El Gobierno español vuelve a impulsar el AVE

El Ejecutivo liderado por Mariano Rajoy ha revitalizado la Alta Velocidad Española en los Presupuestos Generales que ha presentado recientemente. En 2016 el AVE recibirá casi la mitad del gasto en infraestructuras. En concreto, el Estado financiará la “i griega vasca”, vía presupuestos y Cupo, con casi 600 millones de euros. La red de nuestro país, la segunda mayor del mundo después de la china, coge fuerzas, pero, ¿será rentable? ¿Habrán merecido la pena los sacrificios y gastos destinados a su ejecución?

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Bienaventurados los simples

Aitor Menta

Hace unas semanas el vicario, que no el becario, de la segunda persona de la Trinidad devolvió a la ecología el lugar en la prensa que la crisis económica le hurtó hace algunos años.

No he leído la encíclica, pero al recibir la propuesta para redactar esta pieza acerca de las razones para oponerse al Tren de Alta Velocidad (TAV), me vino a la cabeza una de las frases más celebradas del representado de Bergoglio: “Y conoceréis la verdad; y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Dicha frase cobró nuevo vigor a principios del siglo XX en su versión secularizada: “La verdad es siempre revolucionaria”. A su vez, el movimiento ecologista es uno de los que más ha apreciado el esquema propuesto por dicha máxima: si las masas supieran, si no se les escondiera la verdad, se sublevarían.

El proyecto de TAV conocido como “i griega vasca” se pergeñó a principios de los noventa. El proyecto fue contestado desde el principio por múltiples colectivos que, confluyendo posteriormente en la coordinadora Aht gelditu! Elkarlana, dieron a conocer las mentiras sobre su “sostenibilidad” y el destrozo ecológico y social que supondría su construcción y funcionamiento. En 2006 se empezó a ejecutar la obra. Menos de dos años después, estalló la crisis financiera, y aunque desterró a la ecología al limbo de los justos, sirvió para romper el sello de las nuevas revelaciones: despilfarro, corrupción en Adif, posibles tramos construidos a pesar de estar descartada su utilización… (véanse las hemerotecas). En 2015, cuando ya se habla de que, de ponerse en marcha, el TAV no circulará antes de la década de 2020, hemos oído en sede parlamentaria cómo un experto defendía que atendiendo a los criterios ecológicos, sociales y económicos de la situación actual, un servicio de helicópteros entre las tres capitales vascas sería más “sostenible”. ¿Estará ya suficientemente revelada la verdad?

Un enciclopedista de las nocividades, fallecido hace ahora un lustro, reflexionaba acerca de esta problemática en su último libro: “Hay que pensar entonces que es más bien la revuelta, el gusto por la libertad, lo que empuja al conocimiento, y no al revés”.

Ellos le respondieron: “Somos hijos de Abraham [léase el Progreso] y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú “seréis libres”?” (Juan 8:33)

Puede que la mayor pérdida que tengamos que lamentar los vástagos de la sociedad industrial sea la atrofia del sentido del gusto. Bienaventurados los simples.

La pequeña locomotora que sí pudo

Juan Llona *

Me resulta curioso comprobar cómo en la mente de muchos defensores activos del crecimiento sostenible y la conservación del medio ambiente, la alta velocidad cae del lado de los malos.

El ferrocarril ha sido indiscutiblemente uno de los principales motores del progreso desde que James Watt patentase su máquina de vapor en 1769. Hasta tal punto era vital el buen funcionamiento del ferrocarril a principios del siglo XX que Moody’s, la actual compañía de calificación crediticia, cambió el nombre de su popular manual sobre compañías industriales a Moody’s manual of railroads and corporation securities. Desconozco si existían entonces voces contra estas inversiones descomunales por dañar el medio ambiente, suponer una inversión no rentable, o corromper a políticos, empresarios y trabajadores. De lo que nadie duda ya es de que, tras muchas décadas de funcionamiento, el tren ha dado unos resultados más que positivos para todos aquellos que por distintos motivos lo han utilizado.

El tren de alta velocidad es un tren que circula a una velocidad superior a la de aquellos de vapor que tanto han contribuido a que hoy vivamos mejor que en 1900. Con una tecnología y un aspecto diferente, claro, pero que no ocupa más espacio físico y contamina menos.

Entre los críticos abunda la casuística, lo muy concreto en tiempo y espacio. La alta velocidad se debe tratar como un proyecto de grandísima envergadura, intergeneracional, sin rédito en el inmediato plazo y que sirve para lo que sirve. Si lo hacemos así, minimizaremos los errores, y evitaremos competir contra el avión donde no toca, que vagones vacíos lleguen a cada uno de los rincones de interés cultural por eso de “no discriminar”, el “esto lo pagamos todos” de aquellos a quienes no les tocase el tren y otras chorradas varias. Y ahuyentaremos a los políticos y empresarios oportunistas que quieren ver sus arcas y ansias de notoriedad bien satisfechas a las primeras de cambio.

Y por último: sabemos que hay trenes de levitación magnética que podrían alcanzar 600 km/h, que se puede ofrecer prensa mundial gratis y que la grifería puede venir en oro macizo. Pero ahí ya entramos en otro debate que nada tiene que ver con el AVE, pero que es capaz de enfangar cualquier cosa con sentido.

Os recomiendo un libro fabuloso, y digo “libro” porque hay cuentos para niños que merecen el respeto y la atención de un gran libro: La pequeña locomotora que sí pudo. Nadie sabe qué hay detrás de una montaña desconocida hasta que no está en su cima. Y desde luego, es imposible descubrir de lo que se es capaz si no se intenta.

* Juan Llona es gestor de fondos de inversión.

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Un pensamiento en “El Gobierno español vuelve a impulsar el AVE

  1. A ver estar en contra de la construcción masiva de redes de alta velocidad no es estar en contra del tren, todo progreso en la civilización tiene un impacto ecológico, da igual que sea una vía o un pequeño pueblo de 200 habitantes.
    Lo interesante es ver si esos trayectos son de verdad rentables o necesarios, quizás se mas interesante mejorar el nivel de la vías para que los trenes altaris y Alvia puedan ir ala velocidad que de verdad pueden ir. La realidad es que la diferencia de tiempo en algunos trayectos no va a suponer un gran progreso pero si va a suponer un aumento importante del coste para el viajero, ya sabemos como se las gasta renfe, trayecto que tiene ave quito el resto de trenes de larga distancia y así obligo a la gente a comprar billete de AVE.
    Supongo que el gran beneficiario de todo esto será Talgo y sus trabajadores que tendrán más trabajo asegurado para los próximos años.
    Para concluir en mi opinión la alta velocidad debe de existir entre puntos que sean rentables, digamos núcleos financieros, pero en España van han puesto AVE hasta sitios tan innecesarios como Toledo, creo si no recuerdo mal que ese AVE ya no funciona.
    Progreso si, progreso innecesario y deficitario no.

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