Luces y sombras del cine de fuera en 2014

Anoche se celebró la 87ª edición de los Oscars. Como en ocasiones anteriores, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha premiado a las películas más destacadas del año pasado. Pese a que era Boyhood la que partía como favorita, Birdman consiguió el galardón a mejor película y su director, Alejandro González de Iñárritu, el de mejor director. El cine vuelve a Cuadrilátero 33, y esta semana tres púgiles se ponen los guantes para hablar de las cintas que más han brillado, y de las que han decepcionado, en 2014.

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Lo más destacado viene de Mauritania y Estonia

Alejandro Gaspar *

Timbuktu es la primera película enviada por Mauritania para participar en la carrera por el Oscar a la mejor película extranjera: el resultado ha sido la primera nominación para el país africano. No es un mal promedio, desde luego. Sin embargo, la película de Abderrahmane Sissako no es solamente relevante por esa anécdota. Timbuktu, que se desarrolla durante la ocupación del norte de Mali por parte del grupo islamista Ansar Dine, ocurrida en 2012, nos permite contemplar de cerca uno de esos sucesos lejanos e inquietantes que pueblan los noticiarios. En la película de Sissako, la visión relajada del islam que comparten los habitantes de la vieja ciudad en el desierto se ve alterada por la rígida y dogmática interpretación de los ocupantes, hombres que se pasean en todoterrenos blandiendo subfusiles y recitando sus consignas a través de megáfonos. Con un tono de delicada absurdidad, la película nos muestra la manera en que las situaciones cotidianas derivan en violencia, una violencia que incluye desde matrimonios forzados hasta la lapidación de una pareja que “vivía en pecado”.

Pero lo más destacable de la película es el tratamiento que hace de los islamistas radicales, que aparecen reflejados como unos jóvenes algo confusos que se muestran desconcertados cuando encuentran muestras de resistencia por parte de los habitantes del lugar y que encuentran dificultades para cumplir sus propias consignas: se esconden para fumar detrás de las dunas, hablan de fútbol cuando han prohibido la práctica de ese deporte y contemplan a las mujeres de una manera muy distinta a la que les ordena la religión. Es un retrato humano que resulta especialmente bienvenido por cuanto los radicales islámicos aparecen normalmente reflejados en el cine como sombras desprovistas de humanidad, que escapan al cualquier clase de conocimiento o comprensión.

Timbuktu no es una película completamente desconocida para los aficionados al cine: su éxito en el festival de Cannes de 2014 se tradujo en un reconocimiento internacional para el que la presencia en la ceremonia de los Oscar es solamente la culminación. Si los Oscar de este año nos proponen un descubrimiento, sería la película Mandarinas, de Zara Urushadze, elegida para representar a Estonia y que ha conseguido la nominación por sorpresa, lejos del radar de los festivales de prestigio y de los conocedores del cine internacional. Esta coproducción entre Georgia y Estonia se desarrolla en 1992, durante la guerra de Abjasia, en la que este territorio buscaba independizarse de Georgia. Es un viejo conflicto surgido tras la disolución de la Unión Soviética, una nota a pie de página en el mundo moderno, a la que Urushadze da vida a través de unos recolectores de mandarinas que salvan la vida a dos enemigos, un checheno y un georgiano, cuyo conflicto se revive a pequeña escala en la finca en la que se recuperan de sus heridas. Como Timbuktu, nos demuestra la capacidad del cine para entender a las personas que viven tras las abstracciones de las noticias o de la historia.

* Alejandro Gaspar es autor del blog de cine Visiones.

Mucho hype y pocas nueces

Sandro Escariz *

Repasando las películas de 2014 que he visto, llego a la conclusión de que las que más hype han recibido son, precisamente, las que más me decepcionaron y, en cambio, las que, como diría Roland Barthes, más me han “punzado”, son cintas alejadas del circuito americano.

Del primer grupo me refiero a Interstellar (Christopher Nolan), película inmensa visualmente, pero que no me ha llegado a emocionar, o a Boyhood, de Richard Linklater, cuyo cine me aburre soberanamente, como igualmente me aburría gran parte de esa Nouvelle Vague que definían los puristas como poesía en movimiento. Considero que Boyhood vive del dudoso mérito de dividir el rodaje en 12 años de filmación, máxime cuando Linklater ya hizo algo parecido con su trilogía de Antes del amancecer/atardecer/anochecer.

Finalmente, metería en este grupo a Perdida (David Fincher), película que comienza demasiado bien para incurrir en un nudo y, sobre todo, un desenlace, demasiado previsible como para perdonárselo a uno de los adalides del thriller moderno. De estas tres, cabe destacar, no obstante, las impecables interpretaciones del on fire Matthew McConaughey (Interstellar), Patricia Arquette (Boyhood) y el gran descubrimiento actoral del año, Rosamund Pike (Perdida). Tres directores top con suficiente poder mediático como para sacar petróleo del marketing al más puro estilo David O. Selznick.

Mis preferidas: El libro de la vida (Jorge R. Gutiérrez), producida por Guillermo del Toro, original y entrañable cinta de animación 100% mexicana; y Babadook, de la australiana Jennifer Kent, drama psicológico disfrazado de terror, pero terror del bueno; esto es, no del que asusta, sino del que inquieta. Ambos directores debutando por la puerta grande en el cine.

También disfruté con Benedict Cumberbatch en The imitation game (Morten Tyldum), con el renacimiento de Michael Keaton en la original Birdman (chapeau al monólogo de Emma Stone) o con las nuevas y disparatadas aventuras de Wes Anderson, rey de la dramedia americana, tan colorida, absurda e infantil como siempre en El gran hotel Budapest. Termino con dos películas de género que me hicieron pasar un buen par de horas: la distopía bélica Al filo del mañana, de Doug Liman (Tom Cruise a tope), y el cine negro al más puro estilo Raymond Chandler en Caminando entre las tumbas (Scott Frank). Liam Neeson se sigue vengando…

* Sandro Escariz es autor del blog de cine Cinercia.

Crítica a la crítica de Boyhood

Carlos Plaza *

Entre nosotros podemos discutir qué película ha sido la mejor del año, pero lo que no se puede dudar es cuál ha sido para la crítica: Boyhood. Para Metacritic.com, el portal de referencia de la crítica anglosajona, la película de Linklater saca la nota más alta, un 10, y para ello han tenido en cuenta 50 críticas. Cuando toda la crítica se levanta de la butaca y aplaude de forma semejante ¿hay que sospechar?

Si leemos las críticas de inmediato nos damos cuenta que la valoración de Metacritic es correcta. Sin embargo… hay algo extraño. Todas parecen seguir el mismo esquema. Tras presentar el argumento de la película y recalcar, casi mistificar, la excepcionalidad del proyecto que se rodó durante 12 años con los mismos actores, se desencadena un torrente de alabanzas grandilocuentes, vagamente puestas en relación concreta con la película, lo que dificulta al lector comprender exactamente el qué y por qué del texto, perdiendo así los objetivos de una buena crítica que serían fundamentalmente dos: animar a ver la película y dar las claves adecuadas para su mejor comprensión.

El crítico de Los Angeles Times pone las cosas difíciles al lector “podría llenar este artículos de superlativos, pero no lo haré porque lo mejor que se puede hacer con la película es experimentarla”, pues se podía haber ahorrado escribir nada y si lo hizo debió ser para que le pagasen. El crítico de USA TODAY está lleno de sentimientos elevados, “salimos casi conmovidos, sintiendo que hemos sido testigos de algo auténtico, edificante y profundo”, ¿casi conmovido? ¿Cuánto de “casi”? ¿Cuarto y mitad? New York Times, santo y seña del sofisticado Manhattan, nos cuenta que “Linklater no lucha contra el tiempo, sino que abarca toda su belleza gloriosa y terriblemente fugaz”. Y se quedó tan ancho.

En fin, la proliferación adjetivos rimbombantes nada tienen que ver con el análisis. Hay muchos críticos de cine que son escritores frustrados y creen que escribir bien es decir cosas “potitas”.

La película logra realismo y verosimilitud en la narración de la vida cotidiana y la infancia del protagonista. En principio un tema con un interés limitado que sin embargo engancha de inmediato al espectador, incluidos los críticos, porque los conecta con algo de lo que todos tenemos experiencia, la infancia. Pero elevar una narración de lo cotidiano a lo épico, como hacen los críticos, supone un quiebro que va más allá de la película y puede tener que ver con la autoindulgencia de los críticos con su propia vida-infancia.

* Carlos Plaza es director del programa La navaja en el ojo de Radio Círculo y productor.

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Un pensamiento en “Luces y sombras del cine de fuera en 2014

  1. Mi voto ha sido para Alejandro. Gracias por comentar obras que parecen interesantes, que desconocía, y que ahora que he leído sobre ellas trataré de encontrar y disfrutar.

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