Políticos que cambian de partido: chaqueterismo o coherencia

Desde Cristina Almeida hasta Irene Lozano, pasando por Toni Cantó o Rosa Aguilar. Varios han sido los casos de personas que han cambiado de siglas estando en la primera línea política. Algunos se han pasado a formaciones de mayor proyección y otros han abandonado partidos en descomposición para salvarse del naufragio. El último de estos casos ha sido el de Irene Lozano, diputada de UPyD, que irá en las listas del PSOE en las elecciones generales del 20-D. ¿Chaqueteros o coherentes? Tres pesos pesados se ponen los guantes esta semana para debatir sobre cambios de siglas.

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Suerte, Toni; suerte, Irene

Cristina Seguí *

El caso Lozano es, en primer lugar, uno de los efectos que sufre un partido cuando otro lo fagocita bajo un estudiado y meticuloso plan de marketing y estudio de mercado cuyo propósito era el de asimilar su representación parlamentaria. UPyD era el principal rival de C’s, no tanto por su similar idiosincrasia de centro izquierda, sino por su representación institucional y parlamentaria; y esto, traducido en escaños, representa también el modus vivendi de políticos que llevan alejados tantos años de la empresa privada como años de vida tiene la formación de Rosa Díez.

En la práctica y desde el más puro pragmatismo y coherencia con su intencionalidad renovadora, C´s podía y debía haber comenzado su ofensiva contra un PSOE deslegitimado por la corrupción, pero el atrevimiento hubiera resultado suicida para la formación naranja, ya que, a su vez, el PSOE está avalado por la impronta y la legitimidad de la transición casi afrontada en soledad desde el fin de la dictadura en lo que al espectro de izquierdas se refiere.

El fin de UPyD se ha llevado por delante, y sobre todo, la credibilidad de las principales figuras que lo avalaban en los medios: Toni Cantó e Irene Lozano. Credibilidad apoyada y reivindicada desde un discurso voraz cuando las cosas en la formación eran de un rosa pantone tan sólido como el de sus siglas. Sus ataques antológicos y sin piedad a los “amigantes” (amigos y mangantes) del bipartidisimo, que bautizó la ahora inminente diputada del PSOE de las preferentes junto al sonriente Cantó, ahora diputado del Ciudadanos que sostiene el despropósito andaluz.

Desde mi punto de vista, esto ha supuesto el sometimiento de ambas figuras a la voluntaria destrucción del discurso que les dio lugar en la vida política; discurso sacrificado por el miedo a la incertidumbre de qué ocurre con el futuro de uno mismo, y no con el de las personas que les votaron. Suerte, Toni; suerte, Irene.

Llegados hasta aquí, cabe constatar que, en el desempeño de la política, hay muchos momentos en los que uno puede elegir seguir manteniendo la coherencia y que, para defenderla, no puede existir un camino distinto al de seguir cultivando y labrando tu vida profesional para dar el portazo al contubernio y exigencia de desempeñar un papel de actor teatral que se burle de tus propias palabras.

Para mantener tu coherencia en política, la única vía es estar más que dispuesto a salir de ella en vez de esperar a algo a lo que últimamente muchos juegan: que el paso del tiempo haga olvidar la hemeroteca, que te recuerda cuáles eran tus principios más íntimos, querida Irene.

* Cristina Seguí es política valenciana.

Coherencia en tiempos líquidos

Miguel Ángel Malavia

Leo que ha sido Zygmunt Bauman el que ha popularizado el término “modernidad líquida”. Sin conocer la obra de dicho autor, creo que se refiere a lo que mi abuelo podría definir como “tiempos del mamarrachismo”: gente que hace horas de cola para entrar a comprar en una tienda (sí, el Primark de la Gran Vía madrileña), culto desatado a un engreído como Justin Biber al que dan unas ganas increíbles de soltarle dos collejas, un boxeador como Mayweather que no sale a la calle sin un fajo de billetes en cada mano… En medio de esta catarsis (esto va más allá de la idea de crisis global), lo que ocurre con nuestra clase política va en sintonía con lo que sucede en la calle. Solo así se puede entender el alcance del daño que nos infligen los politicastros que roban en nuestra cara o los golfos que se enfundan en una bandera para tapar una pésima gestión.

Ante este panorama, no me pidan que critique sin más a quienes abandonan por su propia voluntad el abrigo de unas siglas y quieren seguir haciendo política, ya sea a la intemperie de la soledad libertaria o bajo el paraguas de otro partido. Fustigaré sin piedad a los tránsfugas que se aferren a su escaño en vez de irse a casa (en un sistema de listas cerradas, se vota a un bloque y no a los individuos que lo componen, más allá del cabeza de lista) o a los trileros que no sepan explicar el cambio; esos sí que son chaqueteros. Pero, ¿cómo criticar a quien, equivocado o no, denuncia que su partido ya no es lo que fue y tiene la vergüenza torera de abandonar el calor de la cueva?

¿Cómo criticar a una Beatriz Talegón que llevaba meses clamando que el PSOE ya no era socialismo y que, tras sufrir todo tipo de improperios en casa, se está desgastando por constituir una confluencia de fuerzas de izquierda? ¿Cómo criticar a quienes en UPyD intentaron la quijotada de derrotar al rosismo oficial y buscaron que los magenta volvieran a los primeros tiempos del partido, cuando disentir sobre la estrategia a seguir era saludado como el sano ejercicio de un debate real? Renovadores UPyD perdió las primarias y la inmensa mayoría de los suyos, los menos mediáticos, han abandonado temporalmente la política y no engrosan otras filas (sueño con todas mis fuerzas que vuelvan reunidos en un movimiento nuevo, pues solo ellos pueden sacarme de mi orfandad política).

Tan honesto es entrar en otro partido (o buscar fundar uno) como regresar al hogar y restañar las heridas con la familia. Igualmente, ambas actitudes pueden resultar profundamente indecentes. Todo depende de que la explicación dada (o el silencio) sea convincente. En definitiva, de la credibilidad de quien enarbola la enseña de la coherencia. Porque, en tiempos líquidos (o de mamarrachismo), solo la verdad encarnada por personas vigorosas (antes que sus ideas) puede mover montañas.

Evolucionamos, pues somos libres

Lydia Blanco Rodríguez *

No es fácil dejar atrás unas siglas que en su momento fueron sinónimo de ilusión. Dar el paso de marcharse del que es tu partido, al contrario de lo que piensan muchos de los que se quedan en él, requiere valentía, pues ahí se ha conocido el significado de la actividad política y se han vivido experiencias con gente con la que se llega a entablar amistad… Dejar eso atrás, créanme, no es tarea fácil. Yo, personalmente, conocí la ilusión por la política de la mano de UPyD, y ha sido este mismo partido –el rosismo frenético y sectario, más bien dicho– quien nos la ha ido quitado a mí y a todos los cientos de militantes que han abandonado sus filas en los últimos meses –de ahí que aproveche este pequeño inciso para repescar la cita que lanzó el socialista Antonio Hernando e invitar a su reflexión: “Cuando todos se van, quizá es culpable quien se queda”–.

Créanme también cuando les digo que no hay experiencia más enriquecedora dentro de este apasionante –aunque tristemente mal visto– mundo que la de encarar con afán la voluntad de cambiar no sólo la política de nuestro país, sino también el rumbo que ha emprendido la formación de la que formas parte y actuar en consecuencia, siendo parte activa de ese cambio, trabajando mano a mano con quienes de igual manera creen que la gestión del mismo conduce a la más absoluta irrelevancia. Es por todos sabido que el descontento que asola a una gran parte de la afiliación de Unión, Progreso y Democracia no se tradujo en una victoria por parte del sector disidente, del que yo formaba parte, quedando el partido así en manos de quienes son proyección y reflejo de los responsables del estado crítico en el que éste se ha subsumido, dando imagen de ser caricatura de sí mismo y necesitando protagonizar pataletas de patio de colegio a efectos de que los medios les saquen en algún rinconcito de sus páginas intermedias.

No obstante lo dicho en líneas anteriores, el desencanto producido por estos factores no puede, o considero que no debería, llevar jamás aparejado el desencanto por la política, en la que particularmente sigo creyendo y por la que verdaderamente siento auténtica devoción, en tanto sin duda es instrumento fundamental para el progreso, en términos generales, de un país. Y es esta una de las razones por las que cambiar de siglas es lógico y natural: un partido político no es un equipo de fútbol al que apoyamos desde la cuna simplemente por ser el nuestro, sino una herramienta para incidir y provocar cambios en la sociedad. Cuando éste no logra el objetivo por el cual fue creado, que no es otro que el descrito anteriormente, su utilidad se ve frustrada. Buscar ese cambio político desde otro partido distinto que encaja con los principios de uno mismo no hace más que reforzar la idea de que los partidos son un medio para la consecución de su propio objetivo: ser un motor de progreso.

Al fin y al cabo, como bien decía un eslogan del que fue mi partido: somos #Libres.

* Lydia Blanco Rodríguez, desde el sofá de mi casa, hasta que me apetezca dejar de estarlo.

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6 pensamientos en “Políticos que cambian de partido: chaqueterismo o coherencia

  1. Lo más difícil de la vida política es hacer creer a la ciudadanía que trabajas para ella. Un político en activo no es un funcionario vitalicio -aunque en algunos casos me entren las dudas- porque tiene un contrato temporal “curiosamente” gestionado cada 4 años. A quien nunca ambiciona el poder difícilmente se le otorgará (que no imposible). Una vez has probado lo bien que sienta un “carguito” cuesta mucho pasar a la recámara.

    Pero demos un voto de confianza, la conciencia política existe y nuestra vida como la de los partidos que nos rodean evoluciona. Salud a todos!

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  2. Evidentemente, en un plano abstracto, puede haber casos de políticos que honestamente crean que su proyecto se ha agotado, motivo por el cual pasan a un partido político diferente con la finalidad de seguir luchando por las mismas ideas. También puede suceder que el político evolucione personalmente y se pase a un nuevo partido político más afín con su nuevo ideario. Ahora bien, todo ello es pura teoría. Lo que suele suceder es que el político que tiene miedo a que se le acabe la mamandurria o a que le desalojen de la poltrona cambie de bando como quien cambia de gallumbos todos los días.

    IRENE LOZANO es buen ejemplo de ello. Una tipa que ha vomitado intelectual y dialécticamente sobre el PsoE, a la cual van a desalojar del pesebre público y que de repente ve la luz y una noche de otoño se le aparece entre sueños Pablo Iglesias (el bueno) y le pide por favor que acepte un muy bien remunerado puestico de salida por Madrid con los socialistos. En fin, quien crea que IRENE LOZANO ha actuado por importantes principios éticos o morales únicamente puede estar movido por la estulticia o la simple ceguera.

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    • Borja, espero no ser ciego ni tonto de remate… Ya he escrito mucho sobre Irene Lozano, pero solo añado una cosa más: Irene Lozano podía haber sido una trepa y callar ante Rosa Díez cuando era evidente que el partido empezaba a caer. Era la sucesora natural de Rosa Díez, su gran escudo. Llegó un momento en que clamó por otra estrategia, sabiendo que se echaba al aparato oficial del partido encima. Luego luchó en un congreso en una campaña con todo en contra, y a punto estuvo de ganar. Gustará o no su paso al PSOE (a mí no), pero no es una trepa traidora.

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      • Hemos comentado este tema varias veces. No pretendo ofenderte. Irene Lozano dijo barbaridades del PsoE, ahí está la hemeroteca. Es inadmisible e inverosímil que ahora se pase a ese partido, no hay más Malavia. Mira, si se hubiera ido a IU por ejemplo, yo no diría nada. Lo de Irene Lozano es como si un nazi pasara a ser secretario portavoz de la alianza gay y lesbiana de la comunidad negra de Alabama.

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  3. Como ex votante de upyd en Cataluña a mi Irene Lozano me parece que ha defraudado a los compañeros que con ella compartieron equipo en su lucha por salvar a upyd. Creo que no tiene posible defensa. Aun asi me gusta el texto de Blanco.. seguí sus pasos cuando quiso llegar tambien con Canto a la dirección del partido y la hubiera votado si yo aun hubiera estado en upyd, es joven y aun tiene mucho que aprender, pero veo una futura Ines Arrimadas en ella.

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