Viejos y nuevos dioses del fútbol

La semana pasada Cristiano Ronaldo ganaba su tercer Balón de Oro en Zúrich. Como ya es habitual, el galardón fue una competición entre el portugués y Leo Messi, que quedó en segundo puesto. La gala del Balón de Oro es una muestra más de cómo ha cambiado el fútbol en las últimas décadas. Por eso, esta semana cuatro púgiles hacen una selección muy personal del futbolista al que más les habría gustado ver y del mejor al que han visto.

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Sócrates y Baggio, lo que queda al final del partido

Cristoforo Spinella *

La primera vez que vi un partido en VHS fue el Italia 3 – Brasil 2 del Mundial de España. Tenía una buena excusa para habérmelo perdido en vivo: nací dos años después. Pero mi padre quería mostrármelo. La mitología de un triunfo contra los gigantes, ganando probablemente al mejor equipo de la historia, era tan fuerte como la manera icónica del comentarista italiano de repetir esas dos palabras que no podían ser más italianas: Paolo Rossi, Paolo Rossi, Paolo Rossi. Tres veces, como los goles que le metió a Brasil el pichichi del Mundial. Pero en el mostrarme con diez años ese partido había algo más, nada nacionalista. La otra razón de ese VHS era la de enseñarme el Taco de Dios, un tío con mucha barba e igual talento. Mirándolo en el campo se veía algo diferente: su manera de moverse, ligero aunque grande, sus piernas largas largas que llegaban a cualquier punto, su cabeza siempre alta. Sócrates, una fascinación increíble. Y cuando después, con algunos años más, aprendí toda la historia de la Democracia Corinthiana, de un tío que vino a Italia “para aprender a leer Gramsci en su idioma”, mi elección ya no fue inconsciente.

Preferimos a los futbolistas por pertenencia o por sugestiones. Nos enamoramos cada semana de jugadores diferentes. Así que solo fragmentos pueden servir para crear el cuadro. Y en el mío se pinta Roberto Baggio, que me ha mostrado lo que es el fútbol fuera de las reglas. Un campeón al que muchos no querían, porque no sabían qué hacer con él. Difícil colocarlo en el campo porque cuando él estaba todo era diferente: tácticas, jerarquías, hasta ideas. Sin que hiciera falta que él, budista, nunca hubiera levantado la voz a sus compañeros. Un líder natural, más bien con un estilo inimitable –¿quién tiene el “codino” hoy?– y la clase como única arma. Así que cuando fallaba en algo, no tenía otra defensa. En mi cabeza, todavía quedan solo los goles. Del resto me acuerdo solamente.

* Cristoforo Spinella es periodista italiano.

Érase la furia: Di Stéfano y Cristiano Ronaldo

Miguel Ángel Malavia

Si hablamos de jugadores de fútbol admirados, vistos o no vistos, de ayer y de hoy, podría ofrecer una catarata interminable de nombres. De ahí que, para encauzar la subjetividad, acote algo la selección ciñéndola a mi Real Madrid. Así, estarían los artistas modernos: Laudrup, Zidane, Özil, Isco. Y los estilistas antiguos: Didí, Velázquez, Puskas, Kopa. En cuanto a los pasionales, impactan los guerreros de la nueva era: Sergio Ramos, Raúl, Hierro, Míchel Salgado. Pero no menos que los de las campañas galas: Camacho, Pirri, Juanito, Goyo Benito.

Y ya no me lío más. Si se trata de elegir a los dos grandes jugadores que, desde mi óptica apasionada, considero más completos, voy a lo seguro y me quedo con estos titanes: Alfredo Di Stéfano y Cristiano Ronaldo. A mis 32 años, a Don Alfredo solo lo he soñado, desde las historias escuchadas a los venerables y desde los documentales y partidos en blanco y negro recuperados: ahí he descubierto a ese nueve que es un todocampista, que roba balones en defensa, que sube la bola, que apoya a todos los compañeros en cualquier esquina del verde y que, ante la puerta, hace estallar la furia con todos los recursos a disposición de un mago. Ah, y la personalidad del gran jefe: toro en campo propio y torazo en el ajeno, como siempre decía él mismo.

Mucho de esto lo estamos viendo hoy con nuestros ojos los que no caemos en los prejuicios y vamos más allá del “chulo portugués”: Cristiano Ronaldo no lleva más goles que partidos en el Real Madrid por casualidad. Es la pasión hecha carne. Sin ser el mejor jugador del mundo (Messi es el más dotado por la naturaleza), lo lleva siendo desde hace dos años por una tenacidad llevada hasta el extremo. El de Madeira es fuerza, regate, velocidad y disparo, sacando cañones de las dos piernas y de su cabeza. Pero no es solo un atleta: es un soñador. Como Don Alfredo, sabe que el camino para ser el mejor es querer serlo de verdad. Y es que también se puede ser poeta luciendo músculos.

Cantona y Ronaldinho cambiaron destinos

Mauro Picatoste

El Balón de Oro me sobra cada día más. Sólo es un soniquete que acompaña los últimos meses del año y que sirve para debatir en el bar. Yo me quedo con otros reconocimientos: los que me aportaron algunos desde el verde.

Pocos pueden decir que han cambiado el rumbo de la historia de un club. Él sí. Llegó al Leeds después de pegarse con toda Francia, ganó una Liga y se marchó al United, que hacía 25 años que no rascaba nada. La Premier actual nació de su mano. Lo poco que nos llegaba de Cantona era brillante. No era rápido ni goleador abusivo, pero era la esencia del fútbol. Vivió rápido y murió joven, como una estrella de rock. Fue el devil más fuerte. Su gesto y su físico tosco se tornaban delicados con el balón al tiempo que pateaba a un aficionado del Crystal Palace o derrotaba para Nike al mismísimo diablo. Entregó la gloria a Ferguson y apadrinó a la camada de los Fergie boys. Sólo lo vimos como tercer clasificado del Balón de Oro del 93, pero ganó el premio más importante: la afición del United le eligió mejor jugador del equipo del siglo XX.

Otro que cambió el destino de su equipo fue Ronaldinho. Llegó casi por casualidad al Barcelona cuando el azulgrana era el color depresivo y se presentó en sociedad a las 12 de la noche ante el Sevilla con un golazo. La noche sería precisamente lo que acabaría con él. Pero mientras las piernas le funcionaron, no dejó de sonreír para hacer felices los demás. Después de tres años gloriosos, cayó con la fuerza de la altura alcanzada. Fue protagonista de todo lo que ganó, dejando goles y gestos técnicos que no se han vuelto a ver. Opositó a ser el mejor, pero se pegó de bruces con la oscuridad de los excesos nocturnos. Aun así, cubrió bajo su ala a un joven Messi al que cedió el testigo de las páginas de oro del fútbol. Él sí ganó el reconocimiento del Balón de Oro, e incluso el de la grada enemiga cuando tumbó al Madrid en el Bernabéu. Hoy nos siguen llegando imágenes de Ronaldinho y sus goles en ligas menores, que sólo nos hacen preguntarnos qué hubiese sido si hubiese querido ser.

Gárate y Xavi, dos buenos tipos

Javier Moya G.

El jugador al que más me habría gustado ver es un tipo atípico. Eibarrés nacido en Argentina, nieto del teniente-alcalde republicano de su pueblo, ingeniero, expulsado una sola vez en toda su carrera y obligado a dejar el fútbol por un hongo en su rodilla que le pudo costar la pierna. Pero sobre todo es un tipo honesto y un delantero con una clase soberbia. Por eso sigue siendo un ídolo de quienes le vieron golear en los primeros años del Estadio del Manzanares. Quienes no tuvimos esa suerte nos conformamos con los relatos de nuestros mayores sobre aquel ingeniero del área que no celebraba los goles para no ofender a los rivales. Y no lo hacía a pesar de que sufrió en sus carnes la dureza de ese fútbol de melenas y marcajes al hombre, por no decir a la rodilla. Ese delantero fino y espigado es José Eulogio Gárate, un caballero capaz de hacer horas de cola en el estadio que lo idolatró para comprar una entrada para un amigo.

No soy nada partidario de los premios individuales en un deporte de equipo y asociativo como es el fútbol. Además, asumo que si naciste en los 80 o los 90 y no crees que Lionel Messi es el mejor futbolista al que has visto, eres un forofo o un romántico. Yo, que tengo un poco de lo segundo, me quedo con Xavi Hernández. Xavi ha sido el cerebro de los dos mejores equipos que he visto en mi vida: la España de Luis y el Barça de Guardiola. El metrónomo de dos orquestas excepcionales. Un futbolista que piensa con los pies y juega con la cabeza. Eso dentro del campo porque fuera, en un mundo de divos, chonis millonarios y cabezas huecas, Xavi es de esos pocos futbolistas que siempre que habla dice algo.

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3 pensamientos en “Viejos y nuevos dioses del fútbol

  1. Mmm… interesante. Por dónde empiezo. ¡Arriba los antihéroes! Cantona, Baggio o Ronaldinho. Qué además de inflamables, son los futbolístas más descarados de cuantos habéis propuesto.

    Me hubiera gustado ver jugar a Franz Beckembauer, por curiosidad. Me cuesta asimilar que un líbero pudiera estar tan endiosado en su faceta ofensiva, insólito. Por otro lado, Messi o Cristiano Ronaldo me tienen un poco aburrido, son excepcionalmente técnicos y potentes con respecto a los pares contra los que se suelen medir (¿hace falta otra cosa para triunfar en el fútbol de hoy día?). Me han divertido más los jugadores menos “arcade”, quizás algo más apoyados en su talento o interpretación futbolística que en la excepcionalidad de su físico… esos Zidane (que inventó una nueva posición en el fútbol… “pon a Zidane en el campo y deja que haga lo que quiera”); Michael Laudrup (de regate predecible pero imparable, quién no ha jugado a dar pases de Laudrup sin mirar); R.Baggio-Totti (No les hacía falta ni correr para marcar la diferencia y la dupla Totti-Cassano era un espectáculo no digo ná); Xabi-Iniesta (Saquemos pecho); Ronaldinho (El Talento de excepcional criterio. Referencia indiscutible para Messi, no me cabe duda)… por otro lado están los futbolistas bestiales o modernos, adelantados a su época: Pelé-Sócrates-DiEstéfano-Maradona-Eusebio… que abusaban de una condición física de la que pocos futbolistas eran capaces de defenderse. Si, el deporte ha evolucionado y pocos peloteros de antaño aguantarían el ritmo actual pero no me cabe duda de que éstos estarían entre ellos.

    No me enrollo más, a votar señores se ha dicho.

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  2. También quiero comentar mi punto de vista sobre el mundial 82.Los Españoles nos llevamos una gran decepción cuando a España la eliminaron a la primera de cambio.Y perdimos un poco de interés.Al final Italia nos hizo disfrutar con los goles de Rossi y en la final con Alemania viendo en el palco al presidente de Italia levantando los brazos cada vez que Rossi marcaba.
    Todos nos sentimos un poco Italianos y disfrutamos con su selección a la envidiamos un poco.

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  3. me considero un privilegiado he visto a todos.A Diestefano quizá al que menos y a Cantona por la lejanía.Pero me ha entusiasmado Garate y Xavi que se ha merecido el balón de Oro dos años en que lo ha ganado todo .Y lo poco que vi a Socrates en los mundiales tambièn me entusiasmo.Sin quitar valor a Mesi y a Ronaldo al que le pierde su tonteria y su egocentrismo.

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