Pablo Iglesias y Alberto Garzón: la confluencia que no será

El pasado 6 de octubre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el candidato a la presidencia del Gobierno por Izquierda Unida, Alberto Garzón, anunciaban que las negociaciones para una candidatura de confluencia se habían roto. Ni los intentos por incorporar a Garzón a las listas de Podemos, ni para que el partido morado se integrara en la plataforma Ahora en Común, dieron resultado. Podemos y AeC irán por separado a las elecciones generales del 20-D. Cuatro púgiles lanzan sus ganchos de izquierda para analizar esta ruptura y sus consecuencias en el panorama electoral español.

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No es país para ser de izquierdas

Javier Moya G.

Habrá votantes de Podemos que acudirán a su colegio electoral el 20 de diciembre henchidos de orgullo porque en la papeleta que van a meter en la urna se ha respetado su sacrosanto logotipo y su idolatrada marca. También los habrá que voten a IU – AeC con el mismo sentimiento de alivio por haber evitado que en su papeleta figure el nombre de Pablo Iglesias. Por la noche llegará el escrutinio y algunos, en ambas formaciones aunque sospecho que más en IU, darán por bueno un resultado que supere aquellos vergonzantes tres escaños del año 2000. Y mientras, otros miles, que también vivimos en Judea pero no pertenecemos a ninguno de los dos Frentes, dormiremos con la amarga sensación de una histórica oportunidad perdida.

Se masca la tragedia para la izquierda el 20-D. En el caso de Podemos se puede explicar porque ha tenido soportar una de las peores campañas de acoso y derribo que yo recuerde; eso desgasta a cualquiera. Aparte, por supuesto, de errores propios y un cambio de rumbo hacia “una centralidad del tablero” que no tengo muy claro por dónde queda. En el caso de IU también es de justicia contarle en su haber algunos errores graves. Para muestra, el show de IUCM o la soberbia con la que han afrontado el ascenso de Podemos. Si a esto le unimos un electorado desencantado, un sistema electoral injusto y una campaña en la que ambas formaciones deberán luchar por el mismo perfil de votante, las perspectivas para la izquierda en las generales son aterradoras.

Parece que la madre del cordero es quién debería liderar este proceso de confluencia. En mi opinión, Podemos se ha ganado el derecho de ser el eje articulador pero sin trampas. Los morados tienen mejores expectativas de voto y han sido cruciales para articular las candidaturas municipalistas que tan buenos resultados dieron en mayo. Sin embargo, no pueden hacerlo traicionando sus principios fundacionales y sin que medie un verdadero ejercicio de democracia interna con primarias incluidas, tal y como propone Alberto Garzón (que es quien mayor altura de miras ha demostrado en este asunto, todo hay que decirlo).

Entiendo el miedo de IU a que detrás de la confluencia se esconda una fagocitación de sus siglas y sus candidatos por parte de Podemos. Pero habrá que preguntarse si con un partido muy tocado por los resultados de las municipales y autonómicas y unas expectativas poco halagadoras, no están eligiendo entre susto o muerte. Lo que está en juego el 20-D es mucho más importante que una lucha de egos y de siglas.

Nos han roto

Noelia Ortega van Beers * *

¿Ruptura? ¿Cómo sin relación previa? Ha sido un “no intento” por conseguir lo que no se lograría, dado que las pretensiones de las partes eran diferentes. Garzón quería a Podemos en Ahora en Común (AC) para hacer frente al bipartidismo y al sistema neoliberal. Iglesias quería a Garzón en Podemos y competir con AC por un mismo espacio electoral.

Las intenciones de Garzón responden a la línea que llevan siguiendo tanto él como IU desde las europeas y que cogió más fuerza tras las autonómicas y municipales en un ejercicio para desbancar al bipartidismo al margen de siglas y protagonismos individuales. Las de Iglesias resultan más confusas: ¿quitarse a un rival? (¿quiénes son sus rivales?), ¿llevarse el voto vinculado a Garzón? (¿cuántos electores se lleva un tránsfuga?). Muchos de Podemos argumentan que no formarán parte de esta plataforma porque, si no pone “Podemos” en la papeleta, la gente “no sabrá a quién votar”. Sin embargo, en AeC la papeleta va a llevar el nombre de todas las formaciones que así lo quieran, y, si no fuera así, ya están los medios de “incomunicación” para hacernos creer que la plataforma es Podemos, como ya ocurrió con todas las plataformas de confluencia que triunfaron en las recientes municipales.

¿Por qué esta negativa? No creo que tenga miedo a perder el liderato, ya que ganaría unas primarias en cualquier plataforma; no encuentro respuesta. Iglesias se ampara en lo decidido en la asamblea de Vistalegre, pero tanto sus bases como diferentes personajes importantes del partido, como Pablo Echenique, han pedido la inclusión de Podemos en esta plataforma. Y es que, tras las elecciones autonómicas y municipales, se demostró que, aunque con buenos resultados, al no lograr Podemos gobernar en ninguna autonomía (mientras que diferentes plataformas de confluencia sí lograron hacerse con importantes ayuntamientos como Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza o Santiago), se entendía que Podemos “había dejado de ser la única arma para el cambio”, como lo expresaron en un comunicado.

A pesar de ello, Iglesias decide poner fin a estas conversaciones, lamentando que Garzón no sea un tránsfuga, lo cual habría sido un acto incoherente; tanto como montar unas primarias a modo de “lista plancha” en las que los principios del Podemos quedaron obsoletos, lo que fue clave para aumentar la desilusión.

Lo peor: los resultados. Las cosas podrían cambiar, y no va a ser así. El voto del cambio ya no está cargado de ilusión, y estos votos quedarán repartidos. Un año más, votaremos sabiendo que no van a cambiar las cosas, y ganarán los de siempre: los beneficiados por la crisis, el sistema y la corrupción.

* Noelia Ortega es miembro del consejo de IU en Paracuellos de Jarama.

Podemos como espacio y eje articulador para la confluencia

David Expósito Álvarez *

Aunque creo que Podemos es el principal actor político para liderar una candidatura única, como persona que se sitúa en la izquierda transformadora me apena encontrar dos papeletas prácticamente idénticas en diciembre. Podemos, desde su irrupción, ha conseguido ocupar un espacio que estaba huérfano por el debilitamiento de Izquierda Unida. Por distintas razones:

-Escaso avance electoral: en las pasadas elecciones generales de 2011, en plena crisis económica, IU pasó de dos a 11 diputados, con un 6,92% de los votos. Un resultado bastante pobre para el referente de la izquierda parlamentaria.

-Ausencia de discurso transformador: hasta la aparición del diputado Alberto Garzón, el discurso de la izquierda alternativa al bipartidismo recaía en manos de Cayo Lara, José Luis Centella o Gaspar Llamazares. Ninguno de ellos supo seducir a la ciudadanía.

-Desgaste de la marca IU: las luchas internas, la deuda de IU con los bancos (asciende a 15 millones de euros) y la implicación en el escándalo de las tarjetas black, son lastres que la organización lleva consigo.

Pasados unos años del estallido del 15-M, toda esa indignación se traduce en cambio político al encontrar un referente válido en Podemos, que recoge en un breve espacio de tiempo esas ganas de cambio. Por estos otros motivos:

-Liderazgo: Pablo Iglesias como artífice del impulso de Podemos. Juventud, formación y sobrada cualificación para generar un discurso atractivo y alternativo en los principales medios de comunicación. Despierta ilusión.

-Marca nueva: Podemos nace con la voluntad de ser transparente, democrático (primarias abiertas y programas colaborativos) y, lo más destacado, su financiación no depende de los bancos.

-Los círculos: permite la aparición de nuevos actores políticos en los barrios y la construcción de una nueva identidad política.

Respecto a la aparición de Ahora en Común, no veo que tenga su espacio. Además, parece claro que la “unidad popular” (con la suma de Podemos e IU) toca techo en votos, como se vio en mayo. Importante destacar que, de todas las capitales de provincia, solo en cuatro (de 31), las candidaturas “unitarias” obtuvieron más porcentaje de votos que Podemos en solitario, lo que indica que los procesos de “convergencia” están mucho más relacionados con el éxito de Podemos.

En conclusión, la candidatura única sería el marco idóneo para concurrir en diciembre, pero no puede usarse como disfraz de IU. Confío en el liderazgo y el buen hacer de Podemos; el resto de fuerzas deberían ceder ante la realidad. Podemos debe ser el eje articulador.

* David Expósito Álvarez es simpatizante de Podemos y miembro del Círculo de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid.

La enfermedad infantil del izquierdismo

Borja Palacios

Dentro de los inescrutables y a veces esotéricos vericuetos en los que se mueve la izquierda en nuestro país, el ultimo y muy lamentable episodio lo ha protagonizado el ínclito Pablemos, mano a mano con el líder de Izquierda Unida-Hundida.

Hete aquí que dos formaciones de izquierda reformista socialdemócrata, con un mismo programa neo keynesiano, lideradas por dos políticos de la misma generación, ambas republicanas y partidarias de un Estado de carácter (con)federal y con trayectorias militantes cruzadas (Pablemos fue militante de la juventudes del PCE y Monedero asesor del infame Gaspi Llamazares), se muestran incapaces de ofrecer una alternativa conjunta al Partido Popular, sin que realmente nadie sepa muy bien por qué.

Por lo que ha trascendido a través de los medios de desinformación general, buena parte del desencuentro se reduce a algo tan vacuo y fútil como que PUDIMOS se niega a que en las papeletas aparezca otro nombre que no sea el suyo o su negativa a utilizar como fórmula jurídica de confluencia la coalición electoral (Ahora en Común).

Tras escribir el último párrafo me sumo en el más profundo y depresivo desconcierto. El ambiente se vuelve brumoso; es una bruma gris y muy densa, me cuesta respirar y, de repente, tengo un ataque de ansiedad. ¿No se trataba de ofrecer una alternativa anti austeridad a las clases populares?, ¿no estábamos ante el alumbramiento de una nueva política alternativa al bipartidismo? Tal vez esté perdiendo la razón.

Pues va a ser que no. Todo era mentira. Los males endémicos de la izquierda (luchas cainitas, egos desmedidos, sectarismo autorreferencial, sopas de siglas) siguen ahí, por mucho que algunos se esfuercen en presentarse como algo totalmente nuevo, puro y virgen, efebos inocentes e imberbes recién llegados para regir los destinos de la polis con sabiduría y honestidad. Más le valdría al inefable Coleta Morada abandonar su mesianismo.

En definitiva, hemos asistido a un culebrón mediático surrealista y extravagante, en el que se ha discutido de nimiedades infantiles que a la clase trabajadora importan bien poco, dejando para mejor ocasión el programa y las estrategias. Un panorama desolador, más aún considerando que a la izquierda de estas dos organizaciones reformistas resulta complicado encontrar una alternativa organizada de clase y anticapitalista. Lo dicho, un drama.

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Un pensamiento en “Pablo Iglesias y Alberto Garzón: la confluencia que no será

  1. La frase no es mía. Se la leí a un importante periodista hace tres semanas, pero ahora no recuerdo quién: “Garzón no ha querido ser el enterrador de IU e Iglesias no ha querido ser su enfermero”. Entiendo que este, el de la izquierda más allá del PSOE, ha sido desde la Transición el espacio del PCE, luego bajo el maquillaje de IU, por lo que ha de ser muy duro para sus militantes ver cómo Podemos, en un telediario, les ha pasado por la izquierda, siendo percibidos como más auténticos por sus votantes naturales y muchas veces entregados a la abstención. Hoy, cuando Podemos parece haber tocado techo y en IU había un dirigente favorable a la convergencia más allá de las siglas, han podido las luchas de egos y no han unido unas fuerzas que les habrían sido esenciales de cara al 20-D. Otra oportunidad perdida para ellos.

    Dicho esto: si estuviera en Ahora en Común, votaría a otra alternativa no tan conocida, pero muy entroncada en la lucha por la equidad y sin ecos sectarios: Miguel Ángel Vázquez (Por Un Mundo Más Justo), que encabeza la corriente ‘Revolución de la Fraternidad’, con gente de Intermón, de Comillas, de EAPN, de Cáritas, de Cuarto Mundo o de la Coordinadora de ONGs… No todo es IU y Podemos, señores.

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