El personaje del año 2014 es…

Termina el año 2014 y toca hacer balance. Muchos han sido los asuntos que han ocupado los titulares en estos doce meses y muchos los nombres propios. En la política española cuatro nombres destacan por encima del resto: Felipe VI, Francisco Nicolás, Pablo Iglesias y Artur Mas. Éste es el cuarteto elegido por nuestros cuatro púgiles del que saldrá este particular “person of the year”.

 
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Felipe VI for president

Miguel Ángel Malavia

Los que soñamos con vivir rescoldos vivos de la Historia, tenemos un cierto toque de ‘pequeñonicolases’ apegados a los saraos de masas y además somos nostálgicos del régimen del 78 (sí, hablo en pasado para prepararme para lo que me temo que viene), hemos tenido en este año que concluye dos grandes citas: la fila inmensa para despedir con emoción y gratitud a Adolfo Suárez en su hora final y el entusiasta abrazo al nuevo portador de la Corona, Felipe VI, rey de todos los españoles por la gracia de la Constitución.

Ambas peregrinaciones laicas tuvieron lugar en las Cortes, sede de la soberanía nacional custodiada por nuestra Monarquía Parlamentaria. El detalle no es baladí. En un tiempo de apogeo de nuevos rostros, bendecidos popularmente por ostentar la máscara de un impostado y beatífico personaje (Pedro Sánchez, Pablo Iglesias), Don Felipe representa a la vez lo mejor que hemos tenido en estas décadas (el régimen del 78 es libertad y democracia como nunca hemos disfrutado en este loco país) y el compromiso firme por ahondar en lo que mejorará el camino a recorrer (transparencia, decencia y una mirada joven y sin ira que se toma en serio el reto de lograr una sociedad más justa y equitativa).

En definitiva, el sucesor de Juan Carlos I ostenta como ningún otro personaje de esta España nuestra (tampoco ya su padre) la idea de la autenticidad. Y, si no, ¿acaso me negarán que muchos de los republicanos de pro no votarían por él como presidente de la Tercera? Ningún hombre está hoy y aquí tan preparado como él para desempeñar una función tan alta. No gobernará, pero sí será sostén, garantía e imagen. La mejor de todas. ¡Felipe VI for president!

Me llamo Nicolás, Pequeño Nicolás

Guillermo Llona

Cuántos españolitos hubiesen vendido un riñón y alquilado el otro por estirar las cervicales como lo hizo él ante Felipe VI. Con qué gracia ocultó bajo su barbilla el chuletón que tiene por papada. A mucha gente le da vergüenza reconocer que le ponen los famosos y las cámaras, pero él, siendo sólo un niño, salió del armario: qué leches, esto es lo mío, ¡carpe diem! Y comenzó una vida repleta de aventuras que, parece, ha llegado a su fin. Es, sin duda, el español del año. Por favor, no utilicen más la palabra “emprendedor”, digan Pequeño Nicolás.

Espiaba para la TIA en saraos en los que se codeaba con personalidades como el expresidente José María W. Aznar o Rodrigo Rato. En una de las muchas imágenes que se han publicado de sus operaciones lo podemos ver flanqueado por dos de las chicas más influyentes y bellas de nuestro país: Esperanza Aguirre y Ana Rosa Quintana.

Su poder era enorme. Tenía contacto directo con el Rey sénior, que le encomendaba por teléfono misiones secretas llenas de explosiones, coches caros, cócteles sofisticados y chicas buenas y malas pero siempre sexis. Incluso sedujo a la patronal madrileña, la llevó a su piso franco, la hipnotizó con sus ojazos azules y la dejó sesteando en el sofá. Desconocemos si después la despertó con un beso. Se cree que tenía planeado hacer lo mismo con todas las pechotes del Ibex 35: una tras otra, atraídas por ese flequillo Nuevas Generaciones, irían cayendo en su picadero.

Trabajó sin descanso -el día que lo detuvieron estaba a punto de sablear 10.000 euros a un incauto- y se jugó el tipo en operaciones de alto riesgo para desactivar el proceso independentista catalán. Y así es como le paga España… Lo quieren quemar en la plaza del pueblo, pero él, como el Petit Nicolas original, el de las historietas de René Goscinny, sólo estaba jugando.

Ha tenido suerte de llegarse a conocer

Javier Moya G.

Lo siento por mis contrincantes esta semana pero no hay duda de que Pablo Iglesias es el personaje del año en 2014, con permiso del Cholo Simeone. El argentino va partido a partido; el vallecano Partido a Partido. En unos meses se ha merendado las expectativas de éxito de IU y UPyD, ha precipitado la pasokización del PSOE y en Génova le tienen más miedo que a Carromero conduciendo un coche con dos bombonas de butano.

Pablo Iglesias ha entrado en la política española como Hermann Tertsch en una barra libre: arrasando. Y no porque lo diga yo; ahí están Inda, Esperanza Aguirre o las cadenas de extremo centro de la TDT que son muy responsables del auge del “coletas”. Y él, como loco con ese rol de rock and roll star. No me negaran que tiene algo de sobrenatural. Con 36 años ha militado en ETA, ha sido el mini-yo de Chávez, ha estudiado las técnicas del gulag estalinistas, ha matado del disgusto a Botín y a Isidoro, ha hecho que Juan Carlos I deje el cargo que le correspondía por apellido para dedicarse a las que siempre fueron las pasiones de todo buen Borbón y ha convertido a su amada en la candidata favorita de militantes y simpatizantes de IU-CM.

Pero no contento con eso promete seguir dando guerra en 2015 para sacar a todos los presos de ETA a la calle, hacer la cobra a los acreedores de la deuda española, fomentar la vagancia con su renta básica y, ya que nos ponemos, romper España un poquito. Siempre sin perder la oportunidad de darse un buen baño de masas o colarse en nuestra tele. Que tiemblen explotadores, especuladores y demás casta: los poderes sobrenaturales del profe Iglesias aún no han encontrado su kryptonita. Con la doble cita electoral que se nos viene encima en 2015 estoy seguro de que más de uno tiene sus laboratorios funcionando para encontrarla.

Artur Mas superstar

Mauro Picatoste

En un año en el que se ha hablado de política pero en su vertiente menos política, Artur Mas ha sido el más. El presidente de la Generalitat comenzó un camino que parecía no tener salida; aún ahogado por los problemas que conllevaba su gobierno, que no ha sobrellevado la crisis económica, enarboló la bandera del independentismo catalán. Digamos que se puso la senyera por bandera para iniciar una nueva etapa política en Cataluña. Atrás quedaron los rifirrafes internos para, progresivamente, centrar el camino en la obtención de la independencia.

Y 2014 ha sido el de los focos, las estrellas y el paseo de la fama. Con el peso de los medios en contra y la calle a su favor. De hecho, la mezcla de ambos elementos fue determinante. Salgamos a la calle con nuestras banderas y que lo saquen todos los medios. Así empezaba a fraguarse la petición de la consulta por parte de los catalanes. Manifestaciones y Diadas, personalidades apoyando la causa y discursos con el Gobierno en pleno a modo de photocall de lujo. Mientras, en Moncloa los días pasaban como si nada: ojos, boca y oídos. Todo tapado, como el que cree que, si se cubre la cara, no le ven.

Al final, llegó el 9-N, una consulta sui generis sin oficialidad de la que se habló más antes que después. Rajoy no quería nada oficial, y Mas no quería nada absurdo. Al final, ni para uno ni para otro; más bien, empate. Era como un final con letras de “continuará”. Para el año que viene aún queda diversión. La posibilidad de elecciones anticipadas y más batallas cruentas, subidos a púlpitos. Y Mas, con dos posibilidades: acabar como mártir de la causa; o a la alargada sombra de Oriol Junqueras. Sea como fuere, Mas Superstar.

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