El gobierno a la portuguesa que Iglesias ofrece a Sánchez

Podemos ha ofrecido al PSOE un pacto de gobierno que, como el portugués, aunaría a las fuerzas de izquierda de España. Así, el nuevo Ejecutivo también estaría integrado por IU. La posibilidad de acuerdo ilusiona a muchos votantes progresistas, pero también hay quien ve en él una maniobra de Pablo Iglesias que tendría como fin el ‘sorpasso’ a la formación liderada por Pedro Sánchez.

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Mover ficha para gobernar

David Expósito Álvarez *

Y llegó el 20D, un día histórico. El Congreso de los Diputados dejó de ser monocolor para pasar a ser una paleta repleta de colorido. Con fuerza irrumpía Podemos (más las confluencias), y resultó ser el partido que más motivos tuvo para sonreír esa noche. La remontada no fue del todo completa (sorpasso al PSOE), como todo hacía indicar el arreón final de la campaña, pero obtuvo un decente resultado, sin olvidar que, a pesar del varapalo electoral, PP y PSOE siguen sumando casi 13 millones de votos, concretamente el 50% del total del sufragio.

Se cumple un mes desde el 20D y vemos que hay aspectos que no cambian, que se mantienen intactos. La postura inmovilista del PP, que ahora recoge lo sembrado durante su legislatura: gobernar sin dialogar pasa factura, señor Rajoy. Tampoco cambia la postura de Ciudadanos, que, ya sin careta, se muestra como pez en el agua con aquello que siempre negaron en campaña, su connivencia con el bipartidismo. Respecto a Podemos, no cesa el continuo acoso mediático a sus nuevos diputados y diputadas: los llantos de Iglesias, el bebé de Bescansa y las rastas de Alberto Rodríguez fueron motivo de descalificación gratuita, a lo que hay que sumar la incansable tarea de relacionar Podemos con Venezuela y ETA.

Hay un aspecto que no varía tampoco, y es el carácter constructivo y de toma de iniciativa política. De nuevo, marcan los ritmos en la política española y abren un nuevo escenario, que parece haber cogido a contrapié a todos. Su voluntad de formar Gobierno en coalición con PSOE e IU es una apuesta arriesgada pero responsable. Podemos nació para gobernar, pero hacerlo a la sombra del PSOE exigirá la constante supervisión de su electorado; cualquier paso en falso podría pasar mucha factura y hacerles perder la frescura que mantienen. Aun así es tiempo de dialogar sobre propuestas concretas, de proyectar un futuro de izquierdas. Y ahora quedamos a la espera de la incertidumbre en la que se mantiene el PSOE, que veremos si es capaz de superar la presión de sus destacados miembros más proclives a la gran coalición, y se sienta a dialogar y a tener la capacidad de ceder (Podemos ha de tenerla también), para llegar a acuerdos.

Durante la campaña electoral las encuestas sobre una hipotética relación de pactos, PSOE y Podemos, se configuraba como la principal opción entre la población. Pedro Sánchez, también en campaña, aludía al cambio, a poner fin a las políticas de Rajoy. Bien, pues ese cambio pasa por entenderse con las principales fuerzas de la izquierda. La oportunidad está sobre la mesa. No la desestimen.

* David Expósito Álvarez es simpatizante de Podemos y miembro del Círculo de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid.

Gobernar, ¿para qué?

Miguel Ángel Malavia

Escribo este artículo sin retranca ni ironía. Quiero creer que Pedro Sánchez se metió en política por la pasión de defender lo público y promover la equidad en nuestra sociedad; es decir, por ser socialista. Por eso mismo, una vez que ha alcanzado el liderazgo de un partido esencial en la historia de España como es el PSOE, no dudo de que ese mismo afán presidirá sus desvelos ahora que se ha presentado a unas elecciones generales con el fin de ser presidente del Gobierno. Sin embargo, me temo que, con los resultados que depararon las urnas, la voluntad de los españoles no es la que podría definir una coalición entre su partido, Podemos y distintas fuerzas partidarias de romper con la Constitución y la unidad de España.

Pero es que, yendo más allá, el propio Pedro Sánchez ha repetido siempre que el PSOE está por la reforma y no por la ruptura. Es decir, que hay que mejorar la Constitución, no abolirla y echarse al monte de la aventura que supondría elaborar una nueva en un tiempo de crisis, sin consenso y con políticos de mucha menos altura de miras que los que impulsaron la Transición, tan denostada injustamente por muchos. Siendo esto así, ¿con qué compañeros de viaje habría de recorrer el camino de gobernar un país tan complejo como España? ¿Con el Podemos que, directamente, preconiza un cambio de régimen y cuyo líder, reiventándose una vez más, exige la vicepresidencia y varios ministerios clave? ¿Con la IU-Unidad Popular que no puede ni sentarse a hablar con los de Podemos y mantiene su mismo discurso rupturista? ¿Con la ERC o la camuflada Convergencia que se han declarado insurrectos ante el Estado, es decir, ante el conjunto de los ciudadanos españoles? ¿Con el PNV que, según hemos visto esta semana, quiere volver a los tiempos de Ibarretxe?

Entiendo que Pedro Sánchez no quiera permitir cuatro años más de gobierno de un PP de Mariano Rajoy que está en sus antípodas ideológicas (aunque les unan ideas esenciales que ambos ignoran por el eterno rédito electoral). Sabe que, de hacerlo, el PSOE podría caer en el abismo por una generación. Entonces, ¿por qué no unas nuevas elecciones que aclaren el panorama? Parto de la base de que sería una mala noticia y de que es penoso que no se pueda concretar lo que han dirimido los ciudadanos, pero hay que analizar si lo que puede estar por venir ante el panorama actual puede ser peor.

¿Piensa Pedro Sánchez que el PP podría verse fortalecido en una nueva cita electoral y él verse superado por Pablo Iglesias? Seguramente, pero, ¿por qué no confiar en las propias fuerzas, la bondad que considera que tienen sus ideas y esperar a que los ciudadanos de izquierdas vean que a lo mejor Podemos, por lo que se ha visto desde hace año y medio, y más en este mes, no es lo que pretende ser? La disyuntiva es esta: o lanzar de nuevo la moneda al aire o agarrarte a ella y unirte con quienes te desprecian y te harán caminar hacia donde no quieres. Es maravillosa la política para llevar a cabo tu proyecto de servicio a tu sociedad. Pero, ¿gobernar solo por gobernar? ¿Para qué?

Ni fu ni fa

Javier Moya G.

Desde que se conocieron los resultados del 20-D nunca me creí que un gobierno presidido por Pedro Sánchez y apoyado por Podemos e IU-UP fuese una posibilidad real. Y a pesar de la oferta de Pablo Iglesias al Rey, sigo creyendo que es un puzle de muy difícil encaje. Tanto en el PSOE como en Podemos son conscientes de ello, pero en ninguno de los dos partidos hay un criterio claro sobre si un gobierno “a la portuguesa” es lo que más les apetece.

Lo que hizo el líder de Podemos ofreciendo un pacto a Sánchez con él como vicepresidente es un órdago en toda regla (con un componente importante de troleo, todo hay que decirlo). Son ahora los socialistas quienes tienen que decidir. Si usted cree en Dios, vaya rezando. El PSOE ahora mismo es un mono con dos pistolas del que depende el próximo gobierno de España. Atrapado entre la gran coalición o el gobierno a la portuguesa, tras la negativa de Rajoy a presentarse a un debate de investidura del que saldría humillado, Pedro Sánchez debe de estar pasando unos días de mucho insomnio.

Creo que un gobierno PSOE-Podemos-IU/UP más algún grupo nacionalista, aparte de improbable, no es una gran idea. Sería un ejecutivo pírrico, gobernaría pero se desangraría con la matraca de una derecha que no ha aprendido en 40 años a estar en la oposición y unos medios de comunicación que actúan como portavoces del poder financiero y la troika. Es casi peor el remedio que la enfermedad y dejaría a la izquierda española muy tocada para unos cuantos años.

Quizá haya una posibilidad: un gobierno con fecha de caducidad y un plan de choque contra la pobreza y la desigualdad. Un compromiso para aprobar leyes de emergencia social, contra la corrupción, para derogar la ley mordaza y para reformar el sistema electoral antes de convocar nuevas elecciones en el plazo de un año o año y medio. Esto también tiene sus riesgos, pues el FMI ya ha advertido de que el nuevo presidente podrá elegir el color de las cortinas de Moncloa pero va a tener que seguir recortando y subiendo impuestos.

Para ser honesto no me creo ninguna de las opciones que están sobre la mesa. El otro día leía a Isaac Rosa hablar sobre la teoría del “cisne negro”, es decir, que al final ocurra algo que hoy ni se contempla. Creo que por ahí irán los tiros. ¿Rivera presidente? ¿Cheque en blanco del PP a Pedro Sánchez para aislar a Podemos? Esto es España, echen su imaginación a volar.

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