Ucrania y la Rusia de Putin

El Gobierno ruso es criticado en Occidente por el papel que está jugando en la actual crisis en el este de Ucrania, sus políticas contra la visibilidad de la homosexualidad y la muerte en extrañas circunstancias de opositores al presidente Vladímir Putin. Pero, ¿tienen fundamento tales críticas, o no son más que propaganda propia de una renovada Guerra Fría? En Cuadrilátero 33 voces españolas y rusas dilucidan el asunto a puñetazos dialécticos.

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Rusia se siente amenazada

Carlos Franganillo *

Es muy probable que el asesinato de Boris Nemtsov no se aclare nunca. Como otros muchos en Rusia, corre el enorme riesgo de quedar sepultado bajo una nebulosa de teorías de la conspiración, pistoleros que desconocen quién dio la orden, corrupción y sobornos, procesos judiciales irregulares y mucha propaganda. Personalmente no creo que el Kremlin estuviera interesado en asesinar a un miembro de la oposición que no suponía ya ninguna amenaza. En lo que sí estoy de acuerdo es en señalar, como cómplice, al clima político y social que Vladímir Putin y su sistema de poder han creado en Rusia, que ha llevado al país hacia una involución conservadora y nacionalista sazonada por una enorme corrupción que atraviesa todos los rincones de la vida rusa y por unas instituciones que generan desconfianza, cuando no rechazo o temor por la falta de garantías. En muchos casos, matar y morir es muy barato.

En 2012 el regreso de Putin a la presidencia, supuso el comienzo de una nueva fase, con leyes que limitaban el derecho de manifestación, que castigaban la llamada “propaganda homosexual” o que obligaban a las ONG a inscribirse como “agentes extranjeros” si recibían dinero del exterior. Las encuestas recientes indican que el presidente Putin disfruta de un apoyo popular superior al 80 por ciento. Las sanciones internacionales, la caída del rublo y del precio del petróleo han hecho daño a la economía y a la sociedad rusas pero no al respaldo al líder –al menos de momento–, en un país donde la oposición liberal sigue siendo muy minoritaria y es desconocida fuera de Moscú y San Petersburgo.

El Kremlin ha sabido explotar en su beneficio sentimientos fuertemente enraizados en la sociedad rusa, de por sí conservadora y nacionalista. El recelo hacia Occidente, bien cultivado en tiempos soviéticos, se ha excitado en los últimos años, favoreciendo la asimilación de las versiones oficiales en asuntos críticos como la guerra en Ucrania. En el país vecino, Moscú mantiene y mantendrá una opción de fuerza hasta las últimas consecuencias. La caída del poder en Kiev en manos de fuerzas pro-occidentales es para Rusia una amenaza directa –casi existencial, según algunos ideólogos nacionalistas– que les ha llevado a pasar a la acción, conquistando Crimea primero y enfangando el este de Ucrania después con una guerra que pueden inflamar a capricho para reforzar su posición en las negociaciones y bloquear las aspiraciones atlantistas de Kiev. La estrategia de defensa rusa necesita de territorios que sirvan de parachoques y alejen a los ejércitos de la OTAN de las fronteras rusas (el avance de la Alianza Atlántica en los últimos 20 años es visto por Moscú como una presión hostil). Ucrania, como nación hermana, con la que mantiene poderosos vínculos culturales, religiosos y económicos es una pieza clave y vital en esa estrategia.

* Carlos Franganillo fue corresponsal de TVE en Moscú, y ahora lo es en Washington.

Ucrania: informaciones y desinformaciones

Alexánder Korchagin *

Rusia es la primera interesada en que se resuelva cuanto antes y pacíficamente el fratricida conflicto en Ucrania, nuestro país hermano y vecino. Precisamente Rusia ha lanzado o colaborado en todas las iniciativas internacionales para arreglar la situación. Actualmente hacemos todo a nuestro alcance para que sea viable el último Acuerdo de Minsk.

Nos asombra la parcialidad de los medios de muchos países europeos cuando dicen media verdad o callan lo que pasa en el sureste de Ucrania. Mueren periodistas rusos, ¿alguien por mera solidaridad corporativa protesta? Se prohíben medios de información rusos, películas, ¿alguien defiende la libertad de prensa, ese valor universal?

Primero: la confrontación interna en Ucrania empezó a raíz del derrocamiento anticonstitucional del presidente Yanukóvich, incentivado por muchos políticos y funcionarios de los países de la UE que frecuentaban la plaza Maidán apoyando las protestas violentas. ¿Alguien puede afirmar que este hecho fue constitucional?

Segundo: al derrocamiento le precedió el asalto armado de las instituciones gubernamentales por las fuerzas de ideologías extremas, concretamente, antirrusas. ¿Alguna vez se ha mencionado que en 2012 el Parlamento Europeo apeló “a no asociarse, refrendar o formar coaliciones con” el partido nacionalista Svoboda, uno de los promotores de la revuelta en 2014, apoyado como tal en la UE?

Tercero: estos hechos fueron seguidos por el desencadenamiento de la violencia sembrada contra la población rusófona y rusoparlante de Ucrania. Les invito a leer el Libro Blanco, publicado en nuestro sitio (spain.mid.ru), tan silenciado en los medios locales.

Cuarto: todos estos hechos violentos e ilegales fueron abiertamente aceptados o apoyados en Occidente. ¿Alguien ha condenado el golpe de Estado o las muertes masivas de manifestantes antimaidán en Odessa y Mariúpol?

Y para colmo se trata de pintar a Rusia como el malo del cuento. Para esto vale todo. Se derriba el avión, y enseguida Rusia es “designada” la culpable, a pesar de ser la única que publicó enseguida los monitores que prueban objetivamente lo contrario. O se imponen sanciones a ciudadanos rusos –y cito documentos oficiales– por “pedir públicamente” la reincorporación de Crimea a Rusia. Cuesta creerlo. ¿Y la libertad de expresión?

Pero hay otra cara de la moneda. Contra todas las desinformaciones y “omisiones”, están el exigente público español y numerosos blogueros. Lees un articulo parcial, y siempre al pie del mismo encuentras comentarios críticos de lectores, frecuentemente mucho más informados e interesados en conocer la verdad que titulados columnistas…

Una actitud a apreciar y agradecer.

* Alexánder Korchagin es agregado de Prensa de la Embajada de Rusia en España.

Amores que matan

Guillermo Llona

Acaso nunca lleguemos a conocer la autoría intelectual de muchos de los ataques, pero el hecho es que en esta purga están cayendo todos los que se atrevieron a criticar al Kremlin. Anna Politkóvskaya, Alexánder Litvinenko, Boris Nemtsov… Otros viven para contarlo, como el expresidente ucraniano Víctor Yúschenko, a quien la dioxina le dejó la cara como una pasa. La Madre Rusia quiere a todos sus hijos, tanto a los que aún viven en su seno como a los que lo abandonaron. Pero hay amores que matan.

Ucrania –como Estonia, Letonia, Lituania y Georgia– prefiere vivir apartada de Rusia, porque la conoce. Por eso, cuando Yanukóvich suspendió los acuerdos de asociación con la UE para acercarse a la Unión Euroasiática que capitanea Vladímir Putin, los jóvenes del Euromaidán –que saben lo que fue el Holodomor, la hambruna orquestada desde Moscú que se llevó millones de almas ucranianas– tomaron las calles. Muchos dieron sus vidas porque sabían qué estaba en juego. Se trataba de elegir entre dos mundos: Europa o una alianza de países corruptos y dictatoriales –como Bielorrusia– a la que pronto se unirán otros como Turkmenistán (si flipó con Corea del Norte no puede perderse esta joyita).

A esta Rusia en recesión no le interesa insistir en quedarse con el Donbás ucraniano. Aunque ahora los hogares del norte y centro de Europa se calienten con gas ruso –por cierto, el 80% pasa por Ucrania–, el continente ya se ha puesto manos a la obra para independizarse energéticamente de Moscú y obtener este recurso energético del norte de África, objetivo que logrará tarde o temprano. Además, Putin ya ha ganado el premio gordo, que es conquistar Crimea, asegurando así que su flota siga amarrada en Sebastopol.

En cualquier caso, Europa no puede permitir que el este de Ucrania acabe convirtiéndose en algo parecido al cachondeo de Transnistria, región oriental de Moldavia que el separatismo prorruso controla con la ayuda militar del Kremlin. No podemos dejar que el oso continúe arrancando a mordiscos trozos de otras naciones, como ocurrió en Georgia. No quiero que se me malinterprete. No deseo un abismo entre Europa y Rusia, quiero que ésta entierre los modos soviéticos y sea realmente democrática, que respete los derechos humanos, que sea europea. Por resumirlo de algún modo… Quiero que en Rusia la vida de un ser humano homosexual deje de valer menos que la de un husky siberiano.

Ucrania y el doble rasero

Javier Moya G.

Existe en los medios de comunicación de masas españoles –independientemente de quiénes sean sus propietarios, cuál sea su tendencia editorial, o quién componga su accionariado– un sospechoso alineamiento ideológico en algunas cuestiones de política internacional. En la crisis de Ucrania, todos –en papel, Internet, radio y televisión– coinciden en tratar el conflicto desde una maniquea división entre (muy) buenos y (muy) malos. Así, en un país y ante un conflicto de realidades muy complejas, se simplifica el mensaje para hacer mucho más sencilla su deglución por parte del lector-telespectador-escuchante.

El doble rasero de rechazar el imperialismo ruso justificando el occidental es un pecado muy frecuente entre quienes monopolizan el discurso sobre Ucrania en los medios españoles. Sobre todo porque obvia que Occidente también está actuando de tapadillo y utilizando todos los medios a su alcance en la crisis ucraniana para minar la influencia rusa. También pecan de doble rasero quienes están en el extremo contrario: aquellos que se dicen antiimperialistas pero no se ruborizan al afirmar que Rusia tiene todo el derecho del mundo a garantizar su dominio en Ucrania porque está bajo su zona de influencia.

Ya no cuela la película de ese occidente liberador que, utilizando a la OTAN como su brazo armado, va repartiendo democracia y buen rollo por el mundo. Aquí lo de menos es qué quiere el pueblo ucraniano y cómo articular mecanismos para que todas las sensibilidades nacionales y políticas sean respetadas. Tampoco importa que Putin sea un siniestro emulador de Catalina la Grande, ni que le haga poca gracia la libertad de prensa, ni que sus opositores sufran el hostigamiento de las autoridades. En otras palabras: la cuestión no es que Putin sea un hijo de puta, sino que no sea “nuestro hijo de puta”, que diría Cordel Hull.

Otro asunto importante en esta crisis de Ucrania es el papel que está jugando la Unión Europea. Un papel que roza el ridículo y la pantomima. Eso sí, con una puesta en escena, desde los primeros días de protestas contra Yanukóvich, muy efectista. Con visitas y declaraciones solemnes. Como si verdaderamente Bruselas hubiera llevado una posición autónoma en Ucrania, cuando lo que parece es que los 28 se limitan al mero papel de un ariete manejado desde Washington. Otra vez se pone de manifiesto que la política exterior y de seguridad común de la UE, ni es tan común, ni tan de la UE.

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3 pensamientos en “Ucrania y la Rusia de Putin

  1. Mi enhorabuena a los cuatro por sus exposiciones. Sin embargo, quiero precisar algunas cuestiones para aproximarnos más al conflicto. Estoy convencido de que si Rusia ofreciera valores como la transparencia, el respeto a las libertades básicas, democracia, más justicia social y un mayor reparto equitativo de la riqueza, los acontecmientos no hubieran desembocado en este grave enfrentamiento que tenemos a las puertas de Europa. Los vínculos entre Rusia y Ucrania son muy estrechos, pero los enfrentamientos históricos a partir del triunfo de la Revolución Bolchevique han abierto un socavón. Ucrania perteneció a Rusia desde 1654, a excepción de la región de Galitzia, la más occidental y la más enfrentada a Rusia desde siempre. Conviene recordar el firme rechazo que los ucranianos mantuvieron a la colectivización de las tierras en tiempos de Stalin, rechazo que fue duramente reprimido por los comunistas en lo que Guillermo Llona nos recuerda acertadamente como el Holodomor. Este mismo autor nos cita también la deportación de los tártaros de Crimea hacia Asia Central que fue seguida por la colonización de la península con rusos. Hoy los tártaros solo representan el 14% de la población de Crimea.

    Con esto quiero decir que hay un caldo de cultivo histórico que separa a ambos países pero que es en gran parte también debido a la corrupción, a la falta de libertades y a la tiranía de los gobernantes, y que los pueblos conocen –por padecerlo– bastante bien. Corrupción y métodos dictatoriales en Rusia y corrupción y métodos dictatoriales en Ucrania. Y esto no es lo que quieren los ucranianos que sobre todo los de la orilla occidental del Dniéper miran más hacia la próspera Europa que a la corrupta Rusia. En Ucrania han vuelto los demonios del pasado. Ucrania, que significa la “tierra de la frontera”, tiene dos almas pero es un solo pueblo: la una, nacionalista, occidental, que mira a Europa y la otra, oriental, rusófila, que mira a Moscú.

    La revuelta de la plaza de Euromaidan en 2013 tiene sus orígenes en la “Revolución naranja” de 2004. Conviene recordar el “pucherazo” de Yanukóvich en 2004 (solo Putin le dio su apoyo), heredero del corrupto Kuchma, el envenenamiento de Yushenko (método este al que son muy aficionados los servicios de inteligencia rusos) y el enfrentamiento entre Yushenko y Putin desde 2009. Así las cosas, Yanukovich quiso cambiar las reglas del juego rompiendo en 2013 el Tratado de Libre Comercio Ucrania-UE y queriendo adherirse al Tratado Aduanero impulsado por Rusia con Bielorrusia y Kazajastán. Aquí está el origen de la revuelta de Euromaidan y la defenestración de Yanukovich, y no en funcionarios de la UE como apunta Alexánder Korchagin. Le recuerdo también a Korchagin el encarcelamiento de Timoshenko por Yanukovich, un caso que se parece extraordinariamente al de Mijail Jodorkhovski, opositor de Putin, en Rusia.

    Para no extenderme, nos apunta Guillermo Llona la alternativa del gas africano (Libia y Argelia) hacia Europa. Este es un acontecimiento fundamental tras el acuerdo al que han llegado España, Francia y Portugal para el trasvase energético a través de los Pirineos. Habrá tiempo de comentarlo puesto que puede acabar con la hegemonía rusa del gas en Europa Central.

    Por último, en la aportación de Tarod, al que felicito por su comentario, hay una cosa en la que disiento. Es cierto que Finlandia está planteándose entrar en la OTAN –cosa nada extraña puesto que la gran mayoría de los países de la UE lo están–, pero también Suecia. Ambos países se lo están planteando seriamente por las veladas y no tan veladas amenazas rusas. Finlandia ya mantuvo una guerra abierta en el siglo XX con la URSS y Suecia teme las amenazas a su territorio (véase qué está haciendo de vez en cuando el ejército ruso en torno a la isla de Gotland). Ambos países son, por ahora, neutrales. También lo eran antaño Noruega y Dinamarca. Hasta que les invadieron las tropas alemanas.

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  2. El caso de la península de Crimea es curioso. Si bien es cierto que el líder soviético Nikita Kruschev –ucraniano– decidió en 1954 que dejase de formar parte de Rusia y la unió a Ucrania, también lo es que Stalin, que lo precedió en el cargo, la había vaciado previamente de los tártaros que la habitaban –a los que envió por la fuerza a Asia Central– para colonizarla posteriormente con rusos, ahora la etnia mayoritaria.

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  3. Existen varios factores, y la verdad es que estoy desacuerdo con varias cosas de las que decís todos.
    El mayor problema que encuentro cuando la gente analiza Rusia es que lo hace desde un punto de vista occidental, como si fuese un país occidental mas, pero no lo es. Rusia llega al Pacifico, la gente desconoce la existencia de ciudades como Krasnoyar, omsk, irkust o Ulan Ude hace el Este o de Yakust en siberia, Norilsk, Arkhangelsk o Murmansk en el norte y hablo solo de alguna de las principales ciudades Rusas.
    No voy a decir que la forma que tuvo Putin de tomar Crimea fuera legal, no lo fue, pero la verdad es que la mayoria de la población allí es Rusa, que Yankovich tenia mayoría absoluta en esas regiones y lo que es mas esas regiones nunca habían pertenecido a Ucrania hasta que Kruschev las dono a republica sovietica de Ucrania.
    En cuanto a los homosexuales, si es injusto y no comparto las decisiones tomadas por Putin, pero digamos que hay un choque brutal de mentalidades dentro de la sociedad rusa a este respecto y que de momento Putin ha decidido tomar el camino conservador; de todas maneras hay que decir que en Países tan democráticos como Estados Unidos aun no existe una ley que unifique los derechos de los Homosexuales con los heterosexuales, solo algunos estados (si no me equivoco una gran minoría de ellos) han desarrollado dichas leyes.
    Volviendo al tema Rusia y su política internacional Mihail Gorbachev lo di dijo claro en una conferencia en Berlin hace unos meses, que el problema es que la OTAN esta pasando las lineas rojas que habían quedado marcadas (no de manera escrita y ahi reside el problema) con la caída de la union sovietica, Resulta que EEUU instala misiles para protegerse de “Iran” en Polonia y Republica Checa, que Finlandia una mayores fronteras que tiene Rusia con el actual gobierno mas pro yankee que nunca esta promoviendo su entrada en la Otan, y tres cuartos de lo mismo con Ucrania y ahora resulta que Rusia es mala de la película porque resulta que se ve rodeada por la OTAN y amenazada por los EEUU y en vez de arrodillarse se enfrenta a ellos.
    Lo unico que occidente esta consiguiendo con esta postura es lo siguiente, reforzar la posición de Putin y su liderazgo.
    Por cierto esta claro occidente aun no ha entendido la historia del pueblo ruso, morirán de hambre antes de arrodillarse ante occidente.

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