La hora de la verdad se acerca para Clinton y Trump

El próximo 8 de noviembre se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos. Ese día se sabrá si el próximo inquilino de la Casa Blanca es la demócrata Hillary Clinton o el republicano Donald Trump. La campaña está siendo muy bronca, con acusaciones duras entre los candidatos y con la omnipresente polémica acompañando a Trump allá donde va. Los sondeos dan como favorita a Clinton, pero todavía quedan dos semanas para saber quién será la 45ª persona que ocupará la presidencia de los Estados Unidos. Tres púgiles se suben al ring esta semana para intercambiar golpes sobre el tema.

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Lo correcto del discurso políticamente incorrecto de Trump

Ainara Garro *

No hay un solo día que no escuchemos hablar sobre Donald Trump, el único candidato a la presidencia de EEUU que es observado con lupa. Todas sus declaraciones son criticadas. Cuanto más favorables son hacia él las encuestas, más se empeñan los medios de comunicación en sacar su pasado a relucir. Esta vez han utilizado un comentario realizado en petit comité hace varios años para lincharle sin piedad. No olvidemos que son los mismos que han contribuido económicamente en la campaña de su adversaria política Hillary Clinton.

Pocos son los que se han preocupado por conocer las propuestas de Trump, un candidato tachado de racista y xenófobo, así porque sí, por el mero hecho de hablar sobre la inmigración ilegal; la misma palabra lo dice: ilegal, fuera de la legalidad. Es anormal defender algo ilegal, pero nos encanta hacer alarde de nuestra incoherencia, sobre todo si es para etiquetar al adversario político y la palabra racista o xenófobo es usada únicamente para dañar a quien dice algo evidente.

En su plan económico defiende una rebaja de impuestos para la clase media, la eliminación del impuesto de sucesiones, una reducción de la tasa a las empresas o subir el salario mínimo a 10 dólares la hora. Sacaría a EEUU del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y renegociaría el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN). Defiende políticas proteccionistas; esto es bueno, ya que el consumo interno de productos nacionales implica un aumento de producción.

Es partidario de remplazar el Obamacare por cuentas de ahorro para la salud, entre otras propuestas. En el ámbito social mantiene su raíz conservadora, pero con algún matiz. Ha prometido eliminar la financiación a Planned Parenthood, algo imprescindible después de las horribles prácticas cometidas en este centro. Es partidario de prohibir los abortos tardíos, exceptuando los casos por violación, en lo que se asemejaría a lo que aquí conocemos como ley de plazos. No pone ningún impedimento al matrimonio igualitario, prefiere que cada Estado establezca las leyes al respecto.

En materia educativa, defiende eliminar los estándares básicos comunes educativos y también impedir que el Gobierno federal obtenga ganancias de los préstamos estudiantiles.

He mencionado solo algunas de las propuestas de Trump, sin duda necesarias para hacer América grande otra vez. La intención del magnate es buena, el problema es que el sistema nos ha obligado a creer únicamente en sus intereses y así jamás entenderemos ni aceptaremos lo correcto, en este caso, el discurso políticamente incorrecto de Trump. Nunca lograré entender el motivo por el cual defender tu nación y tu cultura está mal visto por una parte de esta sociedad.

* Ainara Garro, Aini, se define como una “opinadora sin prejuicios”.

Donald Trump y el cadáver en el armario de EEUU

Miguel Ángel Malavia

Nuestros tiempos modernos, pese a lo que muchos creen, se anclan en un mecánico discurrir de la Historia según el cual todo se repite continuamente. Dicho menos finamente: nos repetimos más que el ajo. O tropezamos hasta cien veces con la misma piedra. Ayer fueron el comunismo y el fascismo los que emergieron como “la fuerza” frente a la “atrofiada y corrupta burguesía”. Ante una crisis económica sin parangón, Lenin recuperó la guillotina de la Revolución Francesa y, además de a los zares, él y luego sus discípulos se llevaron por delante cientos de miles de vidas, incluidas las de los “burgueses” campesinos. Hitler apeló al orgullo, a “la Alemania de siempre”, y engrasó una maquinaria de guerra que echó a andar el país a base de producir sangre. Ya sabemos cómo acabó todo… Pero seguimos igual.

Ayer, fascistas y comunistas tiraron de populismo para emerger. ¿Cómo? Utilizando como chivo expiatorio al cadáver que todo país tiene escondido en su armario. Los rusos, a su alma campesina tradicional. Los alemanes, a los judíos. Hoy, bajo el paraguas de otra crisis sin precedentes, nuestras sociedades se ven acechadas por el populismo que desnuda a sus viejos cadáveres: Marine Le Pen y la inmigración que “contamina” Francia, el UKIP y el tradicional recelo británico hacia el Viejo Continente… En España tenemos a Podemos y a los muchos más que no pierden oportunidad alguna para sacar a pasear nuestro gran fantasma: la Guerra Civil. Quieren volver a 1936 y (no digo que por las armas) ser al fin “los vencedores”.

Este fenómeno es peligrosísimo en cualquier sociedad en la que se desarrolle. Pero, ante las elecciones en EEUU, el populismo de Donald Trump se antoja como un fenómeno absolutamente dramático. Tras un presidente negro, con familia musulmana y que ha buscado extender la sanidad pública y regularizar a buena parte de su población inmigrante, surge el auténtico cadáver en el armario de EEUU: la añoranza por los tiempos del salvaje Oeste. Por eso ahora millones de americanos apelan a la fuerza ciega que representa un multimillonario de cuna blanco y arrogante que presume de triquiñuelas para no pagar impuestos, exige levantar un muro en la frontera con México y que lo paguen ellos o que se permite incluso amenazar con encarcelar a su contendiente. Eso en caso de que aceptara una hipotética derrota electoral, aventurando ya estas semanas que puede negarse a ello por temor a un pucherazo orquestado por el establishment, que no puede permitirse que gane La Verdad. Teniendo en cuenta que estamos hablando de los Estados Unidos de América (pese a todos sus defectos), esta última andanada resulta aberrante.

No simpatizo excesivamente con Hillary Clinton (resulta chocante que la primera potencia mundial lleve décadas en manos de un puñado de clanes: los Kennedy, los Bush, los Clinton… y los Obama, pues en unos años tendremos a Michelle llamando al timbre de la Casa Blanca), pero, vista cuál es la única alternativa a ella, ¡Dios nos salve de Donald Trump! Una cosa es que el flamante Nobel de la Paz saliente nos haya decepcionado frente a todo lo que soñamos con sus discursos y otra que quien venga detrás de él nos pueda retrotraer a los años 60 y 70 y nos aboque, como nunca antes, ante el abismo de una guerra nuclear. Si alguien es capaz de algo así es un populista liderando el Imperio.

Confiemos en el “check and balance”

Luis Carlos Grandal *

No se conoce en la historia de las elecciones presidenciales norteamericanas, al menos yo no tengo referencias, que los dos candidatos tengan el rechazo de la gran mayoría de los votantes estadounidenses. Algo que estaba reservado solo para algunos países, especialmente para los italianos en los pasados años 70, 80, 90 del último siglo, en que muchos votaban –decían– con la nariz tapada, resulta que va a suceder en los Estados Unidos el próximo mes de noviembre. En efecto, tanto Donald Trump como Hillary Clinton son dos personajes a los que el norteamericano medio nunca invitaría a cenar a su casa.

Trump y Clinton son las caras de una moneda que solo sirve para comprar una mercancía averiada. Sobran los epítetos que definen a cada cual. Los medios de comunicación se han ufanado en dárnoslos a conocer en toda la campaña. Los dos son ególatras, egoístas, no tienen sentido del humor, en el caso de Trump es misógino e incluso racista y, sobre todo, ambos son mentirosos compulsivos, condición que a los norteamericanos les repatea.

Qué es lo que interesa a los norteamericanos en esta campaña. Sin duda, las cuestiones económicas priman sobre todas las demás. Quién es el candidato que ganará: el que diga menos tonterías y el que convenza a las minorías. ¿Qué minorías? En Estados Unidos hay unas cuantas importantes. Por resumir: Clinton solo ganará si obtiene el voto afroamericano y Trump si le votan las mujeres casadas y de una cierta edad. Eso del voto hispano es una milonga, entre otras cosas porque los hispanos son más heterogéneos de lo que se piensa a veces. Hispanos los hay rubios, morenos, negros y blancos, altos y bajos. El voto de los cubanos de Florida no es el mismo que el voto de los portorriqueños neoyorkinos. Los primeros, simplificando mucho, son más republicanos y los segundos más demócratas.

Si tuviera que apostar ahora por un candidato ganador me inclinaría por Clinton. Trump ha levantado muchas ampollas, inclusive entre sus propias filas donde hasta el mismísimo Paul Ryan, republicano y presidente de la Cámara de Representantes, le ha dado la espalda. En Estados Unidos, el descrédito de la política entre la población es una realidad, y al norteamericano de a pie el Gobierno le interesa más bien poco. No están en la política del día a día. Les preocupa básicamente su bienestar y la seguridad de su trabajo, más que otras cuestiones, por ejemplo el papel de EEUU en el mundo, del que el resto de los mortales somos más dependientes…y por el que estamos más ocupados.

Con todo, la política institucional norteamericana es ejemplar. Si en algún país existe el control de poderes, los Estados Unidos se llevan la palma. Es lo que ellos denominan el “check and balance”. Y funciona. Claro que funciona. Su garantía está en que los partidos no son ideológicos, como en Europa, sus representantes en las Cámaras no siguen la disciplina de voto (prima el consenso y el pragmatismo), y tienen suficientes mecanismos para provocar el “impeachment” (censura o juicio) a cualquier presidente o miembro de su Cabinet o de cualquier agencia del Estado. Diputados y senadores van a tener mucho trabajo los próximos cuatro años, aunque gane la mentirosa señora Clinton o el fanfarrón señor Trump.

* Luis Carlos Grandal es profesor de Periodismo Internacional y Periodismo Económico en la Universidad Carlos III de Madrid.

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2 pensamientos en “La hora de la verdad se acerca para Clinton y Trump

  1. No es que Trump sea relevante a efectos Estadounidenses, es que lo es a efectos mundiales, nunca un candidato contó con tanto interés y apoyo fuera de sus fronteras. El movimiento AltRight y el Meme Pepe son solo un ejemplo.✙

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