De la España azul a la España multicolor

Falta apenas un mes para las elecciones municipales y autonómicas, y todas las encuestas presentan un mapa político sensiblemente diferente al de hace cuatro años. El Partido Popular, que en 2011 consiguió pintar buena parte del mapa de azul, va a tener que pactar si quiere seguir gobernando en algunas comunidades. El desgaste del PP tampoco lo aprovecha el PSOE y sí las dos fuerzas emergentes: Podemos y Ciudadanos, que serán claves para la gobernabilidad de algunos territorios. Suena la campana y cuatro púgiles analizan cómo ven el mapa político que puede salir del 24-M.

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Por la ruptura del bipartidismo y las mayorías absolutas

Beatriz Talegón *

Las próximas elecciones autonómicas y locales llegan en un ambiente realmente convulso. La grave crisis que estamos sufriendo ha despertado a la ciudadanía. La excusa de la economía para perpetrar el desmantelamiento del Estado de Bienestar y de Derecho ha conllevado el golpe en la mesa de una sociedad cansada de que le gobiernen –mal–. Los movimientos sociales, adormecidos desde mediados de los años ochenta, han tomado de nuevo las calles, se han visto obligados a resurgir para tratar de achicar el agua que está hundiendo el barco de lo público a falta de políticas que miren por el bienestar de la ciudadanía.

Las urnas deben hablar, pero han dejado de considerarse la única herramienta para poner fin a esta situación. Parte de la ciudadanía no ha encontrado una respuesta en las opciones que hasta ahora existían y, en lugar de cruzarse de brazos, ha decidido intentar construir alternativas. Si bien es cierto que España no es un país con un sistema bipartidista, puesto que la existencia de partidos como Izquierda Unida y UPyD a nivel nacional son muestra clara de la existencia de otros grupos (por no hablar del ámbito regional, donde las posibilidades se amplían mucho más), también lo es que hasta ahora los Gobiernos han sido siempre de dos partidos: PSOE y PP. Sumando sus votos, hasta ahora obtenían siempre más del ochenta por ciento. Según parece, esto no volverá a suceder, debido a la llegada de partidos nuevos que, de algún modo, han venido a señalar las carencias de los tradicionales.

Las nuevas formaciones aparecen con fuerza, sobre todo promovidas por los medios de comunicación, y, principalmente, encuentran su razón de ser en lo que los otros partidos decían ser y no han sido, lo que prometían hacer y no hicieron. El mayor problema en nuestro país, tras el desempleo, es la corrupción. Precisamente, es ésta la percepción que se tiene de los políticos en general y, por una injusta generalización, se equipara a todos los que forman parte de los partidos tradicionales con esta clase corrupta.

Ciudadanos viene para quedarse: demuestran ser un partido liberal con ideas, con propuestas claras y, sobre todo, con ganas de hacer política honrada y limpia. Sin duda, tienen muchas posibilidades de hacer que el PP pase a la historia en los próximos años. Sin embargo, Podemos, la formación política que de alguna manera ha aparecido ante la falta de coherencia de las formaciones tradicionalmente consideradas de izquierda (PSOE e IU), parece aún no tener claro cuál será su papel. En los próximos comicios no se presentará a nivel local, estrategia que considero un error, puesto que la verdadera vocación política es la que se desarrolla en el ámbito más cercano a la ciudadanía, y esta decisión se contradice con su línea argumental básica; sin embargo, sí lo harán en el ámbito regional, suponiendo un interesante actor para los pactos necesarios que deberían darse en la izquierda.

La clave después de las elecciones será interpretar adecuadamente los resultados, entendiendo qué ha elegido la mayoría social y sin olvidar que se ha de gobernar para todos, también para las minorías que no han votado por la opción dominante. Será el momento en el que todas las formaciones políticas deberán retratarse y posicionarse en el tablero. La línea divisoria debería ser clara a estas alturas: de un lado, quienes se comprometen a legislar para que la economía esté al servicio de la ciudadanía y se aseguren los pilares fundamentales del Estado de Bienestar, Democrático y de Derecho; y de otro, quienes, a pesar de decir esto mismo, con sus hechos recortarán derechos de todos para beneficiarse a costa de todos haciendo de la política un negocio privado.

* Beatriz Talegón es política (PSOE)

Pobre Terreta

Cristina Seguí *

Somos las delicias de los expertos en demoscopia. Valencia, nuestra pobre Terreta, cogida de la oreja por demasiados aspirantes, por demasiados tránsfugas fluctuantes entre las siglas que les forjaron cuando todavía era tiernos adláteres y las nuevas, que premian sus devaneos con mullidos puestos de salida en listas, para ser buenos chicos y aprender a torpedear la línea de flotación del “fiambre político” que les firmó su primer carnet de afiliado. Es el caso de alguno de los aspirantes magenta a las Cortes valencianas por Ciudadanos, que me contaba hace seis meses, en el diván de un bar, el timing perfecto de la implosión del partido que todavía, Coca-Cola en mano, aseguraba no haber abandonado.

Suceda lo que suceda el 24 de mayo, una cosa es segura: la Terreta no será merecida por un solo candidato de los que componen el actual escenario. Hagamos alguna osada predicción que, de ser errónea, aceptaré comerme al primer albor del día, de aquí a un año. Ciudadanos entrará con fuerza gracias a la consolidada, meritoria y ungida imagen de Rivera, que compensará por completo la mediocridad de sus aspirantes locales. Nadie vota a Carolina Punset en las Cortes valencianas. La anodina ex Equo que, con gesto permanentemente fruncido, exhibe inquina contra el Partido Popular, les sustenta con su primera criatura, CIPAL, en el Ayuntamiento de Altea. Se declara a su vez afín a Compromís, coalición que, junto a las viejas rémoras del PSPV, Ximo Puig y Calabuig, integrará el cuatripartito de izquierdas de cuyas sedes y algaradas cuelgan desde siempre esteladas importadas.

Ya saben, gracias a la ceguera que la frontera autonómica provoca, ninguno de ustedes sabe que Ciudadanos en Valencia se siente próximo a aquello que en Cataluña sería paradigma de aberración. Ese enemigo con el que Ciudadanos lleva una década luchando en Cataluña. Quizás ni siquiera Punset, que permanecerá en las Cortes como máximo un año antes de abandonarlas para viajar a Europa, sabe que su segundo lleva meses negociando con el Partido Popular un Gobierno de estabilidad cuando esta recoja asiento en Bruselas. Un Partido Popular que, tras una campaña lánguida y limitada a intentar soportar el descrédito, quedará enorme y merecidamente debilitado, aunque no tanto como las cocinadas encuestas vaticinan. Esperemos a ver qué les prepara Rivera, que, tras haber driblado el “Pacto del Tinell” en Murcia, quizás brinde su apoyo al Gobierno de Fabra.

Mientras tanto, señores, no esperen mesías y no se abandonen a fútiles idolatrías. Gane quien gane este año, todos son candidatos infantilizados tirando de las extremidades de una muñeca. Y esa muñeca son ustedes; ustedes y nuestra pobre Terreta.

* Cristina Seguí es política valenciana.

La puerta para el cambio

Hugo Martínez Abarca *

Hace cuatro años, andábamos sumergidos en esta profundísima crisis económica. La pregunta más común era “qué le pasa a este pueblo que, con lo que le están haciendo, no se levanta”. Una semana antes de las urnas, ocurrió una cosa que no cambió las elecciones, pero que cambió el país. Tras la manifestación del 15 de mayo de 2011, que pedía una “democracia real”, plazas de toda España se llenaron de la gente que quería cambiar el país. Habían lanzado un potente grito: “Estamos aquí, somos el pueblo, tenemos dignidad y aún no sabemos cómo, pero vamos a cambiar el país”.

Cuatro años después hay, efectivamente, una pulsión de cambio innegable. A estas elecciones se presentan cientos de candidaturas de unidad popular con capacidad de disputar ayuntamientos tan importantes como Madrid y Barcelona. En las comunidades autónomas, Podemos se presenta por primera vez como alternativa que realmente dispute al bipartidismo el poder institucional. En algunos sitios, como Madrid, la candidatura de Podemos se enriquece con gente que no militamos en Podemos, pero que tenemos claro que es, sobre todo, el momento de plantar cara, de intentarlo todo por recuperar para nuestro pueblo las instituciones y poner en marcha una democracia real, no secuestrada por redes clientelares, caciquismo y corrupción; por esos corruptos y corruptores que nos han saqueado y arruinado sirviéndose de lo público para llenar sus cuentas suizas, andorranas y gibraltareñas.

Las elecciones de mayo tienen dos contenidos de importancia histórica. Por un lado, el resultado sustantivo de ellas: los ayuntamientos y gobiernos autonómicos resultantes decidirán sobre cuestiones vitales para la ciudadanía: desde la educación y la sanidad a la configuración de ciudades habitables o el mantenimiento de la sumisión de todas ellas a los intereses económicos del poder que no se presenta a elecciones. Por otro lado, está el resultado simbólico: si unas elecciones como las europeas de 2014 cambiaron para siempre el mapa político de España, ¿qué no sucederá con unas municipales y autonómicas como éstas?

Que nos estamos jugando el cambio es algo que no escapa a nadie. El poder reaccionó desde las europeas para aparentar que, con una manita de pintura, se arreglaría la podredumbre estructural. Desde el reemplazo del amortizado Juan Carlos de Borbón al fulgurante encumbramiento de supuestas novedades electorales que visten de cambio el mismo programa económico con el que ganaron Aznar, Rato y Rajoy en 1996 y que puso la semilla de la crisis, la corrupción y el saqueo de derechos.

El 15 de mayo de 2011 abrimos en la calle la puerta al cambio porque nos estaban robando la vida. El 24 de mayo de 2015, desde las urnas, podemos dejar la puerta definitivamente abierta para construir democracia, para recuperar para la gente un país, sus comunidades, sus ciudades y sus pueblos que han estado demasiado tiempo secuestrados por los poderosos.

* Hugo Martínez Abarca es politólogo y candidato a la Asamblea de Madrid en las listas de Podemos.

Pactar para servir

Miguel Ángel Malavia

Creo que no es demasiado aventurado decir que una de las grandes conclusiones de las autonómicas y municipales del 24-M será que se han acabado los gobiernos monocolores; en este caso, el azul gaviota que lleva cuatro años dirigiendo tres cuartas partes de España. Diría lo mismo si fuera el rojo puño y rosa: será una buena noticia. Las mayorías absolutas garantizan estabilidad, sí, pero para que un partido político desarrolle su programa de máximos, ignorando sin más los postulados de buena parte de la sociedad. La que no le ha votado, pero que sigue siendo igualmente ciudadanía. Esa a la que, cuatro años después, el otrora Goliat ciego vuelve a mirar, acariciar y mimar.

Creo que ya no cuela. Todo parece indicar que PP y PSOE, con UPyD e IU en fuera de juego esta vez (España los necesita a ambos), tendrán que pactar en las comunidades y pueblos de España con Ciudadanos y Podemos. Habrá de todo, pero es casi seguro que veremos muchos ejecutivos mixtos. Que eso sea una buena o una mala noticia está por ver: dependerá, al fin y al cabo, de las personas. ¿Mi anhelo? Que las alianzas de gobierno nazcan del diálogo sincero y no del afán de poder. Que haya una vocación de servicio al ciudadano y no un conchaveo en el que se repartan cargos y golosinas. ¿Una utopía? En la mayoría de los casos, seguramente sí.

Pero que nuestros políticos no piensen que las zafias astracanadas les saldrán gratis. Es tiempo de altura de miras, generosidad y pasos cortos. Si el PP y el PSOE, es un decir, se convierten en instrumentos aplicadores de Ciudadanos y Podemos, en las próximas elecciones cederán el paso a las nuevas fuerzas. Si, por el contrario, Ciudadanos y Podemos se convierten en un juguete consentidor del PP y el PSOE, la gente volverá al original antes que a la copia. Y ahí sí, estoy seguro, UPyD e IU (que en su día aprovecharon el descontento que se evidenció con el 15-M y que hoy han quedado petrificados ante sus respectivos primos hermanos) aprovecharán el desencanto y volverán a ocupar su lugar natural.

Sea como fuere, en estas elecciones solo pido un deseo. Sé que es plenamente utópico, pero lo expreso: que ningún representante público implicado en un caso de corrupción mantenga su puesto. Eso debería quedar en manos del Estado y la Justicia, pero, como lo cierto es que esa vigilancia falla estrepitosamente en tantas ocasiones, queda en manos del ciudadano. De ti y de mí, de todos: fuera todos los tunantes que no pudieran figurar en las listas del Partido Decente.

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