El caso Zapata y la doble vara de castigar

Guillermo Zapata, concejal del Ayuntamiento de Madrid, tuvo que renunciar a ocuparse de la cartera de Cultura en la corporación presidida por Manuela Carmena. El motivo fueron unos tuits que el político de Ahora Madrid había escrito en 2011 en los que hacía chistes sobre el holocausto judío, las niñas de Alcácer o Irene Villa. Además, hasta el reciente auto absolutorio del juez Pedraz, Zapata iba a tener que ir a declarar a la Audiencia Nacional por un posible delito de “humillación a las víctimas del terrorismo”. Esta semana cuatro púgiles se ponen la calzona y los guantes y debaten sobre el caso Zapata, los límites del humor y el doble rasero a la hora de asumir responsabilidades políticas.

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Había una vez, un circo

Guillermo Llona

¿Saben aquel que diu que están tres concejales de Ahora Madrid en Twitter, uno propone torturar y guillotinar a Alberto Ruiz-Gallardón, otro sugiere que se empale a Toni Cantó, el tercero cuenta dos chistes viejísimos y archiconocidos de humor negro, y el único que no se va de rositas es el último? ¿Lo pillan? Yo tampoco.

Menos mal que Irene Villa –protagonista de una de las gracietas macabras de Guillermo Zapata– dio en el clavo al responder a la polvareda que se levantó en las redes sociales con el siguiente tuit: “Mi chiste favorito es el que me define como la mujer explosiva”. ¡Olé! Las dos orejas y los dos rabos del toro para la madrileña. Y de paso, corte de mangas para los terroristas que le robaron las piernas.

En ese mismo instante, en otra galaxia, la nueva alcaldesa, Manuela Carmena, decidía enchufar en el Ayuntamiento al marido de su sobrina y que los colegios e institutos madrileños los iba a limpiar su pu… las madres de los alumnos. Y Rita Maestre, nueva portavoz del consistorio capitalino e imputada por profanar una capilla católica al grito de “arderéis como en el 36”, estaba siendo entrevistada por -agárrense los machos- ¡Vanity Fair! El nombre de la revista resume bien lo que opino al respecto. Mirada Acero Azul para el posado en la escalinata, Magnum para el posado en el sofá. O sea. “Pertenezco a una familia católica y he ido a misa con mis abuelas millones de veces”. ¡Ah, vale! Entendido. Por favor, prosiga ladrando por el megáfono y ciscándose en la libertad religiosa del prójimo.

Salvo para el pobre –o tonto– de Zapata, todo gratis. Y Esperanza Aguirre, ocupada en descubrir etarras encubiertos, ni lo olió durante la campaña electoral.

¿Dimisiones? ¡No! ¡Pero si estos podemitas son graciosísimos! Yo no quiero que dimita ninguno. Lo que quiero es que monten ya una gran carpa sobre el Palacio de Comunicaciones para que pueda competir en condiciones con el Price. Porque en eso se ha convertido el Ayuntamiento de Madrid, en un circo. Pero de los que no alegran el corazón. De los que te hacen reír, por no llorar.

Barato les sale usar a sus siervos para que echen más leña al fuego

Javier Moya G.

La que has liado, Guillermo. Podrías haber ejercido tu libertad de expresión occidental haciendo chistes de señores con turbante y, en cambio, fuiste a ofender, justificar y enaltecer no sé cuántas cosas. Con unos chistes bastante malos, por cierto. Eso no sé si debería ser motivo de dimisión, pero sí de castigo. Se me ocurre que tu jefa te podría poner durante dos días seguidos sin levantarte del sofá a ver capítulos de Louie. Para que te rías de todo lo políticamente incorrecto pero con estilo.

No soy quién para juzgar el contenido moral de tus tuits. Yo mismo me he reído y he contado algún chiste ofensivo hacia todo lo ofendible. Todos sabemos que un principio implacable del humor negro suele tener que ver con la proporcionalidad directa entre la crueldad de un chiste y su gracia. Pero tú, Guillermo, mira que, sabiendo dónde te metías, no te molestaras en revisar toda tu huella digital. ¿No esperabas que a partir del 24-M os rebuscarían hasta en la basura? ¿De verdad nadie te lo dijo? Porque tú sabes igual que todo el mundo que tus tuits de 2011 no los encontró un friki que se aburría en su casa. La maquinaria está en marcha y no ha hecho más que empezar a funcionar. Has cometido una torpeza imperdonable.

No sólo te cuesta el puesto de concejal de Cultura un tuit de 2011, sino que la Audiencia Nacional, un tribunal que no existe en ningún país “de nuestro entorno” y que no es otra cosa que heredero directo del TOP franquista, te llama a declarar por ello. Allí te verás con tu compañera Rita Maestre. Curiosamente, dos días después de jurar su cargo era llamada por unos hechos de 2011.

Algunos de tus compañeros reconocen en privado que la legislatura va a ser un infierno. Lo típico cuando la derecha está en la oposición. Que su prensa afín y subvencionada va a ir a degüello hasta noviembre no es ninguna sorpresa. No hay más que ver la cobertura informativa del asunto de los tuits y compararla con el espacio que han tenido medidas como la bajada de sueldos del equipo de Gobierno (no de la oposición) o el anuncio de que los vecinos de Madrid van a tener voz en una parte del gasto municipal. El salto cualitativo es que utilicen la justicia para perseguir a rivales políticos. Menos mal que eso, en los países de “nuestro entorno”, no pasa.

#creoquesoylibreperono Me gusta

Iñigo Azpiri

¡Ay Guillermo Zapata, la vanidad pudo contigo! Te hiciste una cuenta de Twitter, ese patio de vecinas global en el que los vanidosos se juntan para asombrar al mundo con sus ingeniosísimas ideas, y te pusiste a escribir chistes de fino humor pensando que los demás estaríamos interesados. Pobre ingenuo, ni siquiera tu alcaldesa te leyó. A nadie le interesa lo que escriben los demás, solo nos apasionan nuestras propias cagarrutas digitales.

Pero resulta estremecedor que ahora te hagan dimitir por unas cosas que escribiste en 2011, que cuando accedes a la política haya gente que dedique su abundante tiempo libre a bucear en Twitter para encontrar estas mezquindades que dejaste por escrito. ¿Por qué dimites? ¿No te habían votado? La gente antes de votar que se informe de quién eres, y que luego no se hagan los ofendidos y nos vengan con sus habituales dengues.

Malvivimos en una sociedad que nos venden como el colmo de la libertad de expresión, cuando en realidad en ningún momento de la historia ha habido tantas herramientas para el control de las opiniones. A Stalin se le habrían saltado las lágrimas de felicidad al ver algo como Facebook. Queda registrado para siempre lo que decimos, nuestras fotos, nuestros gustos, nuestros amores y desamores, todo, todo. Además el control y la censura son tan sutiles, tan sibilinos… Les invito a hacer un experimento. Vayan ustedes a Google Imágenes y escriban ahí el nombre de una actriz porno. ¿Que no conocen a ninguna? ¡No sean remilgados! Pregunten a sus compañeros de trabajo, a su padre, a su madre. Vayan y hagan la prueba, que les espero. Pero no cierren esta pestaña que luego les cuesta volver. ¿Qué han visto? ¿No les sorprende que a lo sumo apareciesen fotos en ropa interior? ¿Actrices porno solo en ropa interior?

Este oasis de libertad es solo fachada. Mientras uno se mantenga dentro de los límites oficiales todo va bien. Incluso le pueden dar un cargo político. Pero si uno dice que es curioso que no haya mujeres que sean grandes compositoras, o que los transformistas le resultan grotescos, o que la religión en general y el islam en particular son el sida del mundo, una masa de gente ofendida cae sobre su cabeza para intentar acallarle. Aquí dejo mi opinión para que arruine mi vida dentro de 20 años.

Salgo del armario

Miguel Ángel Malavia

Ante las repercusiones del caso Guillermo Zapata, ese concejal de Cultura de Madrid que ya no lo será y que incluso ha sido imputado por decir ciertas miserias morales en Twitter, quiero salir del armario y sacar a la luz parte de lo más truculento de mi pasado. Transparencia absoluta. Sí, puesto que soy el fundador del Partido Decente (con la escalofriante cifra de 40 seguidores en Twitter) y no es descartable que algún día llegue a ocupar La Moncloa, confieso:

He escrito relatos en mi blog en los que unos políticos corruptos reciben el castigo de ser orinados en la cara por un comando de musas justicieras. En Facebook me he ciscado en la madre de banqueros y empresarios ladrones pillados in fraganti. Hace mucho, desde lo más alto de la Sagrada Familia, me dirigí al pueblo catalán y grité “viva España”. Cuando Zapatero aprobó el matrimonio homosexual, me manifesté en contra (siempre he estado a favor de las uniones civiles entre homosexuales, pero entonces no quería que se las llamara “matrimonio”). De hace muchos años (como Pablo Casado y Albert Rivera, que, según algunos, son la misma persona), tengo decenas de fotos con el brazo en alto y bastantes menos con el puño en alto: nunca he sido fascista ni comunista, pero entonces “me hacía gracia” rememorar determinada simbología de la Guerra Civil que, eso de verdad, me apasionaba estudiar. He votado a Esperanza Aguirre.

Ahora me pongo serio. Salvo las dos primeras cosas, me avergüenzo del resto. Hoy no las volvería a hacer, pero forman parte de lo que soy. Todo el mundo tiene derecho a evolucionar, a madurar. Lo cual no quiere decir que, a lo largo de toda nuestra vida, haremos muchísimas más gilipolleces. No me gusta lo que escribió Guillermo Zapata. Aún menos lo que salió de la cuenta de Twitter de su compañero Pablo Soto, que, pese a interesarle menos a quienes orquestaron una campaña mediática de proporciones desmesuradas, pidió “empalar a Toni Cantó”. En general, no me gusta la excesiva tensión que se respira en las redes sociales por parte de muchos intolerantes con afán de protagonismo.

Pero aún hay algo que me gusta menos que todo eso: la renovada Inquisición. ¿De verdad merece la pena rastrear en el pasado de todo nuevo cargo público? ¿No existe el derecho a la segunda oportunidad, a enmendar los errores? Dudo mucho que alguna vez pase de presidente de la Peña Taurina Casa Malavia, pero, por si acaso el destino me tiene preparado algo más apasionante, aquí está mi cabeza. Hoy he salido del armario. Transparencia absoluta: sí, he hecho muchas tonterías.

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3 pensamientos en “El caso Zapata y la doble vara de castigar

  1. Mi voto va para Iñigo, porque, aunque el resto también podría llevarselo, es el que más ha ahondado en el hecho de que las redes sociales son un maravilloso registro a ser usado en nuestra contra.

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  2. Quien no haya sonreído alguna vez al escuchar un chiste que falte al respeto a algún colectivo que tire la primera piedra. De leperos, “guipuchis”, rubias, eran dos mariquitas, gangosos, curas, gitanos, tartamudos y un largo etc.

    Cierto que algunos son de pésimo gusto pero están ahí. Si estimaran la imputación a Zapata, por unos tuit desafortunados, que no habría que hacer con Arévalo (genio y figura, “casette trendin topic” en las gasolineras españolas).

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    • Dicho esto, propongo dejar en “Cuadrilátero 33″ una cadena de chistes comunal que termine costándonos profesionalmente la vida el día de mañana, empiezo:

      ” Estos son dos amigos vascos y uno le dice al otro…
      – Patxi, que me han dicho que tu hija está con gonorrea…
      – Aiva Gorka, a mi mientras sea vasco ¡que esté con quien quiera! ”

      Malo pero desde el cariño, jeje. Recuerdos a mi tío José Ángel y mi primo Óscar, dos de los vascos a los que mejores chistes he oído contar en mi vida 🙂

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