Ciudadanos, a la conquista del centro

Casi todos los sondeos electorales coinciden en la importante irrupción de Ciudadanos en el panorama político nacional. La formación de Albert Rivera podría llegar a ser clave en la futura composición del Parlamento. Según las encuestas, C’s se convertiría en el principal partido en el centro entre PP y PSOE, gracias al trasvase de votos de fuerzas como UPyD. Esta semana, cuatro pesos pesados de la política española se ponen los guantes para debatir sobre el fenómeno Ciudadanos.

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Vieja política contra nueva política

Begoña Villacís *

Fragmentación del voto, división en la ciudadanía, una supuesta gobernabilidad comprometida, recelo ante la irrupción de nuevos actores con dispares mensajes y, en el caso del partido que represento, Ciudadanos, la discriminación por lugar de nacimiento. En resumen, histeria de mensajes costumbristas incardinados en una estrategia del terror, del miedo a lo nuevo y a los nuevos, inmovilismo, apatía, estancamiento, anhedonia y resistencia.

Si por regeneración entendemos la restauración de los tejidos dañados o faltantes, la regeneración, bien entendida, es un proceso de cura, y empieza por uno mismo. Exige estar dispuesto a reconocer la patología y, como buen paciente, admitir el tratamiento sin rechistar en lugar de blasfemar contra el médico. Es por último altamente recomendable no protagonizar la increíble historia de aquel que optó por dar barra libre a la gangrena con tal de evitar la amputación de un miembro infectado.

Debate sobre el Estado de la Nación 2015. La coral de risitas y el palmeo nervioso de la corte de un partitócrata retumbando en las cortes de todos, tan inoportunas como descontextualizadas. Al ritmo de la urgente melodía del Candy Crush, se sirve al Ciudadano una España emergente apuntalada por macrocifras y micropobres, reproches fundados y predecibles, hoguera de vanidades, teatro de variedades, pelea de gallos que relegan la propuesta a lo meramente anecdótico, buscando el cumplimiento de mínimos. Cunde la sensación de orfandad entre los habitantes de un país real, que poco o nada tiene que ver ya con el que intentan presentarnos desde la política jurásica, las sedes de siempre y los despachos reformados. Somos ahora los ciudadanos los que queremos representarnos a nosotros mismos, compitiendo lealmente por el fin del monopolio bipartidista, y sí, invadiendo su coto privado para reclamar su devolución.

El poder atrofia, y el poder absoluto invalida absolutamente. Casi sin reflejos maduran, lentamente, un plan que les permita perpetuarse en el poder. Es tan perturbador como obsceno; consiste, señores, en vertebrarse alrededor del mandato en lugar de las ideas, el Alma en venta. En ese proceso, cual Mortadelo, vestirán el traje que la ocasión exija: se disfrazarán de Ciudadanos explicándonos, como propias, escogidas ideas de nuestro recién presentado Plan Económico, pese a haber tratado de reducir al irreductible Garicano, la Ley de Segunda Oportunidad o la reducción de las cotizaciones sociales… De Podemos al desbancar ilegítimamente a Pedro Sánchez de la oposición, despachándole con un triste adjetivo y peor augurio, “patético”, y “que no vuelva”… De todos al, de repente, tornarse socialdemócrata habiendo tenido una legislatura para hacerlo… De todos, y hoy ya de nadie, porque lo que le quedase de credibilidad se escapa por el sumidero de la decepción ante su sonrojante y evidente “sentido de la oportunidad”.

Algunos partidos no tenemos que fingir, no tenemos que recurrir al maquillaje para demostrar que somos una nueva generación, no tenemos otros valores en la recámara por si no les gustan los que proponemos; porque esta es nuestra oferta. Nuestro sentido de la responsabilidad nos impide, disculpen, proponer acciones más, digamos, sensacionalistas, pero, inspirados por la realidad, proponemos soluciones sensatas, directamente copiadas de la lógica del mercado, teniendo muy presente que no es el ánimo de lucro el motor de un buen gobierno, sino el cuidado y protección a su ciudadano.

* Begoña Villacís es candidata por Ciudadanos a la Alcaldía de Madrid.

Ciudadanos y la alianza con el oligopolio

Carlos Martínez Gorriarán *

A los de UPyD se nos inquiere por las razones del rechazo a una fusión con Ciudadanos. Sin embargo, creamos UPyD en 2007 porque pensábamos que el partido catalán no era –tras muchas entrevistas con ellos– la nueva fuerza política nacional, transversal y con un programa de regeneración democrática necesario para superar las lacras del bipartidismo corrupto. El antinacionalismo catalán de C’s era tan respetable como insuficiente. Queríamos un plan mucho más ambicioso.

UPyD entró en las instituciones en 2008 y fuimos creciendo, ampliando y concretando nuestros programas. Rivera y C´s languidecían, inexistentes fuera de Cataluña, hasta que irrumpe Podemos y las encuestas auguran la debacle de PP y PSOE, aterrorizando a los poderes económicos. Esos poderes desconfían de UPyD porque nos tomamos muy en serio la lucha contra la corrupción y el “capitalismo de amiguetes” que han hundido España. El oligopolio político-empresarial no está interesado en una democracia fuerte, con más libertad económica y servicios públicos de calidad. Lo ha demostrado la gestión de la crisis con Zapatero y Rajoy, y lo ha revelado el escándalo de la ruina y rescate de las cajas.

Aquí entra C´s, totalmente ajeno a nuestra manera de hacer política, y su papel como alternativa a UPyD. Se inicia un plan de expansión a base de engullir grupos regionalistas y localistas con imputados por corrupción. Se intenta disolver a UPyD en el conglomerado llamado Movimiento Ciudadano en base a elevados llamamientos patrióticos. Como no funciona, intentan destruir la reputación de UPyD acusando a Rosa Díez de egoísmo autoritario. Se emplea para esto la propia negociación con UPyD, una farsa que duró tres días (aquí los detalles) y acabó cuando los medios decidieron apoyar a C´s sin conceder a UPyD la oportunidad de explicarse.

Hoy Ciudadanos es al PP lo que Podemos al PSOE: la alternativa populista para votantes desencantados. Se ha comprobado con el lanzamiento del programa económico de encargo (elocuente que C´s haya sido incapaz de elaborar uno en nueve años), básicamente populista conservador: más subvenciones y ciertos cambios legales en empleo e hipotecas: aznarismo revivido.

Tiene a su favor el auge del populismo en la derecha y el apoyo del dinero que rechaza a UPyD. Lo que no tiene es el partido, el programa ni la política indispensable para superar la crisis con democracia avanzada. Las diferencias con UPyD no harán sino incrementarse, porque C´s ha venido para entrar en el oligopolio.

* Carlos Martínez Gorriarán es cofundador y diputado por UPyD.

El disputado voto de centro

Luis Carlos Grandal *

El centro político va a estar muy disputado en las elecciones que se avecinan para este año. Al fin, Ciudadanos ha deshojado la margarita y ha decidido competir en los comicios a nivel nacional, lo cual nos va a dar una idea de hasta qué punto esta formación tiene encaje estatal y cuál va a ser el grado de aceptación que va a tener entre los españoles.

Hasta ahora, lo que conocemos de Ciudadanos es que es un partido impulsado por intelectuales –preferentemente del ámbito catalán–, que hace una meritoria oposición en el Parlamento autonómico con un líder que da buena imagen, como en su día lo fue UPyD –preferentemente del ámbito vasco–, ya consolidado en la Cámara Baja y también con un meritorio papel opositor. Ciudadanos surgió por la deriva soberanista e independentista de una parte de algunos partidos catalanes (socialistas y convergentes, sobre todo), mientras que UPyD nació del desencanto de algunos socialistas capitaneados por Rosa Díez tras el triunfo de Rodríguez Zapatero. Al margen de la fallida fusión de ambas formaciones –no valoro si acertada o no–, lo cierto es que el centro político electoral va a estar muy concurrido y, a mi modo de ver, esta es una buena noticia.

Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al pasado mes de enero, al menos el 57,8% de los españoles se consideran moderados de centro. Incluyo en esta categoría a los conservadores (11,7%), demócrata-cristianos (5,4%), liberales (11,9%), progresistas (9,4%), socialdemócratas (7%) y socialistas (12,4%). No incluyo en esta categoría, según la clasificación del CIS, a nacionalistas, feministas o ecologistas, aunque también puede haberlos –de hecho los hay–, y a los comunistas.

Los españoles, por mucho que algunos quieran empeñarse en lo contrario, son muy moderados y prefieren no jugar con las cosas de comer. Es una sabia decisión. Si observamos los programas económicos y sociales de Ciudadanos y de UPyD se parecen como dos gotas de agua, aunque con matices. Cualquier español que hasta ahora haya apoyado al PP o al PSOE los podrían votar porque ambos se desenvuelven entre el liberalismo y la socialdemocracia, aunque un poco más en esta última clasificación ideológica.

Ambos partidos optan a ser “bisagra”, como son ahora los liberales en Reino Unido, y como lo fue, durante 17 de los 23 gobiernos alemanes después de la II Guerra Mundial, el FDP. Es posible que alguno o los dos lo consigan tras las próximas generales, aunque yo no lo tengo tan claro. De ello dependen los resultados que saque el PSOE.

* Luis Carlos Grandal es profesor de Periodismo Internacional y Periodismo Económico en la Universidad Carlos III de Madrid.

Más socialismo de Photoshop

Cristina Seguí *

Así comienzan todos los partidos basados en los recurrentes clichés socialdemócratas, presumiendo de nihilismo y tirando de transversalidad para construir una base de datos plural y un nicho de votos rico y abundante; tanto, que pueden permitirse el lujo de seguir dando en los dientes a las rara avis liberales, que en minoría, y ante la amenaza de perder hasta la camisa con Podemos, siguen resignadas a vivir en un socialismo matizado con Photoshop. Siempre les quedará la ensoñación liberal entre las paredes del Juan de Mariana.

El socialismo de Photoshop de UPyD nunca me ha parecido una opción. El narcisimo de Rosa Díez ha terminado por anegar las siglas, reduciéndolas a un enanismo porcentual que no consigue asomar por encima del 5% en intención de voto, hecho absolutamente sorprendente en un país que asiste a los últimos estertores del PSOE, que se mostraba mucho más vivo cuando nos dejaba atónitos y famélicos, gracias a su despliegue de ruina moral y económica con ZP. Un PSOE en estado paliativo, dependiente de la única inyección de adrenalina que sólo podría proporcionarle Andalucía, si es que esta siguiera rendida al síndrome de Estocolmo de los últimos 35 años, donde, por cierto, UPyD ha dejado de existir.

Rosa Díez no es la respuesta que UPyD puede dar a su electorado actual, ni tampoco al potencial. Sus posibilidades de crecimiento se las llevó Sosa Wagner a Alhucemas, dejando como alternativa a los ásperos Becerra y Gorriarán, que se limitaron a mitigar el daño a costa de escribir muchas veces en la pizarra aquello de “nuestro partido saldrá mucho más reforzado de todo esto”. La evidencia parece constatar que no y, al contrario de lo que le ocurre a C´S, consolida la idea de que, por encima de un proyecto viable, el principal hándicap es su propio líder.

Rosa Díez se ha convertido en el antagonismo de sus propias aspiraciones. Lo demuestra su valiente propuesta de limitación de mandatos: lo sería, en efecto, si sacrificara su ego de cuatro décadas de carrera por mantenerlos, aunque, como en todas las carreras, puede ocurrir que tu Ferrari quede degradado a Minardi antes de ver el adelantamiento por el retrovisor. Un bólido con el potente y sugerente motor de la transversalidad, conducido por un piloto nuevo y carismático, curtido en una parte de España donde las escuderías PP y PSOE hace décadas que se mecen en su indolencia. Un ganador a pulso forjado en la cueva de los gangsters nacionalistas, el Parlament de Cataluña.

Lamentablemente, en la carrera, ha pasado de ser la gran esperanza liberal a caer en el tentador consenso socialdemócrata en una España donde la oportunidad al liberalismo es tan impensable como necesaria, y donde la capacidad argumentativa no consigue demostrar que hay una clase política con licencia para blindar sus propios privilegios con la excusa y la soflama del “Estado del bienestar”. Admitamos que, en términos cortoplacistas, es mucho más sugerente tenerlo todo pagado mientras crees que lo público sigue siendo el chollo de esta tómbola estatal.

Una tómbola estatal que no es capaz de actualizar las pensiones, mientras Garicano recurre al grotesco argumentario “podemita” disfrazado de complemento salarial garantizado y despido creciente. El grotesco arsenal que seguirá pagando “caprichos” gracias al aumento del gasto y la carga impositiva.

La redistribución de la riqueza es exactamente pobreza en movimiento cíclico. El camino del cambio es emprendido por los mismos que atacan a los liberales por fomentar la desigualdad, mientras ellos avivan el fuego de la generada por el privilegio estatal.

En clave autonómica, Ciudadanos está repitiendo un viejo error de los partidos que viene a sustituir: variar el discurso en función de si su altavoz se dirige al púlpito nacional o si, por el contrario, queda “baneado” en el microclima local. Pactando con los dos de siempre tácitamente e incorporando a sus filas a tránsfugas de los dos partidos acusados de ser responsables de un sistema quebrado.

Especialmente molesto, por mi condición de valenciana, el caso de Carolina Punset, que, recién llegada y en su legítima pretensión de representar a los valencianos, nos dice que nuestras señas de identidad no importan a nadie, ya que de ellas no se come. Los valencianos hemos leído que su voluntad es la de quemar todas las banderas. Craso error, pues los valencianos estamos orgullosos de la nuestra y, por ende, no acatamos posturas apátridas que nos pidan que la soltemos.

Valencia es objetivo de la entelequia alumbrada por el mismo Goliat al que el señor Rivera planta cara en Cataluña: el nacionalismo catalán y su engendro territorial, “los països catalans“. Nacionalismo clientelar y subvencionado en la Comunidad Valenciana a pesar de nuestra voluntad y a costa de una cultura milenaria protegida por nuestro estatuto de autonomía, que una candidata considera una cuestión baladí. Estas reivindicaciones confluyen en la defensa del orgullo socioeconómico del valenciano después de varias décadas de abandono presupuestario de cariz socialista ejercido por el PP y el PSOE, y que han minado nuestra economía y nuestro espíritu.

Frente a la estelada, la real señera. Estoy segura de que Albert Rivera no lo habrá olvidado.

* Cristina Seguí es excoordinadora provincial de VOX en Valencia.

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13 pensamientos en “Ciudadanos, a la conquista del centro

  1. Pregunta seria: ¿creéis que es mucho lo que separa a Carlos Martínez Gorriarán, Begoña Villacís, Luis Grandal y Cristina Seguí? Hay mil matices, pero yo creo que la esencia es más o menos la misma en todos ellos. Todos son coherentes, miran por el bienestar de la mayoría y no desean cambios insensatos, sino radicales en el sentido de integrales. ¿Esta es la famosa derecha que dicen que viene a sustituir al PP? Yo no diría que son “la derecha”… Pero ojalá que sí sean una corriente con mil meandros que acaben con un PP muerto de éxito y poder.

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  2. Inquietante la candidata de Cs en Valencia. Quemar las banderas es peor que envolverse en ellas: sólo quedan las banderas del contrario.

    Enterramos al Cid Campeador por el bien de España y vemos resucitan Aitor y Wilfredo el Pilós…

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  3. Debate interesante, una lástima que los protagonistas no se salgan de las líneas oficiales marcadas por sus respectivos partidos.

    Al decir de todas encuestas parece que Ciudadanos lo va a petar entre la muchachada. Realmente algunas de sus propuestas no suenan del todo mal. No obstante, para los que hemos seguido la evolución del partido desde el año 2006, existen interrogantes preocupantes. Fundamentalmente, los bandazos que el partido ha ido dando, con movimientos estratégicos incomprensibles (elecciones europeas 2009) o directamente incoherentes con sus principios ideológicos básicos (integración de partidos regionalistas de diversa calaña). Ello, unido al eclecticismo ideológico de su Gran Timonel (punto de unión con UPyD, por cierto) que coqueteó con PP y PSC sin solución de continuidad, hace presagiar que o bien tocan poder y pillan cacho o acabarán diluidos como el azucarillo populista del CDS.

    Finalmente, me alegra comprobar que la atomización es un mal de la izquierda pero también del espectro conservador, desde el centro hasta la derecha dura, como se puede comprobar esta semana.

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  4. Si hay que jugar una baza para una limpieza en profundidad de las instituciones y un proceso fiable de regeneración democrática en este país, me inclino por Ciudadanos como partido mejor preparado para la acometida. Espero que el efecto bisagra no se convierta en efecto viagra, y que tras la erección momentánea no venga la flacidez duradera.

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  5. Argumento algo más mis dudas ante las encuestas. Ciudadanos nació antes que UPyD, pero fue UPyD el que, desde el principio, capitalizó a nivel nacional las ansias regeneracionistas de muchos. Desde entonces, han sido ellos los que han llevado a juicio a los golfos de Bankia, han propuesto muchas cosas en el Congreso que luego han sido hechas propias por PP y PSOE, no se han aliado con ninguna fuerza sospechosa y no cuentan con ningún imputado en sus filas. Por citar algunos ejemplos. ¿Qué ha de hacer creer, objetivamente, un cambio tan grande entre Ciudadanos y UPyD? A lo mejor me equivoco, pero creo que solo la campaña interesada de cierta prensa de derechas.

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  6. Es cierto que están los sondeos como para atreverse a hacer predicciones… Pero sí tiene pinta de que Ciudadanos va a comerse un buen trozo del pastel (la galleta, el chocolate y hasta la guinda a UPyD y habrá que ver lo que le quita al PP). Una de las principales incógnitas de cara a las generales será ver cómo afecta la injusta ley electoral española a los partidos que pueden convertirse en bisagra. Porque un 12 % de los sufragios puede traducirse en una representación exigua.

    Aunque no compro ninguno de los discursos políticos (mi voto ha ido para Luis Grandal, cuyo análisis me parece vital para comprender el fenómeno que analizamos hoy), tengo que decir que la irrupción de nuevas fuerzas ajenas al bipartidismo casi siempre me parece una buena noticia. Máxime cuando parte del crecimiento de C´s parece que se hace a costa del tradicionalmente monolítico voto de derechas.

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  7. Las encuestas adelantan, veremos el resultado electoral, que Ciudadanos se va a convertir en cuarta fuerza electoral. Que no hay espacio ideológico para UPyD y Ciudadanos es evidente, y parece que Ciudadanos ya es voto útil, UPyD no. A día de hoy no hay mucho más que decir, la sesgada imagen de la edición de esta semana es certera, por más que todos los afiliados de UPyD voten al Sr. Gorriarán.

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  8. Antes de nada, gracias a los cuatro que exponéis hoy vuestras ideas en un debate de lujo, donde afrontamos un tema que interesa a millones de españoles y son sus propios protagonistas los que lo afrontan con un espíritu constructivo y agudo.

    Dicho esto, y aunque en cada uno de los cuatro hay ideas que hago propias, comparto análisis con Carlos Martínez Gorriarán. Son muchas las cosas que me gustan de Ciudadanos, pero me choca que, en un par de meses, ciertos medios los sitúen ya como alternativa sensata al bipartidismo por encima de UPyD. Lo siento, pero no es creíble tanto avance y creo que los votos dejarán lugar a ciertas encuestas interesadas.

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    • ¡Buenos días, Javier! Como firmante de la imagen le confirmo que, en efecto, ésta es sesgada. No hay nada de malo en ello. En las ilustraciones que hago para Cuadrilátero 33 intento resaltar la importancia del protagonista del debate, que en este caso es Ciudadanos. Y según las encuestas… Eche un vistazo al combate que hicimos sobre UPyD, y fíjese en aquella ilustración. Así es, pura apología magenta. Javier, en todo caso, ¡mil gracias por participar! Los comentarios de sus lectores son muy importantes para Cuadrilátero 33.

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