Aciertos y desaciertos del cine español en 2014

El pasado sábado la Academia del cine español entregó sus premios Goya. La gran triunfadora de la gala fue “La isla mínima”, que se hizo con 10 galardones. La película española más taquillera de todos los tiempos, “Ocho apellidos vascos”, también fue reconocida con unos cuantos “cabezones”. En este combate tres púgiles dan su opinión sobre lo mejor y lo peor del cine patrio en 2014.

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¿Crisis de autoestima?

José Luis Celada *

Con motivo de una nueva edición de los Premios Goya (“la fiesta del cine español”), hemos leído estos días que 2014 no solo fue el año del polémico 21% de IVA cultural, sino que las producciones patrias superaron el 25% de cuota de pantalla durante el último ejercicio. ¿Qué fue de la crisis?, se preguntan algunos; ¿por qué se queja tanto nuestra industria?, cuestionan otros; ¿a qué se deben estos datos?, deberíamos tratar de explicarnos todos para evitar juicios precipitados o estereotipos trasnochados.

Hubo una película el pasado año –Ocho apellidos vascos– que nos hizo reír como no se recordaba desde el primer Torrente (1998) y, seguramente por eso, disparó los ingresos en taquilla a cifras de récord. Pero nuestro cine se doctoró también en géneros como la acción (El niño) o el suspense (La isla mínima). Claro que las marismas del Guadalquivir recuerdan a los humedales de Luisiana de True detective, pero quién se atreve a defender qué fue antes: ¿el huevo o la gallina? Viejos complejos que ya nos hicieron dudar de la Blancanieves (2012) de Pablo Berger por su hermanamiento estético con la oscarizada The Artist (2011).

Revisando los principales títulos que han competido por hacerse con el Goya, se confirma la impresión creciente de que el talento vuelve a sobreponerse a la crisis de recursos, de que la imaginación empresarial (ahí está la exitosa Fiesta del Cine) corrige la torpeza gubernamental y, sobre todo, de que han quedado definitivamente superados tantos y tan injustos tópicos sobre las “españoladas”.

Han sido décadas de divorcio entre el público y el cine de casa, un distanciamiento en ocasiones justificado, cuyas peores huellas se dejan ver en decenas de películas para olvidar y en algo todavía más grave: una crisis de autoestima que ha puesto en peligro uno de los grandes activos de nuestro patrimonio cultural. Nunca es tarde para reponerse del trance, aunque bajar el precio de la entrada ayudaría a ello.

* José Luis Celada es crítico de cine en la revista Vida Nueva

Made in Spain tatuado en la sien

Rafa Soto Guarde

El cine español se congratula de haberse hecho un gran hueco en la taquilla de 2014. Y merecido lo tiene, ya que ha conseguido acertar con temas o formas de hacer que han interesado al gran público.

Más allá de una tan demandada mejora en la gestión cultural de este país, tanto en precios, IVA, subvenciones y auditorías como en promoción, pirateo, asociaciones y endogamias, el carácter del cine que se ha estrenado este año en España muestra síntomas de buscar cariño.

Es evidente que una gran recaudación no es sinónimo de calidad pero tampoco lo es de truñismo. Este año la historia está narrada por grandes obras y mucho público. Mientras la chica mágica, las flores, los 10.000 kilómetros, la hermosa juventud, las musarañas… ofrecen la parte de calidad, e incluso de maestría; los ocho vascos con nombre y apellidos, el torrencial quinta parte, Panchito el millonetis, el perdona si te llamo amor o el kamikaze, ponen la pasta. Pero he aquí que entre ambos mundos han hecho camino algunas interesantes producciones, como la isla mínima, el niño de ojazos azules, el Mortadelo de Fesser y la dura y espesa Carmina, que han redondeado este buen año.

A pesar de estos números y estos títulos, seguimos anclados en un rechazo generalizado al cine español, que parece más bien heredado que verdadero. No hace falta más que ver el triunfo de las series que pueblan nuestra televisión, su calidad es muy cuestionable, pero su éxito no.

Las frases de presidentes y sucedáneos que niegan el mito del chupopterismo de subvención del cine español siguen sin ser suficientes. Tener y mostrar las cuentas claras es una premisa muy hipster, pura moda, por lo que azucemos a nuestros productores, distribuidores, patrocinadores, ministros de Cultura… a marcarse un baile de cifras para que todos podamos sentir este recién estrenado éxito como propio.

Y también exijamos productos de calidad con intérpretes de sueldos razonables, que no vergonzantes, que estén a la altura. Exijamos temáticas que resulten, como poco, atractivas, embadurnadas de promoción y buen hacer. Exijamos que se nos vendan y se nos muestren esas películas que en parte pagamos. Seamos por una vez los cabezones que den prestigio a su cine.

Dos títulos clave para el cine patrio: entre el Guadalquivir y la niña de fuego

Ibai Ramos *

Si nos fijamos en las cintas que eran candidatas a mejor película en los Goya obtendremos una muestra perfecta de lo que a día de hoy es el cine español: dos películas financiadas por los dos grandes conglomerados mediáticos (La isla mínima y El niño), una independiente que ha visto la luz más por pura pasión que por facilidad de financiación (Magical girl), una en lengua no castellana (Loreak) y otra argentina –se presenta como tal a los Oscar– (Relatos salvajes), producida por los hermanos Almodóvar.

La isla mínima tiene bien merecido todo galardón que le sea otorgado. Es una película que va al grano y no se detiene en subrayados para el espectador, al que se le presume mínimamente espabilado. Es también una propuesta de género que sabe plantear cuestiones en una dimensión más amplia sin renunciar a su naturaleza. Todos y cada uno de los elementos de la película saben destacar en armonía, siempre al servicio del conjunto.

En Magical girl brillan especialmente Bárbara Lennie, actriz principal, José Sacristán, actor secundario, y su guión original. Es una propuesta más enfocada a un público con cierta predisposición a su juego, pero está construida y ejecutada con la misma precisión y maestría que los mejores títulos comerciales. Aunque ya fue recompensada internacionalmente en San Sebastián, era necesario un gesto en clave local que sirviese para que la parte más asentada de la industria hiciera un guiño a los creadores que están peleando desde los márgenes de la misma.

Desgraciadamente, en la gala de los Goya estuvieron presentes las críticas a la política cultural y la piratería. Ambas son ya un clásico: la primera, porque en lugar de encarrilarse cada vez va a peor; y la segunda, por ser un perfecto pretexto para la pasividad de todos los implicados en lo concerniente al resto de problemas y retos de la industria cinematográfica.

* Ibai Ramos se describe como “un extraño espécimen que acude a las salas de cine, paga una entrada y se sienta en la oscuridad a ver lo que el séptimo arte tiene que ofrecerle”. Sospecha pertenecer “a una especie en vías de extinción”.

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4 pensamientos en “Aciertos y desaciertos del cine español en 2014

  1. ¿Cómo está el cine español? Si tenemos en cuenta que el Hotel Auditorium de Barajas, donde se celebró la ceremonia de los Goya, ya tenía reservados todos los salones a Antena3 y Telecinco varias semanas antes de la ceremonia. Deberíamos aclarar que ha sido un gran año para nuestras televisiones. Se han repartido los Goya y tan amigos. Bendito porcentaje que están obligados a gastar las cadenas en la industria del cine, eso sí: creando su propia productora, auto-promocionándose (así no hay quien compita), auto-pagándose lo que están obligados a dar por ley siempre que pueden. Al final, los verdaderos profesionales del cine comiéndose un mojón.

    Carmina (50.000 euros de presupuesto) y La Isla Mínima (4.000.000, que se dice pronto) jugando en la misma liga? El pescado está vendido.

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  2. Si se dejan los prejuicios a un lado, ya no se puede repetir el mantra pesadísimo de que el cine español es malo, politizado, verdulero y servil. Este año se ha visto una peli de acción al estilo Hollywood (El niño), una de miedo de las que erizan la piel (Musarañas, con una brutal Macarena Gómez) o una de detectives con esencia y mucha personalidad (La Isla Mínima; lo siento, no he visto True Detective para comparar). Eso sí, la mejor película de largo del cine español en 2014, aunque sea hispano-argentina, es Relatos salvajes. Han pesado otros intereses para obviar una obra de arte electrizante. Sí, aún nos queda seguir trabajando en esas otras cosas que no se ven en las pantallas.

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    • Miguel Ángel, si hasta Mortadelo y Filemón se la ha marcado TVE y la han promocionado como unos panderentas. El cine está en manos de lo que quieran las televisiones, no se produce cine por otras vías y el gasto medio en cine ha caido en 2014 al igual que las producciones. El cine sobrevive a las faldas de la propaganda de los grandes holding de la comunicación. Y para de contar.

      De agradecer que algunas producciones desafíen a las bestias.

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