La crisis de refugiados marca la Europa del mañana

Casi medio millón de refugiados han llegado a Europa en 2015, procedentes de diferentes países de Oriente Medio. La mayoría de ellos huyen de la guerra civil en Siria y han entrado en el Viejo Continente vía Turquía. La Unión Europea ya ha pactado la acogida de 120.000, pese a la negativa de cuatro de sus Estados miembros. Esta semana cuatro púgiles se suben al ring para debatir si ese número es suficiente o no y si Europa está preparada para asumir la llegada de estas personas.

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Relatos invisibles

Javier Ramírez Berastegui *

Mucho se ha escrito ya en los medios de comunicación sobre la reciente crisis de refugio europea. Este fenómeno suscita sin duda muchas reflexiones que queremos compartir aquí.

Los años de “boom del ladrillo” en España construyeron un política migratoria utilitarista en lo que sin duda supuso la experiencia piloto de la precarización generalizada del mercado laboral de los años posteriores. En este contexto, el refugio era sin duda un proceso migratorio desconocido e invisibilizado política y mediáticamente. España no acumulaba más de 4.000 o 5.000 solicitudes de asilo por año. De esta forma, el refugio se vio desdibujado y la sociedad española nunca supo ni comprendió su naturaleza, sin comprender lo que le podía diferenciar de la migración económica.

“El temor fundado de sufrir persecución por motivos de género, nacionalidad, religión, opiniones políticas y orientación sexual” glosa la ley de asilo. Mi experiencia como abogado de asilo era reconstruir ese contexto, ese relato junto al solicitante justamente para visiblizar su miedo y darle coherencia externa según la información sobre su país de origen. La reconstrucción de ese relato de persecución era sin duda una experiencia intensa que consistía en largas entrevistas que necesitaban de gran empatía para ese proceso impúdico. Mi función podía ser parecida a la de esos escritores de profesión que escriben historias de otros, intentando hacerlas suyas. Mi única labor era por lo tanto resaltar de esos relatos, profundamente subjetivos por hirientes y traumáticos, aquellos elementos que sabía que eran importantes para fundamentar su caso de asilo. Era un proceso de apropiación para presentarlo a un público demoledor, cínico y cruel como la oficina de asilo y refugio del Ministerio del Interior. La sociedad española mostraba indiferencia e ignorancia ante estos relatos de temor, miedo y trauma.

La reciente repercusión mediática de la crisis de los refugiados produce sensaciones encontradas. Pensé “¡al fin los medios hablan del refugio!”. Desgraciadamente el discurso mediático más positivo no pasa de la solidaridad o incluso la caridad cristiana. Los refugiados en ningún momento han sido protagonistas de esta avalancha informativa, se les ha tratado como a un todo multiforme e indistinto. Lo más preocupante, sin duda, es la forma que se han invisibilizado una vez más sus relatos, sus temores y sus experiencias. Nos apropiamos sin pudor de sus historias, de su individualidad, cayendo en generalizaciones y estereotipos, negándoles el derecho a su relato. La esencia del refugio es la construcción de ese relato personal e intransferible sobre su persecución que ni la sociedad ni los medios de comunicación pueden “ahogar” en un mar de indiferencia o de paternalismo.

* Javier Ramírez Berastegui es abogado. Ha trabajado varios años en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado y ha sido coordinador de SOS Racismo.

Mis compatriotas refugiados

Pablo H. Breijo *

Empleo, alojamiento, subvenciones, manutención, partida presupuestaria… Quizá suene algo demagogo, inhumano, facha y anticristiano, pero en España hay unos cuatro millones de personas sin empleo. Muchas familias que tienen a todos sus miembros en paro.

Hace semanas afloró en mí la ira cuando el Gobierno de España decidió destinar 200 millones de euros a atender el drama de los refugiados. ¿Está mal? Por supuesto que no está mal. Hay que alimentar al hambriento y dar de beber al sediento. Pero, ¿por qué mi ira? Desde mi demagogia, mi inhumanidad, mi fascismo y mi anticristianismo pienso que esos millones de euros vendrían muy bien para atender a familias españolas que no tienen prestación por desempleo desde hace años o dotar de ayuda a personas dependientes que no reciben un céntimo del Estado, por poner dos ejemplos.

Nadie se acuerda de ellos porque no salen en la televisión día tras día. Nadie se preocupa de esos cuatro millones de españoles porque no se convierten en “trending topic” en las pantallas de nuestros teléfonos móviles. Nadie aplica la Ley de Dependencia porque los políticos valoran menos a los discapacitados que al depósito de gasolina de su coche oficial. Las ONGs vividoras de los pobres se frotan las manos porque son ellas las que van a gestionar ese parné millonario. Recientemente, leí Querido Noah. En este libro que nos lleva hasta el Congo, la periodista Conchín Fernández entrevista a una misionera española a la que asegura que, “tarde o temprano, la pobreza acabará. Ya están aquí la ONU y otros organismos internacionales”. La religiosa es tajante y realista en su respuesta: “No te engañes. No interesa que esta gente salga de la pobreza. ¿Para qué? Se les acabaría el chollo. ¿De qué vivirían todos los funcionarios internacionales?”.

La Unión Europea, la OTAN, Rusia, Estados Unidos y demás nidos de víboras nos están tomando el pelo con el tema de los refugiados. Han abierto la puerta de Turquía hacia el viejo continente y están desalojando de Siria a la población civil. El objetivo es controlar estratégicamente aquella zona como ya se hizo con Afganistán o Irak. La historia se repite. Antes con las armas de destrucción masiva y los talibanes, y ahora con los refugiados. Ya se está viendo cómo algunos países han comenzado a bombardear Siria con la excusa del ISIS, el Daesh y más invenciones subvencionadas y armadas por Occidente.

Al principio nos dijeron que los refugiados eran cristianos que huían del Estado Islámico. Seguramente lo eran. Pero no me digan ustedes ahora que el casi millón y medio de personas que llegará a Europa antes de final de año son fieles de Misa dominical.

Sigamos con la solidaridad electoral y el buenismo para con el extranjero. Califíquenme ustedes como les venga en gana. Yo solo quiero lo mejor para mis compatriotas. Para esos refugiados del día a día a quienes nadie dedica un “hashtag” en Twitter.

* Pablo H. Breijo es periodista.

No hay debate ante los refugiados

Miguel Ángel Malavia

Puedo debatir sobre la unidad o no de una nación, sobre los posibles excesos de una ley, sobre el modelo político y económico más justo en un determinado ámbito, sobre si la tauromaquia es arte o simple maltrato… Pero, ante el drama de los refugiados que llaman a las puertas de Europa, en lo que es la mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial, lo siento pero no, no hay debate posible. Solo una obviedad: urge la acogida. Porque es justa. Porque es necesaria. Porque lo contrario es, simplemente, la deshumanización de lo que queda de los homo sapiens sapiens, esa especie capaz de lo mejor y lo peor que somos nosotros.

No exijo a nuestros gobernantes que actúen sin orden ni concierto, sí que actúen de verdad, ahuyentando los prejuicios y los intereses egoístas. La Unión Europea, ese ente levantado a modo de milagro tras siglos de guerras, caos, robos y odios, existe solamente por la evidencia que un día unos pocos líderes consensuaron, encendiendo las ascuas del deseo en la masa: juntos podemos ser más. La nueva Europa no debía ser solo un conglomerado de intereses económicos y comerciales. Estaba destinada a tener alma, a ser un motor de cultura, respeto, creación, identidad multicolor pero con ecos de ilustrados pasos. Hoy todos somos conscientes de su corrupción, como la ONU, pero aún no todo está perdido. Esos sueños de ser mejores, que pese a todo anidan en la mayoría de los europeos, tienen ahora una última oportunidad acogiendo como es debido a los cientos de miles de refugiados que huyen de una muerte segura bajo el machete del yihadismo, la dictadura y la guerra (auspiciados en buena medida por empresas y gobiernos que están dentro de nuestras fronteras y que se lucran con un negocio de sangre). Es la acogida o la nada: si no, ¿para qué seguir siendo algo sin sentido?

Si Turquía acoge a casi dos millones de sirios, Líbano a casi un millón (en un país de cinco millones de habitantes) o Jordania a 620.000, ¿de verdad es tan inasumible como algunos quieren hacer ver que la Unión Europea, una potencia mundial de primer orden, no pueda hacer lo propio con 400.000 personas en una situación absolutamente desesperada? Toca actuar, y hacerlo ya. Y nada de migajas: un sistema coordinado, equitativo y acorde a la potencialidad de cada estado miembro. Y nada de estereotipos: los gobiernos húngaro y eslovaco abochornan el sentido común cuando dicen que no aceptarán a musulmanes. Esto no es una ONG: es un compromiso de primer orden en el que lo prioritario es ofrecer una salida real y eficaz (un hogar, un trabajo, una educación para los más jóvenes) a personas, más allá de sus ideas, creencias, raza, género o preferencias sexuales.

Lo contrario tiene un nombre: fundamentalismo. El mismo que ha ocasionado el mayor drama en seis décadas. La Europa que merece la pena sobrevivir no es así. Aún estamos a tiempo. Demostrémoslo.

D. E. P.

Guillermo Llona

Era tan buena, que parecía tonta. Bastó que Europa viese el cadáver de un niño varado en una playa turca para que se bajase los pantalones ante las petromonarquías árabes, que preferían gastar en Fórmula 1 y mundiales de fútbol antes que en socorrer a uno solo de sus hermanos en la fe.

El Viejo Continente debía alimentarlos, darles techo y curar sus heridas. Debía protegerlos mientras lloviesen bombas en sus países. Era de justicia, no debatible. Pero también debió dejarles claro que, cuando saliese el sol, tendrían que volver a sus casas. Y ese fue el problema: que cuando escampó, la mayoría de los refugiados no quisieron regresar. Y que habían llegado aquí con la mochila cargada de principios radicalmente opuestos a los nuestros. Principios que no estaban dispuestos a cambiar, y sí a imponer. No eran ucranianos. Tampoco eran árabes cristianos, de esos que estaban siendo masacrados sin piedad en Oriente Próximo. La inmensa mayoría eran musulmanes, pero no se parecían en nada a los bosnios y kosovares a los que habíamos auxiliado antes.

En cuanto abrió sus puertas al caballo de Troya, la inocente Europa multikulti, la del “pensamiento débil”, la que acostumbraba a cagarse en la Biblia pero después no se atrevía a limpiarse el culo con las páginas del Corán, la que había olvidado sus raíces grecolatinas, valores cristianos y tradiciones paganas, empezó, sin darse cuenta, a cortarse las venas. Si hubiesen sido unos pocos habrían “enriquecido” nuestra tierra, quizás. Pero los que saltaron las vallas y la ley, los que entraron en nuestra casa despreciando en secreto nuestra cultura y sin ninguna intención de integrarse, eran muchos. Demasiados.

Europa soñaba con un “islam pacífico” –bonito oxímoron, existían moros occidentalizados, pero eran cuatro gatos–, y para cuando despertó, “Mohamed” era ya el nombre más común entre sus habitantes. Se había olvidado de que los musulmanes no poseían armas sofisticadas, pero tenían lo que Fernando Vallejo llamaba “la vagina atómica”: 3,1 hijos de media por hiyab, la comunidad religiosa con la mayor tasa de fertilidad del mundo. En cambio, nuestras parejas tenían uno o dos churumbeles.

Hubo señales de lo que estaba por venir, pero permanecimos semiinconscientes. Atentados terroristas masivos, humoristas acribillados a tiros, banlieues en llamas, Scharia-Polizei, agresiones ad intra contra los “occidentalizados”… En Ermua, Vizcaya, los alumnos musulmanes del centro de Enseñanza Permanente para Adultos se negaron a asistir a las clases porque eran mixtas. “Exigían” –ésta es la palabra clave– aulas separadas para hombres y mujeres. Y mientras tanto nuestros paisanos más clarividentes decían aquello de “¡nuestra sociedad es muy vieja, ellos son jóvenes y mantendrán nuestro sistema de pensiones!”. Claro, y ahora nos entierran mirando a La Meca.

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13 pensamientos en “La crisis de refugiados marca la Europa del mañana

  1. Se me hace muy difícil de entender eso de que por acoger a gentes que huyen de una guerra ponga en peligro los pilares cristianos de Europa. Hace mucho que no voy a una iglesia voluntariamente y, de niño, no prestaba demasiada atención a las soporíferas clase de religión, pero creo que el sentido del evangelio cristiano lleva explícito el mensaje de ayudar al prójimo. Europa, que es mi casa y por tanto a quien yo puedo presionar, puede predicar lo que quiera sobre sus valores pero lo cierto es que trigo, lo que se dice trigo, está dando muy poco. Por una parte es lógico. En un proceso de asilo no vale sólo con el trigo, hay otros recursos que se deben poner en marcha y todavía es una incógnita si el gobierno español (que tiene una sensibilidad social digna de Montgomery Burns) estará por la labor de volcarse a la hora de la verdad. Por otro, no me puedo creer que un país de 44 millones de habitantes vaya a tener grandes problemas por acoger a 15.000 personas.

    No creo que Arabia Saudí sea un espejo al que mirar por lo que hace o deja de hacer. No le deseo a nadie vivir en esa dictadura, adore al dios al que adore. Creo que uno de los motivos por los que Europa (con sus defectos) es un lugar mejor, es porque lo que esperamos de ella en situaciones como ésta es diferente de lo que esperamos de Arabia Saudí. Vamos, que, como decía hace unas semanas alguien, prefiero que mi país se parezca a Suecia y no a Arabia Saudí.

    Para dejar de aburriros diré que me parece muy osado decretar la muerte de Europa en base a una serie de casos particulares. Evidentemente, en este asunto la guerra propagandística la tengo más que perdida. Sólo es noticia la confrontación, el conflicto y la intransigencia que los provocan. Sin embargo, y afortunadamente, el día a día me permite ver experiencias cercanas y personales que me convencen de que una Europa intercultural es una Europa mucho mejor. Tendremos todos que estar a la altura.

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  2. Suscribo lo dicho por Juan Llona. Y respondo a mi contrincante Miguel Ángel Malavia.

    1. Apretar las tuercas a las petromonarquías árabes, que son las que, junto con el resto de naciones de mayoría musulmana, deberían socorrer a la ola de mahometanos sirios, iraquíes y afganos que están pidiendo auxilio. Estoy a favor de que Europa dé incluso la residencia permanente a los cristianos perseguidos que la soliciten. Ahora debemos alimentar y proteger a todos sin atender a su fe, pero también debemos dejar claro que los que tienen una cultura radicalmente opuesta a la europea deberán abandonar nuestra tierra cuando estimemos que lo pueden hacer con seguridad.

    2. Expulsión de los inmigrantes irregulares a sus lugares de origen o, en caso de que esto sea difícil, a países no europeos cercanos con los que previamente deberíamos establecer acuerdos para que se encargasen de gestionar el regreso del “ilegal” a su casa, con nuestro apoyo económico si hiciese falta. Marruecos, Turquía… los que fuesen. También creo necesario que se sancione con mayor dureza a quienes contraten o exploten a una persona en situación irregular, y que, como va a hacer el Reino Unido, se castigue con multas e incluso con cárcel a los caseros que alquilen a quienes hayan entrado ilegalmente en nuestros países.

    3. No tenemos que “cargarnos” nuestras leyes. Tenemos que modificarlas. Acabo de dar algunas pistas sobre lo que pienso que debería hacerse.

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    • No me entra en la cabeza eso de que Europa acoja a los cristianos y los países árabes a los musulmanes. Pensaba que la fe era algo íntimo, un rasgo más de los seres humanos. También pensaba que estábamos por encima de equiparar a musulmanes con fanáticos terroristas.

      Y eso de los “ilegales”… Todo aquel que pisa suelo europeo reclamando asilo ejerce un derecho reconocido en todos nuestros tratados internacionales. Se apruebe o no, pero ha de estudiarse cada caso. Hablamos de la Ley, de una de las esencias de esta Europa nuestra.

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      • Miguel Ángel, cuando hablo de “cristianos perseguidos” no hablo de fe. Me refiero a una comunidad con una cultura, costumbres y valores mucho más parecidos a los nuestros que los de los musulmanes, que, de hecho, son radicalmente opuestos a los europeos. ¿En serio pensabas que la fe era sólo “algo íntimo”? No me lo creo…

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      • Vaya, que me importa un carajo que esos cristianos perseguidos a los que me refiero crean en realidad en el dios Shiva o sean ateos.

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  3. Lo pusilánime está de moda, no me cabe la menor duda. El buenísimo gana votos: “Ya si eso, luego vemos que hacemos con todos los refugiados”. Europa se desangra solita y parió la abuela. No me parece mal acoger refugiados. Es más, considero que hasta cierto punto es una obligación moral (de la moral de antaño y de la más modernilla, vamos, de la moral moral). Y tanto o más obligado me parece que el plan incluya una estrategia de “salida”. ¿O Se trata de entregar todo Oriente Medio, media África y luego quién sabe qué en bandeja de plata a los “influencers” del ISIS? Como es “trending”… Es una pena que no tengamos twitteros con influencia y contundencia suficiente en el mensaje para que los de arriba se sientan cómodos a la hora de tomar medidas a la altura de las circunstancias.

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    • No entiendo lo de “los influencers del ISIS”. ¿De verdad no vemos que los que vienen son maestros, abogados o electricistas, gente con trabajo y formación que puede pagar 4.000 euros al desgraciado del taxista húngaro que les lleva a una estación? Los pobres de verdad se quedan en Siria, a esperar que les caiga una bomba de Assad o el ISIS (ese del que huyen) arrase su pueblo.

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  4. Una preguntas para Guillermo:

    1. Detesto la actitud de los regímenes árabes hacia los refugiados. Pero, ¿acaso invalida eso que desde la UE, la siguiente frontera en proximidad, se haga algo ante un mal inevitable? Porque, mientras debatimos, el Estado Islámico masaca una población más en Siria. Y mañana otra. Y pasado el que lo hace es el sátrapa Assad… ¿Qué podemos hacer salvo abrir una puerta de escape? Hablo en términos especistas, de género humano.

    2. Entiendo perfectamente la teoría que ya expresó Huntington en ‘Choque de civilizaciones’… Los musulmanes serán mayoría en Europa por su mayor natalidad. Puede ser… O no. Pero, ¿cómo frenarlo? ¿Con vallas? ¿Impidiendo que vengan aquí… O que follen aquí? Lo ha dicho el Papa: a la larga, ningún muro es eficaz. La Historia lo ratifica.

    3. No me gusta derivar este tema al de la migración. Hablamos de refugiados, no de migrantes. Hablamos de exiliados políticos, por discriminación de cualquier tipo. Europa sostiene el derecho de la solicitud de asilo. Si, para salvaguardar nuestra identidad, empezamos por cargarnos nuestras leyes y su espíritu, ya habremos dejado de ser democracias. Ya no mereceremos la pena. ¿Qué leyes se supone que ha de implementar Europa para seguir siendo Europa? ¿Propuestas?

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  5. Unas preguntas para Pablo:

    1. Hablas de las “ONG’s vividoras de los pobres”… Me sorprende, pues unas de las instituciones que ya se han comprometido a ayudar con los refugiados son Cáritas, CONFER o Justicia y Paz, por no hablar de la Conferencia Episcopal a través de su Delegación de Migraciones. ¿Acaso estas actúan de un modo falsario, para engrosar sus cuentas? ¿Cómo, en qué consiste ese mecanismo?

    2. ¿El Estado Islámico es una invención de Occidente? ¿Puedes ilustrarme en este sentido con un manantial de datos?

    3. ¿Qué Estado o institución internacional dijo que los que iban a venir eran cristianos? ¿Dónde estas declaraciones del estilo?

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    • Querido Bisoño Baco Malavia,

      1. Considero incoherente ayudar al pobre cobrando un sueldo. Los voluntarios de Cáritas tienen mi aplauso, los que cobran de Cáritas, no. A mí me hierve la sangre cuando un joven con chaleco de Acnur, Médicos Sin Fronteras u Oxfam me asalta por la calle para hablarme de las necesidades de los ciudadanos de África. Ese asaltante callejero cobra dinero por eso.

      2. El Estado Islámico es invención de Occidente. El ISIS es la justificación creada para que OTAN-Rusia-UE-USA entren en Siria igual que en Irak. Si buscas “atentado de falsa bandera” en Google encontrarás artículos sobre el tema. El 11S fue un motivo para entrar en Afganistán y crujir a Sadam al igual que el 11M ayudó a cambiar un gobierno. Una sociedad con miedo es una sociedad manipulable. Te recomiendo el libro “Fuera de control” escrito por Daniel Estulin.

      3. Ningún Estado dijo que fueran a venir cristianos. Me gustó mucho el testimonio de Javier Espinosa en El Mundo, que narraba el odio hacia el cristianismo por parte de soldados de ISIS. La persecución a los cristianos en Oriente la has visto igual que yo.

      Gracias por tus preguntas

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