La pitada al himno en la final de Copa

El próximo 30 de mayo, Athletic de Bilbao y Fútbol Club Barcelona disputarán la final de la Copa del Rey, reeditando las ediciones de 2009 y 2012. En esta ocasión, como en las dos anteriores, en los meses previos al partido se habla principalmente de la más que probable pitada al himno y al Rey; mucho más que de fútbol. En medio de la polémica, el presidente de la LFP, Javier Tebas, planteaba recientemente la posibilidad de suspender el partido en caso de que se silbara mientras suena el himno. Esta semana tres púgiles se suben al cuadrilátero para debatir si la pitada es un ejercicio de libertad de expresión o una ofensa que no se debe tolerar.

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No diga silbido, diga A

Mauro Picatoste *

El otro día estaba dibujando una caricatura de Mahoma al tiempo que, sonando el himno español, lo silbaba y abucheaba. El primer acto estaba dentro de mi libertad de expresión, como se ha dejado claro con los atentados contra Charlie Hebdo, a colación de los cuales hasta Rajoy salió a defender ese bonito traje de domingo que es la libertad de expresión. Lo segundo, el abucheo/silbido, es considerado un acto de “odio” que puede conllevar no sólo la suspensión de un partido de fútbol que se juega bajo el nombre del Jefe del Estado, sino que hasta podría tener responsabilidades penales, tal y como reclaman algunos.

Claro, es lo que toca. La libertad de expresión es libertad y es derecho cuando conviene y cuando apetece; cuando gusta y es necesario. Tiene un límite, que es la ofensa a un tercero, algo tan difícil de calibrar de manera objetiva que se hunde entre interpretaciones de los sentimientos ajenos. Queda claro que unos sentimientos valen más que otros.

Dejando atrás un poco la demagogia, es una suma más a la lucha por desterrar las malas costumbres en los campos de fútbol, muy de moda en los últimos meses. Así, personalidades de la política y el deporte han acudido raudos a proteger la ceremonia del pre partido de la Copa del Rey. Silbar, caca. Seguramente ellos no recuerdan cómo en estos campos de España se silbaron varios himnos de otros países, algo que se criticó con letra pequeña en despieces moribundos de algún periódico y de lo que se vanagloriaban algunos de esos patriotas a los que ahora se les hincha la vena rojigualda.

Propongo que ni se silbe ni se abuchee el himno, no vaya a ser que nos quedemos sin un buen partido. A cambio, que se grite una vocal, la “a”, por ejemplo. El efecto será el mismo, pero nadie entenderá como “odio” que un estadio entero tenga, en ese preciso instante, un tremendo dolor de muelas.

* Mauro Picatoste es periodista deportivo.

La Copa del Rey, coto de caza del nacionalismo

Cristina Seguí *

Se acerca la cita ineludible para los lobbies de presión políticos llevados a una cancha, odiadores profesionales alentados por años de proselitismo nacionalista que han convertido la Copa del Rey en su coto de caza. Son los hijos del mesianismo autonómico catalán y vasco, que obtienen el poder de un pedazo del país gracias a jurar respeto y lealtad a la patria sobre las tapas de piel de la Constitución, para después enviar al producto de su adoctrinamiento a hacer el trabajo sucio.

Inmunizados por la vilipendiada y desvirtuada libertad de expresión y ondeando falazmente la libertad individual para atentar contra la del resto. El deporte, que debe seguir siendo conservado como “tierra de nadie” y lugar para todos, desgraciadamente, ha sido convertido en un punto de encuentro icónico entre los que recorren España para demostrar su odio a todos los que la amamos.

La libertad individual transgrede el significado de su propio término cuando es practicada a costa de golpear la de la mayoría, y el Estado de Derecho no se ampara en la libertad de expresión travestida de sorna y odio ideológico, sino en el respeto a las leyes que a su vez protegen la libertad de los que deseamos escuchar nuestro himno en absoluto respeto, olvidando por un momento a los burgueses, que nos recuerdan el chantaje nacionalista desde las gradas del templo del deporte… Para faltar al respeto a la nación que les ampara.

En 2008, el primer ministro francés, François Fillon, suspendió un encuentro amistoso entre Francia y Túnez, funcionando como antígeno perfecto desde entonces y hasta el día de hoy contra los que convierten la fiesta del deporte en el matadero de valores, historia, cultura y un futuro plasmado en un pentagrama. Nuestro himno es agredido por los descendientes de Pujol, que ya trotan con humillación los juzgados españoles y que todavía han dar cuenta ante la UDEF del pago de miles de silbatos repartidos en la Copa del Rey de 2009, así como de su financiación a la mano que sostiene el dardo nacionalista mientras impaga a hospitales y farmacias.

La Copa del Rey debería ser suspendida ante cualquier tipo de agresión. El deporte, como todo, ha de ser preservado de la violencia de los totalitarios subvencionados.

* Cristina Seguí es política valenciana.

Me gustas cuando callas…

Guillermo Llona

No nos engañemos, no están cabreados porque se vaya a pitar el himno de un Estado soberano, lo están porque en la final de la Copa del Rey se va a pitar su himno. ¿Cuántas veces el de otro país –por ejemplo… ¡Francia!– ha recibido un estruendoso abucheo por parte de los aficionados españoles que ejercían de anfitriones? He presenciado ese desprecio a los símbolos foráneos en varias ocasiones, y en todas he sentido vergüenza ajena. ¿Qué consecuencias tuvieron aquellos silbidos? Lo han adivinado, ninguna.

Ahora, Esperanza Aguirre –que está en campaña y sabe que ciscarse en vascos y catalanes da votos en Madrid– y Javier Tebas –presidente de la Liga al que no compete la final de Copa– proponen suspender el partido en caso de que se pite la Marcha Real. Aguirre incluso ha llegado a pedir que, si esto ocurre, el Rey de Copas emérito y el actual –vaya, “los malos”– no puedan volver a participar en la competición. Venga, medallita rojigualda para la populista Espe y el valiente Tebas, que dentro de poco querrán obligarnos a escuchar el himno en pie y con la mano derecha sobre la teta izquierda, a lo yanqui-latinoamericano.

En cualquier caso, algo de estos planteamientos no me cuadra… Siempre que he ido al Bernabéu a ver jugar a mi equipo, el Athletic Club de Bilbao, los ultras madridistas han coreado el eslogan filonazi “euskal presoak, cámara de gas” y han acusado a gritos a algún jugador rojiblanco de pertenecer a una organización terrorista, pero nunca he visto al resto de seguidores merengues rasgarse las vestiduras ante tamaña barbaridad y, por supuesto, no me consta que Aguirre, Tebas u otro aprovechategui hayan propuesto para estos casos la suspensión del encuentro. ¿Y saben qué? Sospecho que los silbidos de la final de Copa les hincharán la vena a los que en el Benito Villamarín no se inmutaron al oír lo de “era una puta, lo hiciste bien”.

Pitar el himno me parece feo, pero no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque. El abucheo ensordecedor demuestra la rabia de esa inmensa mayoría de vascos y catalanes a los que les gustaría poder decidir si siguen o no formando parte del Estado representado por la Marcha Real. Muchos españoles nos quieren dentro de la Copa y de los dominios del Reino, pero con la boca cerrada, disecados como trofeo de caza. Parecen decirnos aquello de “me gustas cuando callas, porque estás como ausente”.

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6 pensamientos en “La pitada al himno en la final de Copa

  1. España es el único país de Europa y de los pocos casos en el mundo, donde su torneo de copa lleva en su nombre el cargo del jefe del Estado de turno. Esto ha sido así desde 1903: con Alfonso XIII, la II República, la dictadura y la monarquía. Por eso, cuando Cristina Seguí habla de que quienes silban politizan el deporte, me da la risa.

    Soy de la poco original opinión de que la pitada al himno es un ejercicio de libertad de expresión. Aunque a mí, casi todos ellos, me dicen poca cosa, yo no pitaría un himno por respeto a quienes sí lo sienten como algo importante. Sin embargo, entiendo que con las bravatas de Aguirre o el ex Fuerza Nueva Tebas, los fabricantes de silbatos en Barcelona y Bilbao dan palmas con las orejas.

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  2. La clave es: ¿el Athletic representa al conjunto de Euskadi? ¿Y el Barça a Catalunya? ¿Todos sus aficionados piensan igual? ¿Se puede culpabilizar a clubes y aficiones? ¿Por qué pitar al símbolo de un país, insultando así a todos los ciudadanos de un país? A) Pitar un himno es de lerdos paletos. B) Jamás se puede culpabilizar a un conjunto humano por un grupo de personas. C) La libertad de expresión es SAGRADA. Jamás censura.

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  3. Es que a quién se le ocurre mezclar Coca-Cola con Baileys. Todos sabemos que se te corta la digestión y la muerte es más que probable. El fútbol es lo que es, y a día de hoy, sobre todo el de clubes, es, además de un escaparate de lujo, el salvoconducto de muchos para ahogar sus penas y frustraciones, personales y sociales. Me cuesta encajar cualquier himno nacional en ese contexto. En fútbol quizá deberíamos utilizarlo en exclusiva para la selección. O que suene en cada partido de liga o pachanga de regional.

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  4. Claro que pitar un himno, o quemar una bandera, son manifestaciones de la libertad de expresión, pero eso no significa que sea loable, mas bien al contrario no trae cosa buena pitar un himno y encima pedir para ello el local mas céntrico y grande.

    Por último, sobre la posibilidad de parar el partido me parece incoherente y absurdo. Incoherente porque en los campos de fútbol se ha dicho y se dice todo y nunca se ha parado un partido….si ahora vamos a empezar podemos pensar en suspender la liga.

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  5. Pitar el himno, un himno que a mí no me representa todo sea dicho, me parece un acto infantil, propio de un niño malcriado e irrespetuoso. Por supuesto que pueden hacerlo, además me parece absurdo pedir la paralización de un partido por algo así, máxime considerando que todos los fines de semana hay espectáculos deplorables en todos los campos de fútbol (de todas las categorías) y nadie hace nada al respecto.

    Puestos a rasgarnos las vestiduras y poner el grito en el cielo, no sé, tal vez sería mejor hacerlo por cosas que verdaderamente importen, como el drama de los desahucios o las largas colas del paro, que son como un río de lágrimas, gota a gota, parado a parado. En todo caso, lo dicho, pitar un himno es un acto infantil y estúpido, que organicen una copa vasco-catalana y que la jueguen entre ellos. Me gustaría saber qué dirían los autoproclamados “defensores de la libertad de expresión” si se pitara el Eusko Gudariak por ejemplo.

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  6. “obtienen el poder de un pedazo del país gracias a jurar respeto y lealtad a la patria sobre las tapas de piel de la Constitución”

    A) aún no se ha visto ningún diputado catalán o vasco silbando en el estadio (que yo sepa)
    B) ese poder lo logran porque una parte de la población les vota como representantes, jurar respeto y lealtad a la patria es un trámite que seguramente sea de obligado cumplimiento.

    Curiosa esa defensa de la despolitización del deporte cuando nada más y nada menos que el Jefe del Estado tiene una competición a su nombre (algunos pensarán que el Jefe del Estado no es un político) y cada vez que la selección gana(ba) un torneo, todos los políticos corrían como poseídos a hacerse la foto. Claro, eso no es política, eso lo llaman promocionar el deporte.

    Bueno, pues en ese caso, ¡demos gracias a estos catalanes y vascos por promocionar el deporte!

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