para España en el modelo alemán, el yanqui, el mexicano o el de la Federación de Comercio de la Guerra de las Galaxias? Supongo que pensará en uno acordado teniendo en cuanta la realidad de este país y sus necesidades, digo yo.

    ¡Pones como ejemplo a seguir los planes franceses para reducir el número de regiones y departamentos! Un país que ya margina su propia cultura, sus lenguas, donde los niños no pueden estudiar en una escuela pública en euskera, bretón, corso o catalán. Pero si, al final, nos conocemos bastante. Quienes a este lado de los Pirineos sueñan con emular el jacobinismo franchute querrían también imitar ese genocidio cultural.

    Por mi parte defiendo un modelo que reconozca a las naciones de España el derecho a decidir si quieren seguir formando parte o no del Reino y, por lo tanto, no creo en el modelo federal clásico ni en uno asimétrico que no reconociese ese derecho. Aclaro que, como he contado por aquí anteriormente, entiendo que es nación la comunidad humana con una cultura diferente de la de los pueblos que la rodean, más que aquella comunidad que decidió constituirse en nación basándose únicamente en su voluntad -y no en su identidad cultural- y logró posteriormente imponer esa decisión a quien se opusiese a ella. Vaya, que en lo que respecta a este asunto voy con los románticos germanos más que con los ciudadanos franceses. Llámame pirado.

    Supongo que podría estar de acuerdo con el sistema confederal que defiende ese tal Durán y Lérida, que, por cierto, no sé quién es. He buscado por Internet y nada… Con ese apellido sólo viene algo en alguna página poco fiable.

    Defiendo un sistema electoral proporcional con circunscripción única para las elecciones generales porque me parece de sentido común. Pero, ¿por qué se tendría que fijar el 5 % de los votos para entrar en el Congreso? ¿Por qué no lo dejamos en el 10 %? Así tendríamos una cámara baja formada sólo por diputados del PP y del PSOE que, cada uno desde su bancada, podrían cantar como Torrebruno aquello de “¡tigres, tigres, leones, leones, todos quieren ser los campeones!”. Vaya guay sería.

    Hablas de listas abiertas, y puedo entender algo de tu amor por un bipartidismo con mavericks, pero no me convence del todo. A ti te sigue gustando más la cámara baja de Westminster, y a mí la Knéset, con muchos colores, como los que están presentes en la calle.

    Luis, también nos recuerdas las reglas que fija la Carta Magna para su reforma. Y yo te recuerdo que, por ahora, nadie ha defendido aquí una insurrección o la desobediencia civil para cambiar o cargarse nada. Nadie ha pedido rodear y asaltar el Congreso. Y eso que a veces te entran unas ganas…

    Con todo, en mis argumentos, acertados o no, de “nihilismo” nada. Yo sólo me pongo nihilista cuando llueve, ¡y me gusta! Pero hoy no ha caído ni gota.

    P. S.: suscribo todo lo que dices sobre los sindicatos en España.

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  5. Tengo para mí que nos falta serenidad cuando nos aventuramos a plantear algo tan importante como es la reforma de la Constitución de 1978 en las circunstancias actuales. Y con ello no quiero decir que no se pueda o se debe reformar. Lo que sucede es que al abordar este tema las decisiones que se adopten deben ser cautelosas, con sentido común y sin perder el norte sobre lo mucho que se ha conseguido desde la Transición hasta hoy y lo que podemos perder si nos equivocamos, porque podíamos llevar a España a un callejón sin salida, a un estado ingobernable.

    Parto de la base de que atravesamos unos tiempos muy miserables, en cuanto a lo tocante a aspectos intelectuales, políticos y sociales. Intelectuales porque carecemos de un andamiaje cultural y de mentalidad de servicio público con bases sólidas, lo que nos conduce a hablar de la reforma de la Constitución sin saber muy bien lo que queremos o, lo que es peor, cada uno de los 47 millones de españoles tiene en su cabeza una constitución propia sin saber muy bien cómo amueblarla. Eso sí, aquí opina todo el mundo como si supiera de qué va la cosa. Aspectos políticos porque el bipartidismo –que en sí no es el peor modelo- ha sido rehén de la borrachera de poder unas veces con mayoría absoluta y otras en minoría, apoyándose en los nacionalismos que han minado el concepto de nación y aún del Estado. Podíamos traer aquí esa paremia del refranero español “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Pero lo cierto es que si en algo ha fracasado la Constitución de 1978 es que se ha quedado a medio desarrollar –por desgana y desidia partidista- y también porque muchas veces se incumple, casi siempre por deslealtad y por egoísmo. En tercer lugar, los aspectos sociales han contribuido a erosionar las normas de convivencia mediante un cambio brusco de valores positivos que teníamos como país –nos hemos dejado arrastrar por modas y corrientes pendulares- hasta caer en un pozo de relativismo o nihilismo en el que todo vale. Y no todo vale.

    Me llama la atención lo que expone nuestra profesora de Filosofía Política con la que estoy en desacuerdo en algunos temas. Trataré de explicarme y rebatirle su argumentación. Lo siento, y por ello pido excusas, pero tengo que extenderme un poco. Sus afirmaciones lo merecen y como supongo que me va a contestar le voy a destinar granada artillería.

    Deduzco por su escrito que Rodríguez Palop es partidaria del federalismo al igual que el PSOE o IU (luego volveré sobre el artículo 135 al que se ha referido). Lo que me gustaría es que me explicara a qué federalismo se refiere, porque dicho así, en general, es como no decir nada. ¿Se refiere acaso al modelo alemán?, ¿al de EE.UU? ¿o quizás al de México? Los tres son modelos federales pero los tres son bien distintos entre sí. ¿Me lo puede explicar sra. o srta. Rodríguez Palop? Y de paso, si tiene audiencia, dígale al PSOE y a IU que nos lo clarifiquen al detalle para saber a qué atenernos porque yo todavía no sé lo que quieren estos dos partidos cuando se refieren al modelo federal o a ese concepto etéreo de federalismo asimétrico que Rubalcaba bautizó y apadrinó y que ahora Sánchez no sabe cómo confirmar o desarrollar.

    Los nacionalistas no piden un estado federal. Piden un estado propio porque son soberanistas; es decir, no creen ni aceptan los artículos 1 y 2 de la Constitución. A lo mejor puestos a aceptar aceptarían como paso previo a la independencia un modelo confederal como el que intentó Maciá en 1931 al proclamar el Estat Catalá contra la II República. Algo de eso, o sea de la defensa del estado confederal, le he oído al ínclito, camaleónico y aprovechado –siempre nadando entre dos aguas- Durán y Lérida. Le recuerdo a Rodríguez Palop que lo primero que hizo la coalición CDU-SPD nada más gobernar en Alemania, a partir de 2005, fue reformar el Bundesrat (la Cámara de los lander) recortándole poderes. Y le recuerdo también que fue el actual presidente francés, socialista, Francoise Hollande, el que ha planteado no hace muchos meses una reducción de los departamentos franceses -¡que datan nada menos que de la era napoleónica!- de 22 a 14 regiones “para reforzarlas”, según dijo.

    Cuando el señor Ibarreche planteó su propuesta soberanista –y fue rechazada- en el Congreso, también se estaba refiriendo a un estado asimétrico y defendía el modelo de Puerto Rico, de estado asociado, como fórmula para superar el “problema” de Euskadi, según decía. La ignorancia desde luego es atrevida. ¿Estado asociado? Pero si los puertorriqueños no pueden ni votar al presidente de los Estados Unidos si no están empadronados en otro estado de la Unión. Desde 1917, son ciudadanos norteamericanos, sí…pero de segunda. No tienen votos en el Congreso y su soberanía no depende de ellos sino de las dos Cámaras legislativas norteamericanas. Pero, en fin, aquí cualquier boutade vale por si cuela. No voy a comparar el estado federal con el de las autonomías porque no es el caso, pero es la fórmula –muy parecida- que nos dimos para entendernos los españoles y hasta ahora ha funcionado más bien que mal. A lo mejor la idea que yo tengo de estado federal es la de circunscripción única –como apunta Guillermo- con un mínimo de votos del 5% para estar representados en el Congreso, como en el Bundestag de Alemania. Si fuera así no habría ningún diputado nacionalista en el Congreso o tendrían que ir en coaliciones entre los diferentes partidos nacionalistas. Como ve, no llueve a gusto de todos. En Alemania cada diputado representa a la República, a todos los alemanes. En España, algunos nacionalistas dan la impresión de que representan solo sus intereses partidistas, no los de todos los españoles.

    Ha citado la profesora Rodríguez Palop una crítica a la reforma del artículo 135. Pues mire por dónde, a mí me parece bien. Pero le recuerdo a la profesora que no ha sido la única reforma constitucional. El antecedente lo tiene en la reforma de 1992 para adaptarnos al Tratado de Maastrich. Y si no ha habido más es porque fracasó la Constitución Europea del sr. Giscard, constitución por cierto refrendada por el pueblo español mediante referéndum.

    Pero volviendo al artículo 135 le diré a la sra. o srta. Rodríguez Palop por qué se reformó. Sencillamente, porque desde Europa le pusieron las pilas al ex presidente Rodríguez Zapatero. Fue en mayo de 2010, durante un fin de semana, cuando el presidente español “sufrió” unas cuantas llamadas de algunos países europeos, del propio presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, y hasta del presidente de China, Hu Jian Tao (China tenía el 20% de la deuda española), que le dijeron lo siguiente: “O tomas medidas de recortes drásticas o te intervenimos”. Así de clara y así de cruda es la realidad. Mal que nos pese. A Zapatero -que durante dos años se había negado a aceptar que estábamos en crisis- le faltó tiempo para recortar pensiones, congelar salarios y de paso reformar el artículo 135 de la Constitución que se refiere a la obligación de la estabilidad presupuestaria para las administraciones públicas. ¿Puede explicarme qué otra alternativa nos quedaba? Así que nada de nocturnidad y alevosía: o sí, o sí, o palo y tentetieso. Claro que siempre queda la alternativa, para lo bueno y para lo malo, de ir solos sin contar con nadie pero también sin que nadie cuente con nosotros.

    Estoy de acuerdo con la profesora en que hay que avanzar en la democracia pero lo primero para avanzar es cumplir la ley –la que hay- y respetar la Constitución. Y desde la ley, si es necesario, reformar la Constitución. Sobre este respecto, alude Rodríguez Palop a los artículos 166 a 168. Bien, no hay inconveniente en flexibilizarlos aunque no dice cómo. ¿Acaso dándole más peso a las minorías nacionalistas u otras minorías? Pero antes hay que contar con los tres quintos de las Cámaras (210 votos para el Congreso y 160 votos para el Senado). En buena lógica, por el momento, esto solo lo pueden hacer los dos grandes partidos si se ponen de acuerdo. Y si no, pues sencillamente no se puede hacer ese cambio. Por cierto, la reforma implica disolver las Cortes si es total o si es parcial pero afecta al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I o al Título II. En ese caso se requieren dos tercios (234 votos en el Congreso y 177 votos en el Senado). Se deben convocar elecciones y las nuevas Cámaras tienen que aprobar la nueva Constitución y someterla después a referéndum. Es la ley. Y la ley hay que cumplirla no desdeñarla ni apartarla cuando no conviene. Y eso debe servir para todos los partidos políticos, de un espectro o de otro. Aquí lo que sucede es que fallan todos y, sobre todo, los que tocan poder, o sea también el PP y el PSOE por decirlo más claro.

    Alude la profesora a la monarquía y al artículo 8º de la Constitución. Me remito a lo que he dicho antes sobre la reforma total o parcial, pero en un ejercicio de funambulismo político mezcla churras con merinas, sin aludir al artículo 16 de la Constitución y nos coctelea la república con el estado laico como si fueran en el mismo paquete. Supongo que sobre esto volveremos a hablar si me contesta, así que me reservo para no extenderme mucho más.

    Después cita el artículo 67.2 con el cual estoy de acuerdo por ser conceptualmente liberal aunque admito que tiene matices. La postura de la profesora Rodríguez Palop me recuerda a las promesas o juramentos de los diputados batasunos – y otros- cuando contestaban al recibir el acta: “acepto por mandato imperativo”. O sea, todo lo contrario a lo que dice ese artículo. A mí lo que me interesa es el debate parlamentario sin coacciones ni presiones o cortapisas no solo de los electores sino también de los partidos políticos. No soy muy partidario de la disciplina de voto de partido. A lo mejor por esta vía de reforma del sistema electoral, democratización de los aparatos, y de listas abiertas sin bloqueos quizás podríamos entendernos y acercar nuestras posturas.

    Por último, también podríamos entendernos – si lo concreta más – en los artículos 87.3 y 92, aunque comprendo que no ha tenido espacio para desarrollar mejor sus ideas. Respecto al artículo 129.2 admito mis reservas sobre ese tránsito. Pero no porque no esté de acuerdo sino porque observo que España es diferente a Alemania donde sí funciona la cogestión. A lo mejor profesora lo que había que reformar en este paquete que usted propone es también a los sindicatos porque, mire usted, a mí me encantan los sindicatos alemanes que se mantienen con las cuotas de sus afiliados que es de donde se financian principalmente. Y pese a tener fuertes cajas de resistencia, la conflictividad en Alemania es mínima. En España, el sindicalismo tiene mucho de lo que regenerarse y mucho que cambiar. Para empezar deben ser más transparentes –sé lo que gana un ministro, pero no sé lo que gana Méndez o Toxo, y de sus cuentas y presupuestos para qué hablar-, y vivir menos de la sopaboba del Estado y de las autonomías, o sea de nuestros impuestos, y de la trampa del dinero público que les llega para la formación. Lo mismo vale para las patronales, que son como los sindicatos pero con cuello blanco.

    Estimada profesora, le cedo la palabra. Es su turno.

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    • Me centro en el problema de la autodeterminación. La reforma de la Constitución es la vía jurídica que podría permitir que Catalunya y Euzkadi permanezcan en España.Obviamente requiere voluntad política.Así , con calma , sigue pasando el tiempo y la cosa se enquista en Catalunya. Así que habrà que dejar de decir que la Constitución se puede cambiar , ya vale de alargar el problema, y empezar los primeros pasos, con cabeza claro, aunando voluntades.No hay partir de cero hay mucho hecho , y bueno.Si finalmente no hay acuerdo que no sea porque no se ha intentado.

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      • A que te refieres conque permanezcan en España?
        A que permanezcan según sus términos, o lo hagan en los términos de todos los españoles?
        Lo digo porque hay una pequeña diferencia, no creo que sean 15 comunidades autónomas las que se tengan que adaptar a los caprichos de 2, en todo caso debería ser al contrario y si no por mi parte ya saben lo que tienen que hacer, en mi opinión ellos pierden más.

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      • Tarod, me refiero a que permanezcan en términos aceptables por todas las partes. Sino hay acuerdo un divorcio amistoso es la mejor opción, estamos de acuerdo en eso. Probablemente sea difícil porque Catalunya es Europa.

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  6. Lo ideal seria cambiar de sociedad pero como no es posible, no a corto plazo, el cambio de la Constitución puede abrir unos cuantos melones. Senado y organización territorial, café para todos o solo para algunos, referéndum sobre la monarquía, las relaciones ejecutivo-legislativo, pero sobre todo con el judicial.Particularmente hay que echar a los partidos de del CGPJ y de algunas otras instituciones. O partidos políticos democráticos (lo cual se explicita ya en la actual constitución)o imposibilidad de concurrir a las elecciones (lo cual creo que debería introducirse).Listas abiertas y desbloqueadas. Seguro que hay mas….

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  7. Camarada Juan, cierto que soy un nostálgico que prefiere a Di Stéfano antes que a Bale… Pero no estoy parado en el tiempo. Una cosa es que no hable de ruptura y otra que defienda con pasión que se reforme la Constitución. Empecemos por aquí: queda prohibido que un cargo público que privatice un sector acabe engrosando luego las filas de una empresa de ese sector. Por ejemplo.

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  8. De acuerdo con Guillermo, no podemos quedar estancados en una constitución que se escribió adecuada a la situación que había casi 40 años atrás, España ha cambiado socialmente desde entonces, no tiene que si la sociedad de un país cambia y evoluciona su constitución no lo haga.
    Los cambios que propone María Eugenia me parecen demasiado radicales y que en alguna cuestión (federalismo) solo sirve para complacer a un par de comunidades, aunque al final todas lo abrazarían, pero no porque sea lo mejor para el país, sino porque los políticos sacarían más ventajas para hacerse favores a si mismos.

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  9. Está en manos de quienes gobiernan hacer buen uso de nuestra Carta Magna. Comprendo la postura de los tres ponentes -si bien, María Eugenia y Guillermo van más allá aportando soluciones de su cosecha- pero no pierdo de vista la voluntad política de quienes nos representan y la posibilidad efectiva de acometer cambios en el texto mediante los mecanismos previstos en el mismo. Si nada cambia es porque no hay voluntad política, no es culpa del marco.

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  10. No puedo votar a María Eugenia porque el recital de números de artículos de la Constitución que nos brinda me suena a chino, además de resultarme insufrible. Miguel Ángel es de los que cuando su equipo pierde un título se alegra por victorias pasadas vistas en blanco y negro, en vez de mirar al frente para ponerse a trabajar y ganarlo la siguiente temporada. Comparto la totalidad del texto de Guillermo, no porque sea mi hermano, que lo es, sino porque tiene todo el sentido del mundo. Pero quizá sea sólo que el Derecho (para nada los derechos) me aburre soberanamente.

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