Ya es una realidad: Trump, presidente electo de EEUU

Contra todo pronóstico y pese a sus excesos verbales, Donald Trump será el próximo presidente de los Estados Unidos. Aunque ha obtenido menos votos que su rival, la demócrata Hillary Clinton, el republicano se alojará en la Casa Blanca a partir del próximo 20 de enero. Machista, racista… Lo sea o no, lo cierto es que de las decisiones que tome en el Despacho Oval dependerá el futuro de todo el planeta.

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Reacciones y consecuencias

Ainara Garro *

Muchos recordaremos las elecciones presidenciales en Estados Unidos celebradas el 8 de noviembre de 2016, aquellas que, contra todo pronóstico, Donald Trump ganó a Hillary Clinton. Ha vencido el enemigo del sistema, de las élites. Por tanto, han salido victoriosos los americanos, nosotros los europeos, los rusos, los sirios y todos los ciudadanos de este mundo.

A pesar de ser una buena noticia, los medios de comunicación decidieron seguir en su línea y nos deleitaron con titulares donde afirmaban que había ganado la xenofobia o que se avecinaba la quiebra mundial, dibujando el adiós a la democracia y glosando cientos de frases absurdas que, para alguien con un poco de sentido común, no dejan de ser improperios. Esto me obliga a afirmar que la objetividad periodística no existe, es solo una herramienta para adoctrinar y controlar a la masa, aunque cada vez son más los que se dan cuenta de esto y lo hemos visto reflejado en los resultados electorales.

Por si esto no fuese suficiente, nos encontramos con los anti-Trump, votantes de Hillary que decidieron salir a las calles a manifestarse contra el presidente electo de Estados Unidos, insultando y agrediendo a quien ha votado a Trump, rompiendo mobiliario urbano y gritando toda clase de sandeces. Según la nueva revelación de Wikileaks, el multimillonario y gran contribuyente de la campaña de Hillary Clinton George Soros está detrás de estas manifestaciones, algo predecible si conocemos las prácticas de este hombre. Estos últimos acontecimientos dejan claro quiénes son los intolerantes, de ahí que chirríe el mensaje contra Trump de los medios y de algunos políticos.

Solo han pasado diez días desde las elecciones y aún es pronto para saber si cumplirá con lo prometido en campaña, aunque sí hemos podido ver algunas consecuencias después de su triunfo. Sabíamos que el mercado apostaba por la victoria de Clinton y que, si ganaba Trump, la Bolsa caería como ha ocurrido, pero esto no se debe tomar como una consecuencia preocupante o negativa, ya que la Bolsa cae y luego recupera; este hecho es anecdótico. Por otro lado, el presidente electo ha renunciado a su salario de 400.000 dólares anuales, aunque por ley está obligado a cobrar la cantidad mínima, que es un dólar al año. Me parece una decisión admirable; muchos de sus detractores deberían hacer lo mismo.

Trump sigue manteniendo que expulsará a inmigrantes ilegales que cuenten con antecedentes delictivos. Sobre el aborto ha comentado hace poco en una entrevista que será cada Estado el que decidirá si lo permite o no. Sobre la unión entre personas del mismo sexo, ha afirmado que no hará ningún cambio En sanidad realizará mejoras a la reforma sanitaria de Obama.

Donald Trump está conformando su administración. De momento, ha confirmado a Jeff Sessions como Fiscal General, Mike Pompeo como director de la CIA y a Michael Flynn como asesor de Seguridad Nacional. Tres hombres conservadores y con valores con una gran trayectoria profesional; sin duda una inmejorable elección.

Es innegable que el presidente electo ha optado por suavizar su discurso asegurando pequeños cambios, aunque todo esto lo veremos a partir del 20 de enero, día en el que Donald Trump jurará su cargo como presidente de Estados Unidos. El resto lo comprobaremos durante los próximos cuatro años.

* Ainara Garro, Aini, se define como una “opinadora sin prejuicios”.

Si no hay alternativa Trump es la alternativa

Javier Moya G.

Ganó Rajoy en España: bueno, es que los españoles somos gilipollas. Ganó Trump en EEUU: claro, es que los americanos están locos y son unos paletos que no saben situar Alpedrete en un mapa del mundo. Y ya está. Parece que todo el análisis que se ha hecho desde la izquierda es éste; y nos hemos quedado tan panchos. Tanto en EEUU como en España y el resto de Europa, cero autocrítica ante una situación que veremos a dónde nos conduce. Que la izquierda a nivel global sea incapaz de articular una alternativa coherente y sin complejos a la globalización y el neoliberalismo es preocupante. Que, por el contrario, candidatos despreciables con discursos infames consigan conectar con las clases populares (muchas, dejadas atrás por el sistema) da mucho que pensar.

Trump se ha llevado 60 millones de votos apelando a las tripas del votante. No importa que diga una cosa y la contraria. No importa que sea un multimillonario erigido en defensor de los pobres (blancos). Porque entre aquellos a los que el sistema ha dejado atrás gana por incomparecencia del rival. Y no me refiero a los demócratas. Clinton no ha podido vivir de las rentas de Obama en cuanto a un teórico discurso más social. En todo Occidente no parece existir una alternativa social y rupturista con un discurso serio para afrontar los retos del mundo actual.

Se habla mucho de que si Bernie Sanders hubiera sido nominado como candidato del Partido Demócrata otro gallo habría cantado. Es mejor que nos hayamos ahorrado la decepción. Si se me permite el contrafactual: ahí está el bueno de Bernie en la Casa Blanca como comandante en jefe del ejército más imperialista del mundo. Lo que queda de la izquierda mundial al unísono: “pues yo me esperaba que este Sanders fuera diferente” en 3, 2, 1…

Pongo este ejemplo porque creo que una de las causas de que la izquierda no sea capaz de construir una alternativa coherente es su propia concepción ingenua de la política. Nos hemos creído eso de la utopía no como un fin, sino como un medio y todavía no nos hemos caído del guindo de que la política y, especialmente, el poder es feo. Ejercerlo requiere mancharse las manos y tragarse algunos sapos. Por eso y porque creemos que la opción política elegida tiene que representarnos al 100 %, somos tan fácilmente decepcionables. Así pues, o empezamos asumiendo esto o nos quedamos cómodamente en nuestro 10 % de voto y viéndolas venir.

Para empezar un Trump en Washington (que veremos si es tan fiero como se ha mostrado en campaña) y quién sabe si una Le Pen en el Elíseo. Ambos sacando un filón de la interesada mezcla entre terrorismo, emigración y refugio. Un discurso que, poco a poco, va convirtiéndose en hegemónico. Igual va siendo hora de que la izquierda se aclare y empiece a contrarrestarlo con ideas humanistas e igualitarias pero realistas. Hasta entonces, sólo queda saber si no es demasiado tarde ya.

It’s the end of the world as we know it

Guillermo Llona

Los REM lo predijeron, es el fin del mundo tal y como lo conocemos. Trío de ases: tras el sí de los británicos al “Brexit” y el rechazo de los colombianos al acuerdo de paz con las FARC, los estadounidenses han elegido a Donald Trump para ser su comandante en jefe. A pesar de sus mediocres resultados –como Hayes, Harrison y Bush júnior, será presidente con menos votos que su contrincante–, a partir del próximo 20 de enero el magnate barrerá con su corbata roja la moqueta del Despacho Oval, centro de poder en el que también podrá dejar chico al puro de Bill Clinton. Ya saben, “cuando eres una estrella les puedes hacer cualquier cosa”. ¡Y él se va a convertir en el mismísimo Lucero!

Aun habiendo recibido más votos que Trump, el batacazo de Clinton ha sido de aúpa. Ni siquiera le sirvió que Madonna prometiese felaciones a quienes votaran azul. “Soy buena, me tomo mi tiempo y hago mucho contacto visual”, aseguró la “reina del pop”. Los demócratas han perdido millones de votos, pero no sólo por la apatía de mujeres y minorías. Si el candidato republicano se ha llevado el gato al agua es porque, además de sus exabruptos contra los mexicanos y sus confesiones machistas, ofrecía soluciones a muchas personas empobrecidas por la globalización, a gente con muchas ganas de darle una bofetada al establishment. Mientras que el plan de choque que proponía Hillary contra la depauperación del Rust Belt era… Lady Gaga. ¿Bernie habría sabido desactivar la bomba Trump? Quizá.

Para alegría del Ku Klux Klan –con el que simpatizaba el padre de Donald–, el próximo inquilino de la Casa Blanca será alguien con ganas de construir su propia muralla china en la frontera con México. Oigan, que a mí no me parece mal que los yanquis quieran combatir la inmigración ilegal y expulsar a los indocumentados empezando por los delincuentes. De hecho, vería con buenos ojos que se levantase un muro igual en Ceuta y Melilla, por ejemplo. No me opongo al “USA first” porque defiendo el “Europe first”, pero vaya, que me gustaría saber cómo va a gestionar el rubio la cosa. Y quién va a quedar después para limpiar las casas de los estadounidenses más blanquitos.

En cualquier caso, lo que más me inquieta del presidente electo es su desconocimiento en lo que a geopolítica se refiere. Espero que haga como George W. Bush que, consciente de su propia ignorancia, siempre supo rodearse de personas más leídas. Para bien y para mal, pero ésa es harina de otro costal. Trump afirmó que reconocería la anexión rusa de Crimea y que Estados Unidos sólo acudiría en auxilio de un socio de la OTAN siempre y cuando éste tuviera sus cuentas con la organización al día. Si yo fuera estonio, me apretaría los machos. Pero veamos la botella medio llena: puede que tengamos delante una buena oportunidad para crear una auténtica unión militar europea capaz de hacer frente a la querencia imperialista de Putin y a otros peligros. Con todo, para saber de qué va el tío Donald tendremos que esperar a conocernos un poco mejor, y lo cierto es que durante la campaña nos dedicó palabras bastante agradables. “Bélgica, esa bonita ciudad”, soltó en un mitin.

Donald Trump y la cultura del egoísmo

Miguel Ángel Malavia

No están de moda, pero siempre me fascinarán personas como Tomás Moro, Luis Vives, Voltaire, Erasmo de Rotterdam, Miguel de Unamuno o Miguel Delibes. Todos ellos pudieron haber tenido una vida más fácil encuadrándose en sus respectivas ortodoxias, pero optaron por arremangarse, exponerse a bilis furibundas y construir sociedad desde un humanismo encarnado, heterodoxo, complejo, abierto a todos. Hoy, en cambio, están de moda los referentes “que van con la verdad por delante”, los que tienen “un par de huevos” para dejar “las cosas claras”. Sea Mourinho, sea el próximo emperador del mundo.

Donald Trump es Carlomagno gracias a esa fuerza bruta que no solo se impone sobre las ideas, sino que las desprecia. Millones de personas lo demandan: un buen producto para consumir directamente, para ser engullido sin pasar por el tamiz del horno. Así, nos tragamos que un magnate que se ha enriquecido gracias a un determinado sistema es en realidad el revolucionario antisistema que lo va a revertir todo. Así, nos tragamos sus toneladas de demagogia barata aun sabiendo que no piensa cumplir gran parte de su programa.

Esta simplicidad ha dado a Trump la necesaria visibilidad, pero aún hay algo más profundo que le ha aupado directamente a la Casa Blanca: la cultura del egoísmo, cada vez más generalizada. Por esa lacra, que brota en tiempos de crisis, muchos en Estados Unidos han votado por hacer “América otra vez grande”. ¿Qué quiere decir esto? Que muchos cubanos afincados en Miami prefieren poner el dedo en el ojo a los Castro antes de que definitivamente se entierre un bloqueo a la Isla que se ha demostrado (como mínimo) ineficaz durante medio siglo; que muchos latinoamericanos nacionalizados al fin estadounidenses prefieren que los que vienen ahora huyendo del horror desde Guatemala, Honduras o El Salvador descarrilen en La Bestia y se empotren ante el Muro de México antes de que puedan hacerles competencia laboral; que los cristianos, ateos o judíos prefieren que se cierre las puertas del país a cal y canto a “los musulmanes”, como si estos fueran un ente uniforme ataviado con bombas; que los que cuentan con un seguro médico por tener un empleo prefieren que los que no tienen ni uno ni otro mueran de cáncer o se arruinen si aspiran a salvarse.

Podemos indagar en cómo ha vencido el tipo al que solo apoyó un periódico de los 70 principales de la primera potencia mundial. Podemos pensar que el que toda la comunidad internacional deseara la victoria de Hillary Clinton pudo hacer que el americano medio pensara que querían condicionar su voto quienes desean ocupar su lugar de primacía en el mundo. Podemos darle mil vueltas… Pero hay algo claro: la cultura del egoísmo ha venido para quedarse. En Europa, Marine Le Pen llama a las puertas del Elíseo con la misma fuerza bruta que los que abocaron al Reino Unido al Brexit: si hay otro que puede poner en riesgo algo de mi bienestar, merece quedar en fuera de juego. Es más: merece ser eliminado.

Habrá que pasar por un tiempo de prueba y catarsis para que, tras la tabla rasa y comprobadas sus consecuencias corrosivas (esperemos que no tan dramáticas como tras el último sarpullido de “nueva política frente a la vieja”, en los años 30), el humanismo vuelva a resurgir. Unamuno volverá a estar de moda. Aunque sea en el desierto.

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4 pensamientos en “Ya es una realidad: Trump, presidente electo de EEUU

  1. No es que Trump mienta, hay cuestiones que no están en sus manos.
    También nos han estado alarmando con la decisión de Reino Unido como si el Brexit fuese catastrófico y no es así.
    Hay musulmanes que han votado a Trump, lo que EEUU no debe permitir es a aquellos que no se adaptan. Tenemos como ejemplo Francia para poder afirmar la peligrosidad de la islamización de Europa.

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    • Como va a recular en muchos otros temas… O como los que impulsaron el Brexit y ahora se niegan a construir una alternativa, una respuesta concreta a la ciudadanía. Ya se sabe, en campaña se miente. Pero, en el caso de los populismos, esa es su esencia: apelar a las tripas.

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  2. Pregunta para Ainara Garro: cuando Donald Trump habla de cerrar las fronteras “a los musulmanes”, ¿piensa en que, numéricamente hablando, la mayoría de las víctimas de Daesh son musulmanes? ¿Caen en la cuenta de que los que llegan hasta EEUU son musulmanes chiíes que huyen de los suníes fanatizados que han creado un califato entre Irak y Siria? ¿Y es la misma situación, hablando del islam, la de Egipto, Irán, Arabia Saudí, Marruecos o Irak? Por ir concretando algo los temas…

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