A vueltas con el Concierto y el Cupo vascos

Ciudadanos y UPyD apuestan por suprimir el régimen foral del País Vasco y Navarra. “El Concierto es un privilegio a derogar”, ha afirmado Albert Rivera. Por su parte, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, cree que el Concierto es “el último punto de soldadura” entre España y Euskadi. ¿Antigualla o instrumento necesario? Lo dilucidamos en el ring.

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Nos lo quitó franco. Nos lo quieren quitar los envidiosos

Iñaki Anasagasti *

Estando en una cena oficial en el Palacio Real, Adolfo Suárez se acercó a Benegas y a mí y nos dijo: “Quiero que lo contéis. Solo cuando estuve seguro de que iba a dimitir, abordé en 1980 la devolución del Concierto Económico para Bizkaia y Gipuzkoa”. Los dos territorios habían sido declarados “provincias traidoras”. ¿Alguien piensa que se trata de un privilegio algo que fue acordado en 1878? ¿Cánovas al parecer era un mal español?

Por simplificar –espero que se entienda–. El Cupo es algo así como el pago convenido que asumimos desembolsar por la prestación de servicios que España supuestamente nos hace.

¿Cuánto pagamos? El acuerdo en vigor establece que la Comunidad Autónoma Vasca tiene que aportar el 6,24 % de lo que el Estado presupueste en todas esas prestaciones que no hemos asumido. En la actualidad el último Cupo se aproximó a los 1.250 millones de euros.

¿Es mucho o poco? Aquí es donde algunos han puesto el énfasis. Los datos son reveladores en sí mismos. Pagamos el 6,24 % del conjunto. En población representamos el 4,66 % de los habitantes totales del Estado y nuestra riqueza, en términos de PIB, es el 6,01 % del Producto Interior Bruto del Estado español. Es decir, que Euskadi paga por encima de su tasa de población o de la riqueza global en términos de PIB. Queda claro, aunque Susana Díaz, Pedro Sánchez o Iceta digan lo contrario, que nuestra contribución es mayor a nuestro peso relativo.

El Concierto-Convenio es la capacidad de los vascos de, por sí mismos, establecer los criterios de su política económica. De ser administraciones tributarias propias. De articular estrategias, políticas públicas soportadas en recursos –dinero– que nadie nos regala, que parte de una sociedad que cumple con sus deberes.

El Concierto Económico es el mejor sistema de salud público que existe en el Estado. La educación, el apoyo a la investigación, la mejora del medio ambiente, la seguridad, el que el 40 % de todo el gasto en servicios sociales desarrollados en el Estado se lleve a cabo en Euskadi. Eso es el Concierto Económico. Nuestra capacidad de hacer y diseñar una sociedad más justa y próspera. Es la gasolina del autogobierno. Sin combustible, no hay soberanía que valga. Ni poder de decisión.

No estamos pues ante un privilegio sino ante un acuerdo que vincula a la propia estructura del Estado. Su cuestionamiento fue sometido a dictamen europeo y el 11 de septiembre de 2008, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en sentencia emitida en Luxemburgo avaló con meridiana claridad el encaje del modelo vasco del Concierto en la legalidad comunitaria.

Si ese acuerdo de soberanía compartida se rompe, si esa soldadura se quiebra, nuestras manos también quedarán libres a la hora de establecer nuevos escenarios.

Alguien, inconscientemente, está jugando con fuego. Confiemos en que no prenda un incendio.

* Iñaki Anasagasti es uno de los líderes históricos del Partido Nacionalista Vasco. Ha sido diputado en el Congreso y en el Parlamento Vasco y senador.

Una ración de pizza para el nacionalismo vasco

Cristina Seguí *

Imaginen un banco lleno de empleados, pequeños ahorradores, jubilados escudriñando las ventajas de su plan de pensiones y jóvenes firmando una hipoteca con su misérrimo sueldo. Unos trabajando, unos en la cola, algún afortunado sentado en una de las tres butacas aguardando su turno. De repente, un grupo indeterminado de atracadores irrumpe en la sucursal a cara descubierta levantando el arma y pidiendo el remanente en caja en el nombre de su causa, de su ensoñación construida bajo tal cantidad de idealismo que justifica la coacción a mano armada. Su inmunidad es tan obscena que los salvadores de los rehenes tan sólo dedican el esfuerzo en satisfacer a los delincuentes; rebajar su agresividad desde la tonalidad condescendiente, calmar su hambre llevándoles una buena pizza con extra de queso. De queso y de corrección política en una buena caja de consenso. Así de forma indefinida, con una estrategia tan excelsa que la vida de nadie correrá riesgo alguno, al menos de forma inminente: esperar a que los atracadores perezcan de empacho antes que los rehenes mueran escuálidos.

Eso es, en definitiva, el estado de excepción fiscal que brinda pienso gratuito al nacionalismo vasco. La pizza con extra de queso y corrección del Estado para no herir ni encabritar la susceptibilidad nacionalista. Tan narcisista, tan inmune, tan oronda y henchida que roba espacio a los demás para seguir campando por sus respetos. La burla a la igualdad que asoma desde la cueva del anacronismo. La involución que avanza en la dirección contraria a la unión fiscal que alimenta el avance y progreso europeo.

Esa involución y sostén de la desigualdad que, paradójicamente, defendían aquellos que patentaron en exclusiva los derechos sociales cosidos a la medida de su discurso de “quita y pon”. El PSOE que, con Elena Valenciano de cheerleader, reunió consensos para evitar que el Cupo vasco fuera declarado incompatible con los tratados europeos por la UE. Bah, como quien pide que le voten para un concurso firmando en change.org, con la misma vehemencia y pesadísima insistencia.

El Cupo vasco y cualquier privilegio territorial desde la fiscalidad es el pienso del mal gobierno y la gangrena de la corrupción. Mete a la sociedad en un cuarto de espejos para crear la ficción de una prosperidad y deformar las aspiraciones. El Cupo vasco es la almohada opaca y clientelar para aquellos que, coaligados cuarenta años con el tetro terrorista, creen en la sobrefinanciación al terminar de escribir la tramposa ecuación en concepto de “servicios prestados”: los nacionalistas.

Un arma peligrosa y “paletizante” empuñada por euskal-adoctrinadores a los que tan sólo ha hecho frente UPyD con el fin de poner a salvo a los rehenes.

* Cristina Seguí es política valenciana.

Pacta sunt servanda

Unai Bilbao *

La historia no otorga o niega derechos, pero si un colectivo le concede relevancia a la historia habremos de actuar con cuidado y no entrar como un elefante en una cacharrería. Y esto es relevante, pero aún más cumplir lo pactado, por ello antes de alterar un pacto o el statu quo debemos exigir prudencia, más si cabe al político. Asimismo, si la igualdad es un valor digno de protección, la diferencia puede serlo también. Tratar diferente lo diferente es preferible que acallar las diferencias.

Los territorios vascos fueron incorporados, como otros, con respeto de sus instituciones a la Corona de Castilla. No obstante, como otros, vivieron, en ocasiones con motivo de guerras dinásticas, un proceso homogeneizador. Sin embargo, en el caso vasco, territorio pobre en 1876 al finalizar la Tercera Guerra Carlista, se permitió que las diputaciones continuasen haciendo lo que llevaban siglos haciendo: cobrar tributos. No había organización estatal y poco importaban a nivel recaudatorio. El régimen funcionó, no sin roces, hasta la Guerra Civil. A partir de entonces continuó en Álava y Navarra, y Bizkaia y Gipuzkoa lo recuperaron tras el paréntesis franquista.

El Concierto implica competencia normativa y de gestión tributaria en sentido amplio. Por un lado supone un plus de autogobierno. Por otro lado los vascos deben pagar una cantidad –Cupo– al Estado por las competencias que éste desarrolla en Euskadi. Como resultado, si a Euskadi le va bien la aportación al Estado es limitada, es el llamado “riesgo unilateral”, bueno o malo según cómo Euskadi prospere. Para calcular el Cupo usamos la cifra de 6,24 %, por encima del PIB vasco y muy por encima de su población. Esa cifra es la que se aplica a las competencias que desarrolla el Estado y no están asumidas por los vascos, de modo que si es superior al PIB vasco Euskadi estaría pagando de más.

En resumen, los vascos están incorporados a España en unas condiciones, pactadas entre ellos y el resto, y ello no puede ser borrado de un plumazo en pos de la igualdad. Los vascos habrían permanecido en España con esa condición de autogobierno, o de autonomía tributaria. Alterar estas reglas puede romper uno de los eslabones que unen a Euskadi con el resto de España. Recordemos el efecto de la sentencia del Tribunal Constitucional relativa al Estatut. Tratar igual lo que es distinto no tiene sentido.

* Unai Bilbao –seudónimo– es inspector de Finanzas en la Hacienda Foral de Bizkaia.

Es el Cupo lo que hay que revisar

Luis Carlos Grandal *

No comparto la tesis de que el Concierto Económico del País Vasco, o el Amejoramiento del Fuero en el caso de Navarra, sea un privilegio para estas dos comunidades autónomas. Al contrario, creo que es un privilegio para España tener a estos dos territorios que funcionan mejor que otros a la hora de recaudar impuestos y distribuirlos. Ambas comunidades tienen menos paro que el resto y su renta per cápita es de las más altas de España. El Concierto funciona porque vascos y navarros tienen tradición desde hace muchos años, y eso se nota en la eficiencia y en la eficacia de la gestión. El Concierto Económico y el Amejoramiento del Fuero están reconocidos en la Constitución, así que si alguien quiere reformarlos ya sabe lo que tiene que hacer. Pero lo veo muy difícil, entre otras cosas, porque ni populares ni socialistas están por la labor.

El Amejoramiento y el Concierto ya existían para Navarra y Álava, y en la transición fue restaurado para Vizcaya y Guipúzcoa después de que el franquismo se lo quitara tras la Guerra Civil. La restauración de la foralidad no impidió que el PNV no votara a favor de la Constitución. Juan de Ajuriaguerra, que lideraba al PNV, probablemente era favorable al sí, pero su muerte en agosto de 1978 abocó al partido a una bicefalia en la que Arzallus y Garaicoechea se disputaron el poder. Y fue precisamente Garaicoechea quien ordenó la noche anterior al grupo parlamentario nacionalista, liderado por Arzallus, la abstención al votar la Constitución. Los diputados nacionalistas acataron esta decisión por disciplina de partido pero no todos estaban de acuerdo con la misma.

Pero otra cosa es el Cupo, que ambas comunidades tienen que pagar al Estado por su aportación al PIB nacional y por los servicios públicos no transferidos. Las negociaciones en su momento fueron arduas y muy técnicas. Pedro Luis Uriarte, por el Gobierno Vasco, y Jaime Trebolle, director general de Coordinación con las Haciendas Territoriales del Gobierno de España, fueron los negociadores principales. El problema era asignar el porcentaje. La estadística en España era muy deficiente y el INE siempre daba a conocer los datos con mucho retraso. Al final se optó por utilizar las del Servicio de Estudios del Banco de Bilbao, que se conocían antes, y que cuantificaba la aportación al PIB nacional del País Vasco en el 6,24 %. Aunque es revisable cada cinco años, siempre se mantuvo el mismo porcentaje. El Cupo es la moneda de cambio que el PNV ofrece siempre a los gobiernos del Estado, y viceversa, para su apoyo o estabilidad. Hay que decir que pese a funcionar razonablemente bien en las últimas décadas, el País Vasco ha salido más beneficiado en esto. De hecho, los últimos estudios realizados por el BBVA señalan que los vascos pagan unos 2.000 millones de euros menos al Estado y los navarros aportan unos 500 millones de euros menos. Por eso, es el Cupo y la aportación navarra lo que se debe revisar y no el Concierto Económico. Son dos cosas distintas.

* Luis Carlos Grandal es profesor de Periodismo Internacional y Periodismo Económico en la Universidad Carlos III de Madrid.

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2 pensamientos en “A vueltas con el Concierto y el Cupo vascos

  1. En esta ocasión coincido plenamente con L.G., la cuestión es saber si los vascos estamos sobre-financiados, hay estudios diversos que así lo parecen indicar y yo como vasco lego en materia económico-estadística agradecería una opinión neutral no partidista más allá de la referencia automática al 6,24%.

    Ello no implica atacar el Concierto, la foralidad o el encaje de Euskadi/C.A.V./Euskal Herria en España/Estado Español, se trataría de saber simplemente de si nos estamos marcando un “simpa” parcial por toda la jeta.

    En otro orden de cosas, me hace mucha gracia leer a un nacionalista decir “¿Alguien piensa que se trata de un privilegio algo que fue acordado en 1878?”, lo “acordado” eran los Fueros, el Concierto nos fue dado en compensación por la supresión foral. Resulta curioso ver cómo los nacionalistas-foralistas defienden la consecuencia (el Concierto) de la supresión de lo que fue su germen histórico e ideológico (los Fueros). Vivir para ver.

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  2. En el ánimo de aportar más información y más rigor a mi comentario, me permito añadir otros nombres -dado que sería a todas luces injusto nombrar a solo dos personas entre el grupo de negociadores del primer Concierto Económico de la democracia-, que figuran en la excelente obra realizada por Pedro Luis Uriarte bajo el título “Empezamos a caminar. El Concierto Económico vasco: una visión personal”, que fue presentada públicamente, en Bilbao, en octubre de este año y que el lector puede encontrar gratuitamente en internet: http://elconciertoeconomico.com/descargas/Parte-I/01-Parte-I-Empezamos-a-caminar.pdf

    En mi comentario atribuyo a Jaime Trebolle el cargo de director general de Coordinación con las Haciendas Territoriales, cuando en realidad era el Secretario de Actas de la comisión negociadora y subdirector general de Tributos Locales. La Coordinación con las Haciendas Territoriales la llevaba Vicente Querol, si bien es cierto que Trebolle ocupó ese puesto posteriormente. Para que todo quede más claro, transcribo textualmente lo que dice Pedro Luis Uriarte en las páginas 152 y 153 de su estupendo trabajo.

    “3º) Negociadores del Concierto Económico de 1981
    Dado que, como sabes, participé en la negociación del Concierto de 1981, considero de justicia recordar a todos los miembros de aquella Comisión Negociadora, tanto los que representaban al Estado como los que representábamos a Euskadi. Son los siguientes:

    • Los seis representantes en la misma, por parte del País Vasco, fuimos: Pedro Luis Uriarte, como Presidente, a quien apoyaron José Ramón López Larrínaga (Viceconsejero de Administración Tributaria del Gobierno Vasco) y Josu Elorriaga (diputado en el Congreso de los Diputados). Los tres asumimos la representación del Ejecutivo Vasco. Con nosotros fueron miembros de la Comisión José María Makua (Diputado General de Bizkaia, en representación de ese Territorio), Victoriano Mentxakatorre (Viceconsejero de Administración Local del Gobierno Vasco, representando a Gipuzkoa) y el senador Juan María Ollora, que asumió la representación de Araba. Hay que recordar también a los otros dos Diputados Generales que, sin ser miembros de la Comisión participaron en sus trabajos: Xabier Aizarna por Gipuzkoa y Emilio Guevara, por Araba. A ellos se unieron un escueto grupo de competentes técnicos entre los que hay que recordar a Juan Antonio Lasalle, Alfonso Basagoiti, Juan Luis Laskurain, Xabier Galarraga, etc.

    • Los seis representantes por parte del Estado fueron: el Ministro de Hacienda, Jaime García Añoveros, como Presidente de los negociadores estatales. Junto a él firmaron el Acta que recogía el pacto que sellamos el 29 de diciembre de 1980, Rodolfo Martín Villa (Ministro de Administración Territorial), Alfonso Gota (Director General de Tributos), José Luis Gómez-Dégano (Director General de los Contencioso del Estado), Vicente Querol (Director General de Coordinación con las Haciendas Territoriales), Luis Perezagua (Inspector General del Ministerio de Hacienda), a los que se añadió como Secretario de Actas, el Subdirector General de Tributos Locales, Jaime Trebolle. Todos ellos estuvieron apoyados por el competente Subsecretario General de Presupuestos y Gasto Público, Miguel Martín, al frente de un potente equipo técnico, entre cuyos miembros se encontraba (¡asómbrate!) José María Aznar, entonces Inspector de Hacienda”.

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