TTIP, el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE que viene

Los Estados Unidos y la Unión Europea están gestando el mayor tratado de libre comercio de la historia, pero muy poco se sabe de las negociaciones que están llevando a cabo los representantes de ambas partes. ¿Cuál es la razón de tal secretismo? ¿Beneficiaría a los ciudadanos europeos un acuerdo de tan grandes dimensiones? Dos expertos en Economía suben al ring de Cuadrilátero 33 para discutir sobre el Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones o TTIP.

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TTIP, una simetría

Tte. Giovanni Drogo *

Cuando se habla de TTIP se hace énfasis en que va a ser el mayor tratado comercial de la historia. Los datos son abrumadores: entre EEUU y la UE suman el 50% del PIB mundial y, según datos de la Comisión Europea, los intercambios de la UE con EEUU suponen en la actualidad el 40% del comercio mundial.

Se señalan los peligros que entraña, desde su gestación secreta a la introducción de tribunales de arbitraje privado a los que tendrían que someterse los Estados, pasando por las diferentes garantías que a uno y otro lado del Atlántico tienen los consumidores sobre todo en lo referido a cuestiones alimentarias y de protección de los datos personales.

Sin embargo, de lo que se habla poco es de su carácter geoestratégico. De cómo el TTIP y el tratado que en estos momentos negocia EEUU con los países de la Cuenca del Pacífico, TPP, conforman un todo que tiene como objetivo aislar a China.

A su vez, China no se ha quedado quieta y ha puesto en marcha una serie de iniciativas para evitar quedarse cercada. Las dos Rutas de la Seda, la terrestre y la marítima, que llegan a Europa desde el Este por el Norte y por el Sur; el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, el Banco de los BRICS, el “collar de perlas”, cadenas de bases militares y comerciales que le aseguran sus rutas de aprovisionamiento… configuran un movimiento simétrico al emprendido por EEUU.

Si hacemos una proyección hacia el futuro, nos encontraríamos una nueva bipolaridad, el mundo escindido en dos bloques económico-militares, entre los que, posiblemente, los países europeos tendrían que elegir. Aunque en principio parece que la elección de Europa está clara, asociación con EEUU, no cabe descartar que en el futuro se puedan producir dudas y deserciones entre los países europeos. Un ejemplo adelantado de esto ha sido la fundación del Banco Asiático. EEUU y Japón se opusieron con firmeza a él, pero, sin embargo, aliados tan emblemáticos como el Reino Unido, que fue seguido en manada por el resto de los países europeos importantes, entre ellos España, se apresuraron a adherirse a la iniciativa china.

Curiosamente, el argumento que daba EEUU en contra del Banco Asiático es que los chinos no respetarían ni los derechos laborales ni el medioambiente, cuestión esta que es relativa y que se podría formular diciendo que China respetará menos esos derechos.

Vistas así las cosas, los europeos nos podríamos encontrar, como Ulises, entre Escila y Caribdis; es decir, dos situaciones no deseables de las que no sería posible separarse, porque, alejarse de una, supondría acercarse a la otra, lo que llevaría como pregunta obligada: ¿a cuál de ellas?

* Tte. Giovanni Drogo es economista.

Negociaciones inquietantes

Luis Carlos Grandal *

El Tratado de Libre Comercio UE-EEUU, más conocido por sus siglas en inglés, TTIP, está en punto en muerto. Este es un tratado sumamente importante para las dos partes. La Unión Europea y los Estados Unidos representan casi el 40% del PIB mundial. En principio, en economías abiertas como son las del mundo occidental, este tratado no es malo. En el caso de Europa puede suponer un aumento del PIB en unos 120.000 millones de euros. EEUU se ha volcado en sus relaciones comerciales en las últimas décadas hacia el Pacífico, hacia China más concretamente, con más o menos resultados satisfactorios; más positivos para China quizás, a la que ha protegido e impulsado para entrar en la OMC antes incluso que a Rusia.

Las negociaciones europeas las lideran Alemania y Francia, que han hecho un frente común. Y es la propuesta francesa del pasado 2 de junio la que ha provocado una caída a plomo de las conversaciones con EEUU. El objetivo es mantener un sistema de solución de diferencias entre las empresas y los gobiernos en los futuros acuerdos comerciales firmados por la UE. El problema es el acuerdo sobre los tribunales de arbitraje para proteger los derechos de los abusos de las empresas en los Estados donde se asientan. La cuestión es si estamos o no dispuestos a dar a las empresas poder sobre cuestiones medioambientales, sociales o sanitarias ahora en manos de los Estados. Alemania ha sido atacada por haber decidido abandonar la energía nuclear y Australia por prohibir el tabaco.

Con el fin de reequilibrar la relación de poder entre las empresas y los Estados, París propone establecer sanciones financieras para disuadir “quejas frívolas”. Claramente, pone una espada de Damocles sobre las cabezas de las empresas, que lo pensarían dos veces antes de atacar a un Estado por su política de control de tabaco o las medidas ambientales. Si la denuncia es considerada “frívola” por el tribunal, además de no seguir adelante con el caso, los árbitros podrán imponer a la empresa una multa de hasta el 50% de los daños y perjuicios solicitados.

Además, se menciona por primera vez que, para hacer un mecanismo TTIP recíproco, los Estados también podrían atacar a los inversores antes de este procedimiento de arbitraje, si han “violado las leyes y reglamentos del país”.

Las negociaciones entre ambas partes del Atlántico se vienen produciendo desde hace varios años y las deliberaciones son secretas. No parece esto una buena decisión cuando afecta a tantos millones de personas. La libertad de comercio puede ser buena, pero entregar el poder a las multinacionales es peligroso. Lo es porque sus beneficios no siempre coinciden con los del interés común.

* Luis Carlos Grandal es profesor de Periodismo Internacional y Periodismo Económico en la Universidad Carlos III de Madrid.

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